El progresivo envejecimiento poblacional, unido a factores como la obesidad o el sedentarismo, aumentan la proporción de pacientes que desarrollan una fibrilación auricular, responsable alrededor del 35% de todos los ictus y que es considerada una epidemia que afecta al 3% de la población.
Esta es una de las principales conclusiones obtenidas del simposio “Prevención y manejo del ictus en la práctica clínica: optimizando la anticoagulación oral en FANV y más allá” organizado por la Alianza Bristol-Myers SquibbPfizer en el marco de la segunda edición del Congreso Europeo del Ictus (ESOC) celebrado en Barcelona.

Geriatricarea arritmias cardiacas
A partir de los 40 años una de cada cuatro personas desarrollará una fibrilación auricular, la arritmia cardiaca más frecuente

En este encuentro el doctor Antoni Dávalos, director clínico del departamento de neurociencia del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol y moderador del simposio, remarcó que “sabemos que la fibrilación auricular es uno de los factores más importantes a la hora de sufrir un ictus. De hecho, a partir de los 40 años uno de cada cuatro ciudadanos va a desarrollar esta arritmia cardiaca. Tenemos ante nosotros el reto de incrementar su diagnóstico y utilizar los últimos avances terapéuticos en materia de anticoagulación para prevenir posibles accidentes cardiovasculares”.
Respecto al tratamiento disponible, este experto destacó que “hasta ahora disponíamos del acenocumarol, un gran fármaco pero que tiene varias desventajas como la dificultad de mantener niveles estables de anticoagulación. Los anticoagulantes de acción directa (ACODs) son mucho más estables, no necesitan análisis periódicos y han demostrado menos complicaciones hemorrágicas”.
Y para optimizar el tratamiento anticoagulante “hay que mejorar la detección de las arritmias cardiacas y, en segundo lugar, estratificar el riesgo del paciente de sufrir un ictus. Se debe identificar qué pacientes tienen más riesgo de presentar una hemorragia cerebral o en otro órgano mediante parámetros clínicos y de imagen, lo que nos ayudará a priorizar los enfermos en los cuales el beneficio de iniciar un tratamiento de anticoagulación es mayor”, afirma el doctor Dávalos.
Por lo que se refiere al papel de los antídotos, tanto de los ya existen como de los que están en desarrollo, este experto destaca que “es muy positivo disponer de antídotos que neutralicen de inmediato el efecto anticoagulante del tratamiento, ya que los pacientes que presentan una hemorragia cerebral, tanto si están tratados con anticoagulación tradicional o con un ACOD, tienen un pronóstico muy grave”.
La fibrilación auricular favorece la creación de coágulos dentro del corazón, que al abandonar las cavidades de éste suben por las arterias del cuello hasta alcanzar el cerebro provocando embolias cerebrales y, en consecuencia, el ictus. Según los expertos, los ACODs son capaces de prevenir mejor estas embolias que la anticoagulación tradicional con acenocumarol. En este sentido, durante el simposio se debatieron la posibilidad de utilizar ACODs en pacientes que hayan sufrido un ictus embolico de causa no conocida debido a que al presentar un menor riesgo de hemorragia y, por tanto, un mejor perfil de seguridad, l pueden ser medicamentos de elección para prevenir eficazmente la recurrencia del ictus.