El dolor es un motivo muy frecuente de consulta del paciente con osteoporosis y una de las razones fundamentales del deterioro de su calidad de vida, tal y como advierten los especialistas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).
Y dado que se pueden distinguir dos tipos de dolores, uno agudo secundario a la fractura y otro crónico, “el enfoque de tratamiento del dolor debe ser multifactorial mediante fármacos, tratamiento fisioterápico y colocación de material ortésico”, explica el Dr. José Luis Pérez Castrillón, coordinador del Grupo de Osteoporosis de la SEMI.

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La osteoporosis es una enfermedad crónica clínicamente asintomática, potencialmente grave, de elevada prevalencia, alto coste económico y social

Por ello, en el tratamiento de un paciente con osteoporosis, evitar la aparición de fracturas se convierte en el objetivo fundamental, puesto que constituye la complicación más grave asociada a esta enfermedad. Además, tal y como se evidenció durante la reciente celebración de la XIII Reunión de Osteoporosis de la SEMI, se están buscando otros objetivos a través de marcadores subrogados —principalmente densitométricos— más a corto plazo, que permitan que el paciente observe datos fidedignos. De este modo, se facilitaría la adhesión al tratamiento, el médico podría valorar la evolución del paciente y se podría establecer un plan terapéutico adecuado.
Hoy en día, pese a disponer de un arsenal terapéutico eficaz para evitar la aparición de fracturas, el principal problema sigue siendo el cumplimiento terapéutico. “Aproximadamente, un 50% de los pacientes abandonan el tratamiento antes de terminar el primer año y esto viene determinado por la ausencia de un procedimiento de uso fácil para valorar su efecto, como sucede en los pacientes hipertensos con el descenso de la tensión arterial con el tratamiento”, remarca el Dr. Pérez Castrillón. Además, el hecho de que los efectos secundarios sean poco frecuentes no impide que estos puedan ser potencialmente graves. No obstante, la relación riesgo/beneficio sigue siendo muy favorable a los tratamientos, como indica este experto.
En esta línea, cabe destacar que el proyecto principal del Grupo de Osteoporosis de la SEMI es la explotación de los datos recogidos en el registro OSTEOMED, que ha recabado información clínica de 2.000 pacientes con osteoporosis y cuyos datos van a permitir obtener información sobre aspectos clínicos, diagnósticos y terapéuticos.
Otro de los asuntos que fue objeto de debate durante la Reunión de Osteoporosis de la SEMI fue la Vitamina D. En concreto se analizó no solo la situación actual del diagnóstico y tratamiento del déficit de esta vitamina, sino los efectos extraesqueléticos que esta aporta.
Y es que, a pesar de que España es un país muy soleado, la prevalencia de hipovitaminosis D en la población es muy elevada. El diagnóstico de esta situación se realiza mediante la determinación analítica de 25-hidroxicolecalciferol. Los valores normales de vitamina D se sitúan por encima de 30 ng/ml, cuando las cifras oscilan entre 20 y 30 ng/ml se habla de insuficiencia y ya por debajo de 20 ng/ml de deficiencia. “Para una adecuada salud ósea es posible que niveles por encima de 20 ng/ml sean suficientes, aunque lo deseable es que estén por encima de 30 ng/ml”, subraya el coordinador del Grupo de Osteoporosis de la SEMI.
Tal y como señala este especialista, el receptor de la vitamina D está ampliamente distribuido por todo el organismo, de modo que el déficit de la misma puede tener consecuencias en diferentes tejidos y sistemas. Hay numerosos estudios que analizan la asociación entre el déficit de vitamina D y diversas patologías como diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, tumores o enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple (EM). En cualquier caso, el doctor incide en que “no está clara la causalidad de la asociación, ya que muchos de estos estudios no han demostrado que un aporte de vitamina D disminuya la presencia de estas enfermedades”.
Otro aspecto a tener en cuenta es la relación con las enfermedades hepáticas, metabólicas óseas y trasplantes, y más concretamente hasta qué punto los pacientes con enfermedad hepática tienen un mayor riesgo de desarrollar osteoporosis y tener fracturas por bajo impacto. En este sentido, las cifras muestran que alrededor del 40% de los pacientes con una hepatopatía crónica pueden experimentar una fractura.
“La aparición de la fractura es debida a la presencia de mediadores de inflamación que incrementan la destrucción de hueso, al déficit de vitamina D que frecuentemente presentan estos pacientes y a los efectos perjudiciales sobre el hueso de algunos tratamientos empleados en las enfermedades hepáticas como los corticoides, destaca el Dr. Pérez Castrillón.
De entre las patologías metabólicas óseas, y dejando a un lado la osteoporosis, la Enfermedad de Paget, la osteogénesis imperfecta y la osteomalacia son, entre otras, algunas de las que, aun siendo poco frecuentes, predisponen a la aparición de fracturas. De todas ellas, la más prevalente es la Enfermedad de Pager.
La osteoporosis es una complicación que puede aparecer tras la realización de un trasplante, pudiendo modificar el pronóstico de estos pacientes y deteriorar su calidad de vida. El mayor descenso de masa ósea y mayor riesgo de fracturas se produce en el primer año del trasplante. Intervienen dos factores principales: la situación de la masa ósea antes del trasplante y la inmunosupresión después del trasplante.
Y es que “la inmunosupresión evita el rechazo pero tiene un efecto perjudicial sobre el hueso, por lo que establecer medidas preventivas eficaces puede evitar la aparición de fracturas con graves consecuencias para la supervivencia de estos pacientes”, advierte este experto.
Los expertos reunidos por la SEMI han resaltado que la incidencia de la fractura de cadera en España se sitúa en unos siete casos por cada mil habitantes mayores de 65 años, lo que se traduce en cerca de 45.0000 fracturas al año. La población afectada es de edad avanzada —por encima de los 80 años— con una comorbilidad importante, lo que determina que la mortalidad en el primer año sea del 30%. De aquellos pacientes que no fallecen, únicamente un 20% vuelven a la situación previa a la fractura y un importante porcentaje han de ser hospitalizados para su cuidado.
Esta es una fractura patológica, lo que indica que “el traumatismo que la produce no la ocasionaría en un paciente sin osteoporosis, es decir, intervienen dos factores: la caída y una menor cantidad y calidad del hueso”. Por lo tanto, se debe invertir en ambos factores.
Como conclusión, el Dr. Pérez Castrillón resume que la osteoporosis es una enfermedad crónica, potencialmente grave —responsable de un elevado número de hospitalizaciones por sus complicaciones—, de elevada prevalencia, alto coste económico y social. Además, hasta que aparecen las fracturas, es clínicamente asintomática, por lo que “es importante identificar en la fase inicial los factores de riesgo que permitan indicar una densitometría y proceder a su diagnóstico y tratamiento”.