geriatricarea podologia Cristina Ortega


Un artículo de Cristina Ortega,
Secretaria del Colegio Oficial de Podólogos de Castilla y León


El ejercicio físico es una herramienta clave para promover el envejecimiento activo y prevenir la dependencia en las personas mayores. Sin embargo, para que la actividad física sea segura, eficaz y sostenible, es imprescindible considerar el papel del pie como base funcional del movimiento. La podología aporta una visión especializada y complementaria que resulta especialmente relevante en comunidades altamente envejecidas como Castilla y León.

Un contexto demográfico que exige respuestas especializadas

El envejecimiento de la población constituye uno de los principales retos sociosanitarios del siglo XXI. Castilla y León se sitúa entre las comunidades autónomas con mayor índice de envejecimiento de España, con una proporción de personas mayores de 65 años muy superior a la media nacional.

Este escenario demográfico se traduce en una creciente demanda de servicios sanitarios, sociales y sociosanitarios orientados a la prevención de la dependencia y al mantenimiento de la autonomía personal.

En este contexto, el concepto de envejecimiento activo adquiere una relevancia estratégica. La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento activo como el proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. El ejercicio físico regular y adaptado se ha consolidado como una de las intervenciones más eficaces para alcanzar este objetivo.

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Para que la actividad física en personas mayores sea realmente beneficiosa es necesario prestar atención el cuidado especializado del pie


Ejercicio físico en personas mayores: beneficios y limitaciones

La evidencia científica demuestra que la actividad física contribuye a preservar la masa muscular, mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, mantener la densidad ósea y favorecer el equilibrio y la coordinación. Asimismo, se asocia a una reducción del riesgo de enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y caídas.

No obstante, la práctica de ejercicio físico en personas mayores presenta limitaciones y riesgos si no se realiza de forma adecuada. El dolor, las alteraciones de la marcha, el miedo a caerse o el uso de calzado inadecuado son factores frecuentes que condicionan la adherencia a los programas de actividad física. En muchos casos, estas dificultades tienen su origen en alteraciones no diagnosticadas del pie y del tobillo.

El pie como base funcional del movimiento

El pie es una estructura anatómica compleja que desempeña un papel esencial en la bipedestación, la marcha y el equilibrio. Soporta el peso corporal, absorbe impactos y permite la adaptación al terreno durante el movimiento. Con el envejecimiento, es frecuente la aparición de cambios estructurales y funcionales que afectan a su correcto desempeño.

Entre las alteraciones más habituales se encuentran las deformidades digitales, el hallux valgus, la pérdida de movilidad articular del tobillo, la disminución de la sensibilidad plantar y los procesos degenerativos articulares. Estas condiciones pueden generar dolor, inestabilidad y compensaciones biomecánicas que incrementan el riesgo de caídas y limitan la capacidad para realizar ejercicio físico.

Caídas y pérdida de autonomía: un problema de salud pública

Las caídas representan una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en personas mayores, además de un importante factor de pérdida de autonomía e institucionalización. Diversos estudios señalan que los problemas en los pies y el uso de calzado inadecuado son factores de riesgo modificables asociados a las caídas.

En Castilla y León, donde existe una amplia red de residencias y centros de día que atienden a una población muy envejecida, la prevención de caídas constituye una prioridad asistencial. Incorporar la valoración podológica en los programas de ejercicio físico desarrollados en estos recursos permite identificar riesgos y aplicar medidas preventivas eficaces.

La aportación específica de la podología

La podología es la disciplina sanitaria especializada en el cuidado integral del pie. Su intervención resulta clave para garantizar una práctica de ejercicio físico segura y adaptada en las personas mayores.

La valoración podológica incluye el análisis de la pisada y de la marcha, la identificación de deformidades estructurales, la evaluación de la movilidad articular y la detección de alteraciones cutáneas y ungueales que puedan causar dolor o limitar la actividad. A partir de esta evaluación, el podólogo puede diseñar intervenciones individualizadas orientadas a mejorar la funcionalidad del pie.

Entre las principales intervenciones destacan el tratamiento conservador de patologías frecuentes, la indicación de ortopodología personalizada para optimizar la distribución de cargas y mejorar la estabilidad, así como la educación sanitaria sobre el cuidado del pie y la selección de un calzado adecuado para la actividad física.

Estas actuaciones no solo reducen el dolor y el riesgo de lesiones, sino que favorecen la confianza del paciente y mejoran la adherencia a los programas de ejercicio.

Integración de la podología en equipos interdisciplinarios

El abordaje de la salud de las personas mayores requiere un enfoque interdisciplinario que integre a distintos profesionales sanitarios y sociales. La colaboración entre podólogos, geriatras, fisioterapeutas, profesionales de enfermería y especialistas en actividad física permite diseñar programas de ejercicio más seguros, eficaces y adaptados a las necesidades reales de cada persona.

Incluir al podólogo en estos equipos contribuye a mejorar los resultados funcionales, reducir complicaciones y promover una movilidad segura y sostenible en el tiempo.

Conclusión

Promover el ejercicio físico en las personas mayores es una estrategia imprescindible para afrontar los retos derivados del envejecimiento poblacional. Para que esta práctica sea realmente beneficiosa, es necesario prestar atención a todos los factores que influyen en la movilidad, comenzando por el cuidado especializado del pie.

La podología aporta una visión técnica y preventiva que complementa de forma decisiva los programas de actividad física dirigidos a personas mayores, especialmente en comunidades como Castilla y León. Integrar esta disciplina en los recursos asistenciales y comunitarios es apostar por un envejecimiento activo, seguro y con mayor calidad de vida.

Referencias bibliográficas