
Ana Soto Ruíz,
Técnico Superior en Audiología Protésica en Audika España
Cuando hablamos de envejecimiento saludable, solemos pensar en dos pilares fundamentales: una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico. Ambos son esenciales para mantener la movilidad, prevenir enfermedades y conservar la energía necesaria para el día a día. Sin embargo, hay un aspecto que a menudo pasa más desapercibido y que también influye para la autonomía: la audición.
Oír bien nos permite comunicarnos, seguir conversaciones, indicaciones, mantener relaciones sociales y sentirnos seguros en nuestro entorno. Por eso, la salud auditiva forma parte de la salud global y debe entenderse como un elemento más dentro del cuidado integral de las personas mayores.
La alimentación también influye en cómo oímos
El oído interno es una estructura pequeña y muy sensible que necesita un buen aporte de oxígeno y nutrientes para funcionar correctamente. Por eso, todo lo que afecta al sistema cardiovascular o metabólico puede tener también repercusión en la audición.
Patologías frecuentes en la edad adulta, como la diabetes, la hipertensión o el colesterol elevado, pueden alterar la circulación sanguínea y dañar los pequeños vasos que irrigan la cóclea. Cuando esto ocurre, las células auditivas pueden verse afectadas y aparecer una pérdida progresiva de audición.
Es aquí donde la alimentación juega un papel importante como factor preventivo. Seguir una dieta equilibrada y variada ayuda a mantener una buena salud cardiovascular, algo clave para proteger también el oído interno.
Determinados nutrientes se han asociado además con un mejor funcionamiento del sistema auditivo. Por ejemplo:
- Los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados azules como el salmón, la sardina o el atún, contribuyen a mantener una buena circulación sanguínea.
- Las vitaminas del grupo B, especialmente la B12 y el ácido fólico, intervienen en el funcionamiento del sistema nervioso.
- Los antioxidantes, presentes en frutas y verduras como los cítricos, los frutos rojos, las espinacas o el brócoli, ayudan a combatir el estrés oxidativo.
- Minerales como el magnesio o el zinc, presentes en frutos secos, legumbres o cereales integrales, también contribuyen al correcto funcionamiento auditivo.

Movimiento, equilibrio y seguridad
La actividad física -caminar, nadar, ejercicios de fuerza- mejora la circulación, fortalece la musculatura y protege la función cognitiva.
Además, el oído desempeña un papel clave en el equilibrio. El sistema vestibular, situado en el oído interno, trabaja de forma coordinada con la vista y el sistema muscular para mantener la estabilidad. Cuando existen alteraciones auditivas o vestibulares, puede aumentar la sensación de inseguridad al caminar o el riesgo de caídas.
Al mismo tiempo, una buena audición facilita la participación en actividades grupales. Poder seguir las indicaciones de un monitor, conversar durante un paseo o integrarse en dinámicas sociales aumenta la motivación y la adherencia al ejercicio. Cuando una persona oye bien, se siente más confiada y participa con mayor naturalidad.
La audición y la participación social
Uno de los efectos menos visibles de la pérdida auditiva es el aislamiento progresivo. La pérdida auditiva puede tener un impacto directo en la participación social, aunque muchas veces pasa desapercibido. Cuando cuesta seguir una conversación —sobre todo en entornos ruidosos— es habitual que la persona mayor empiece a evitar reuniones familiares, actividades grupales o encuentros con amigos. Este retraimiento aparece poco a poco y puede afectar al estado de ánimo, la motivación y el bienestar emocional.
Oír bien facilita la comunicación, refuerza la confianza y anima a participar en actividades físicas y sociales fundamentales para un envejecimiento activo. Las soluciones auditivas actuales permiten mejorar la comprensión del habla en distintos entornos, reduciendo el esfuerzo y favoreciendo que la persona vuelva a relacionarse con seguridad y naturalidad.
Señales de pérdida auditiva que conviene tener en cuenta
La pérdida auditiva suele aparecer de forma progresiva y puede pasar desapercibida durante años. Algunas señales frecuentes son:
- Dificultad para seguir conversaciones en ambientes con ruido.
- Necesidad de subir el volumen de la televisión.
- Pedir que repitan frases con frecuencia.
- Evitar reuniones o actividades grupales.
Ante cualquiera de estas situaciones, es recomendable realizar una revisión auditiva. Igual que se controla la tensión o la glucosa, la audición debería formar parte de los chequeos periódicos en la edad adulta.
Incorporar la salud auditiva a los programas de envejecimiento activo es una medida coherente y preventiva. A partir de los 55 años, y especialmente en personas con factores de riesgo cardiovascular o enfermedades crónicas, se recomienda realizar revisiones auditivas periódicas.
Cuidar la audición es facilitar la comunicación, favorecer la participación y mantener la confianza en uno mismo. Porque envejecer de forma saludable no significa únicamente vivir más años, sino vivirlos con calidad, independencia y conexión con los demás.