Implementar el ejercicio físico como medicina preventiva y terapéutica, y como parte habitual de la atención sanitaria y de los cuidados, permite preservar la función durante el envejecimiento, tal y como expuso Stephen Harridge, catedrático del King’s College London, en una conferencia impartida en el marco de las IX Jornadas Internacionales de Actualización en Ejercicio Físico, Salud y Calidad de Vida, organizadas por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y Navarrabiomed.

Stephen Harridge subrayó en su intervención que la actividad física contribuye a mantener la autonomía y a reducir el riesgo de pérdida de independencia vinculada a caídas y fracturas, recalcando la importancia de distinguir el efecto del envejecimiento “per se” del combinado de la inactividad y la enfermedad, al situar en esa interacción una parte relevante del “deterioro prevenible”.

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El catedrático del King’s College London señaló que, con el paso del tiempo, disminuye la capacidad del músculo para sostener la fuerza y el rendimiento, no solo por la pérdida de masa, sino por cambios en su composición, junto con un mayor deterioro de las fibras musculares que permiten movimientos rápidos y potentes y con cambios en las conexiones entre nervios y músculo (unidades motoras), que reducen la capacidad de activar la musculatura con eficacia.

Y esta pérdida funcional tiene consecuencias sanitarias y sociales asociadas, como caídas y fracturas. Incorporar el ejercicio físico de forma sistemática en los cuidados permite ralentizar la pérdida de capacidad funcional con la edad, señaló.

La función, indicador clave del envejecimiento

En el marco de estas jornadas organizadas por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y Navarrabiomed también intervino Norman Lazarus, profesor emérito del King’s College London, quien formuló una pregunta provocadora: ¿es el envejecimiento una enfermedad? La respondió con una idea complementaria: el indicador clave no es la edad cronológica, sino la función.

Apoyándose en la definición de la OMS (Organización Mundial de la Salud), recalcó que el propósito del envejecimiento saludable es preservar la capacidad funcional, que consiste en “mantener la movilidad, la capacidad de decisión y la participación social”.

El especialista del King’s College London abordó también el concepto de “set point” de capacidad y actividad: por encima de ese umbral, el ejercicio actúa como medicina preventiva con efectos sobre resiliencia y mortalidad; por debajo, el riesgo se incrementa de forma marcada. Concluyó su intervención señalando que el ejercicio físico no solo mejora los marcadores de salud, sino que también protege frente al impacto funcional de la enfermedad.