Un artículo de Juan Isidro Menéndez, terapeuta ocupacional y gerontólogo,
Coordinador de la comisión nacional de gerontología del CGCTO y miembro del grupo de trabajo HUB Alzheimer

La atrofia por desuso es un fenómeno biológico regido por un principio económico claro: invertir en lo que no se usa supone un derroche. Esto, común a todos nosotros con independencia de la edad, se acentúa en las personas mayores. Si estamos de acuerdo en que es mejor prevenir que curar, la alimentación y el ejercicio son dos elementos ineludibles si queremos preservar la salud y, en concreto, la autonomía y la independencia.

Vamos a abordar brevemente los aspectos fundamentales de cada una de las dos áreas.

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Se debe incentivar la vida sana, constituida fundamentalmente por una alimentación adecuada y la actividad física como parte de la rutina


SOMOS LO QUE COMEMOS

En la vejez, la alimentación se ve influenciada por más variables que el mero apetito como la dentición, la disfagia, la polifarmacia o la desorientación. Por ello, la intervención no se centra únicamente en qué se come (macronutrientes, calorías, dieta túrmix o hiposódica), sino en quien come: rutina, nivel de dependencia, distinción entre envejecimiento fisiológico y patológico o dolencias en curso, entre otros.

PROTEÍNAS

La pérdida de masa muscular asociada a la edad (sarcopenia) se acelera por inactividad o sedentarismo e ingesta insuficiente de proteínas. La recomendación es de 1 gramo por kilogramo de peso al día, siendo esta cantidad susceptible de ampliación en situaciones de fragilidad (Volket et al., 2019).

Así como llevan a cabo los amigos del gimnasio, es muy recomendable distribuir la ingesta de los alimentos ricos en proteína – huevos, lácteos, carne o pescado – en varias tomas a lo largo de la jornada, lo que facilita su síntesis.

HIDRATACIÓN Y FIBRA

Con desafortunada frecuencia, bebemos menos de lo necesario. La primera persona del plural responde, de nuevo, a que esta cuestión de no es exclusiva del adulto mayor si bien, de nuevo, le afecta más que al joven. La toma de agua debe integrarse como un elemento más de la rutina (un vaso de agua tras cada comida y/o tras la medicación) y resulta recomendable el uso de saborizantes para fomentar su ingesta. Recordemos que la OMS dicta de 1,5 a 2 litros diarios.

Por su parte, la fibra –vía frutas, verduras y legumbres– previene el estreñimiento al que el sedentarismo predispone. La obstrucción es un enemigo habitual en las residencias geriátricas en las que no existan programas de actividad física, falta de frutas y verduras en la dieta y poca hidratación.

DESNUTRICIÓN

El riesgo de desnutrición va más allá de una dieta pobre. Desde terapia ocupacional, se revisan las Actividades de la Vida Diaria (AVD), tanto básicas como instrumentales, para responder a las siguientes cuestiones: ¿puede la persona hacer la compra? ¿prever consumos antes de quedarse sin víveres? ¿cocinar con seguridad?

Ya no solo nos referimos a las circunstancias particulares de la persona desde un enfoque holístico, sino en el entorno que la rodea: la iluminación, el contraste, los cubiertos, la estabilidad del asiento, etc.

CUERPO SANO, MENTE SANA

La actividad física es uno de los factores –sino el que más– con mayor influencia en la preservación de la funcionalidad. La OMS recomienda, al menos, 150 minutos semanales de ejercicio, coincidiendo con los consejos brindados en las guías de Centers for Disease Control and Prevention (2023) (1).

ACTIVIDAD AERÓBICA

Dar un paseo (mejor a paso ligero), pedalear o bailar son actividades aeróbicas de intensidad moderada. La frecuencia es más importante que la intensidad. Ocupacionalmente hablando, la vinculación de los ejercicios a actividades significativas (ir al parque del barrio o a comprar pan a la tienda de la esquina) favorecen la adherencia al tratamiento. Estas actividades favorecen la salud cardiovascular.

FORTALECIMIENTO MUSCULAR

Tan importante es “hacer cardio” como hacer musculación. Los ejercicios de fuerza influyen en el desempeño ocupacional de Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD), como levantarse de una silla o subir escaleras. La evidencia nos muestra que el entrenamiento mejora la función física en personas mayores de edad avanzada y frágiles (Volkert et al., 2019) (2).

EQUILIBRIO: PREVENCIÓN DE CAÍDAS

Las caídas representan una de las principales causas de discapacidad en mayores y son uno de los motivos de institucionalización más frecuente. En este ámbito, es frecuente utilizar la escala de Tinetti que valora la marcha y el equilibrio y determina el riesgo de caídas.

INTERACCIÓN CON EL ENTORNO

Una vez la persona cumple unos requisitos mínimo de fuerza, resistencia y equilibrio, se debe integrar en su entorno, en su lugar de actividad. Además de la adaptación del lugar, se elaboran rutinas que faciliten el desarrollo de las actividades.

Así, si bien Pepe ya dispone de rango de movimiento en la articulación del hombro, potencia en el manguito rotador, capacidad para mantener la bipedestación sin tambalearse y resistencia para desplazarse por la estancia sin fatiga, debemos desglosar la actividad de cocina para que pueda prepararse el desayuno y facilitarla en la medida que sea posible conforme a sus necesidades. Por ejemplo, si tiene un problema de atención, pondremos pictogramas en las puertas del armario donde están los alimentos; si tiene dificultades en la consecución de los pasos a seguir.

CONCLUSIONES

Como se ha remarcado en varios puntos del artículo, las nociones básicas descritas aplican a cualquier persona con independencia de la edad, si bien los efectos derivados no seguirlas tienen mayor repercusión en el adulto mayor frágil.

Debemos incentivar la vida sana, constituida fundamentalmente por una alimentación adecuada y la actividad física como parte de la rutina.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS: