El sueño es mucho más que descanso: es un proceso biológico clave para la salud y la longevidad. Durante el sueño profundo, el cerebro activa su sistema glinfático que elimina proteínas como la beta-amiloide y la tau, asociadas al Alzheimer, cuya alteración por falta de sueño se relaciona también con mayor riesgo de deterioro cognitivo y problemas cardiovasculares

Los datos muestran que la falta de sueño es cada vez más común. Si a principios del siglo XX dormíamos una media de nueve horas, hoy apenas alcanzamos las siete. de hecho, el insomnio afecta alrededor del 43% de la población adulta, y el insomnio crónico se ha triplicado en las últimas dos décadas, afectando ya al 14% de los adultos españoles.

Geriatricarea- trastornos del sueño en personas mayores
El sueño profundo es clave para la salud cerebral ya que elimina toxinas asociadas al Alzheimer y regula las emociones



Tal y como señala Estela Lladó-Carbó, experta en medicina de longevidad en Monarka Clinic, “dormir bien no es solo descansar. Es el momento en el que el cerebro activa sus propios sistemas de reparación y mantenimiento”, recalcando que la fragmentación del descanso dificulta alcanzar un sueño profundo y reparador, cuya privación crónica se ha vinculado con mayor irritabilidad y peor regulación emocional, e incluso un riesgo elevado de síntomas depresivos.

El cerebro necesita ciclos completos de sueño para entrar en las fases profundas que realmente restauran el sistema nervioso. Cuando el sueño se interrumpe constantemente disminuye el sueño profundo y el sueño REM, que son esenciales para la regulación emocional y la consolidación de la memoria«, advierte Lladó-Carbó.

De igual modo, la experta añade que «con el tiempo, esto puede generar una mayor vulnerabilidad al estrés, dificultad de concentración, irritabilidad o sensación de fatiga crónica

Además de limpiar el cerebro, el sueño profundo consolida la memoria, regula las emociones y disminuye la inflamación. La falta de sueño crónica afecta simultáneamente al sistema nervioso, hormonal e inflamatorio, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo, depresión, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

El sueño es un pilar central de la salud, tan importante como la dieta o el ejercicio. Dormir bien cada noche no solo mejora la energía al día siguiente: es una inversión directa en la salud cerebral y la longevidad”, concluye la experta de Monarka Clinic, centro especializado en medicina integrativa y neurolongevidad.