Un artículo de Carlota Ruiz Clavero, fisioterapeuta en ILUNION VidaSénior Parla
El ejercicio terapéutico se ha consolidado como una de las intervenciones no farmacológicas con mayor respaldo científico en el ámbito de la gerontología. Representa una intervención multidimensional con impacto musculoesquelético, cardiorrespiratorio, metabólico, cognitivo, psicológico y social.
En una sociedad cada vez más envejecida, su implementación sistemática, basada en principios de individualización, progresión y supervisión, constituye una estrategia efectiva para preservar la funcionalidad, prevenir la sarcopenia y la fragilidad, y contribuye a promover un envejecimiento activo y mejorar la calidad de vida.

La fragilidad, entendida como un síndrome multifactorial propio del deterioro progresivo relacionado con la edad, conlleva una pérdida de movilidad, equilibrio, fuerza muscular, resistencia aeróbica y capacidad funcional. Ante esta situación, el envejecimiento activo puede retrasar el deterioro de los sistemas fisiológicos y, con ello, la aparición y/o evolución de la sintomatología, afectando de manera directa a la dependencia y discapacidad de las personas.
Programas de ejercicio terapéutico en residencias
Alrededor del 80% de las personas usuarias de la Residencia de mayores de ILUNION VidaSénior en Parla participan en diferentes programas de ejercicio terapéutico implementados, que se dividen en programas grupales dirigidos y programas grupales individualizados.
Dichas sesiones, que tienen una duración aproximada de 45 minutos, se llevan a cabo teniendo en cuenta los ritmos circadianos y priorizando la franja horaria de la mañana. De esta forma, se reservan las últimas horas del día para realizar tratamientos fisioterapéuticos específicos, encaminados a paliar la sintomatología, así como programas de rehabilitación tras intervención quirúrgica de cadera, rodilla, etc.
En este sentido, es importante destacar los programas multicomponente, que combinan fuerza, equilibrio, coordinación y resistencia aeróbica; ya que la combinación de estos supone mayores beneficios funcionales.
Estos programas se llevan a cabo de manera interdisciplinar implicando a varios departamentos de manera sinérgica. Además, antes de incluir a una persona usuaria en un programa, se realiza una valoración inicial, en la que se miden diversos aspectos como los rangos articulares, el balance muscular, la capacidad funcional, el equilibrio y el riesgo de caída, empleando para ello escalas específicas como la escala SPPB, J. Downton, test Time Up & Go o la escala Tinetti.
En los últimos tiempos se han incorporado dispositivos tecnológicos para monitorizar y tener evidencia científica de los resultados y la evolución del usuario mediante datos empíricos, los cuales miden el porcentaje de actividad realizada de manera activa en el tiempo, la fuerza, la potencia y la velocidad durante la misma.
Dichos dispositivos incluyen pantallas interactivas que proporcionan un feedback a las personas usuarias, consiguiendo así un mayor rendimiento y adhesión a los ejercicios propuestos. A su vez, se pueden modificar los parámetros de trabajo para favorecer la evolución en el tratamiento. De ahí que se realicen valoraciones periódicas para comparar los resultados obtenidos previamente.
En conclusión, el ejercicio terapéutico constituye una herramienta fundamental para promover el envejecimiento activo dentro del entorno residencial. Su práctica regular mejora las capacidades físico-funcionales, reduce el riesgo de caídas, favorece la autonomía personal y contribuye al bienestar general de las personas mayores.
Asimismo, su integración dentro de programas estructurados y supervisados permite ofrecer intervenciones seguras, eficaces y adaptadas a las necesidades individuales. De este modo, el ejercicio terapéutico se consolida como un pilar esencial en la atención integral a las personas mayores, promoviendo la salud, la participación social, la autonomía funcional y la calidad de vida en el proceso de envejecimiento.
Este enfoque preventivo y terapéutico demuestra que la actividad física adaptada es una herramienta clave para mantener la independencia funcional, bienestar y dignidad durante la vejez activa prolongada.