Un artículo de Javier Pérez Asenjo,
Director médico y cofundador de Ubikare,
Especialista en Cardiología y Máster en Rehabilitación Cardíaca y profesor asociado en la Facultad de Ciencias del Deporte de la UPV/EHU

La actual crisis de sostenibilidad de los sistemas sanitarios globales está estrechamente vinculada al incremento exponencial de las enfermedades crónicas no transmisibles. Según la Organización Mundial de la Salud, patologías como las afecciones cardíacas, la diabetes y las enfermedades respiratorias son responsables de la mayor parte de la carga asistencial.

En el contexto del envejecimiento poblacional, la optimización de los comportamientos diarios, específicamente la nutrición y el ejercicio físico, constituye la estrategia fundamental para preservar la autonomía y reducir la incidencia de la dependencia.

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Nutrición y ejercicio físico constituye la estrategia fundamental para preservar la autonomía y reducir la incidencia de la dependencia

La capacidad funcional como eje de la salud en el mayor

Los datos epidemiológicos indican que la asistencia sanitaria convencional solo determina una pequeña fracción de los resultados de salud, mientras que los hábitos de vida representan un factor crítico. En la población mayor, el foco clínico debe desplazarse de la mera ausencia de enfermedad hacia la preservación de la capacidad funcional. La principal causa de dependencia en los adultos mayores es la disminución progresiva de la capacidad física funcional.

Esta pérdida de funcionalidad, si no se interviene, deriva en una restricción de las actividades de la vida diaria. La evidencia científica demuestra que la implementación de hábitos de vida saludables a partir de la quinta década permite incrementar la esperanza de vida saludable en más de una década, retrasando la aparición de la fragilidad.

Prescripción de ejercicio físico y nutrición clínica

El ejercicio físico debe ser considerado un componente esencial del tratamiento geriátrico para combatir el sedentarismo, que es el principal precursor de la discapacidad. La actividad física pautada previene el deterioro de la movilidad y mantiene la fuerza necesaria para la independencia motora.

Por otro lado, la nutrición adecuada es un factor determinante en la prevención de procesos metabólicos que aceleran el deterioro físico. El control de la ingesta nutricional y el peso corporal se ha identificado como un fundamental para evitar complicaciones que favorecen y alargan ingresos hospitalarios, así como una pérdida irreversible de la autonomía personal.

Estrategias para el cambio de comportamiento sostenible

Desde una perspectiva sociosanitaria, el cambio de comportamiento requiere una metodología científica. La simple transmisión de información es insuficiente para garantizar la adherencia. Se recomienda el uso de estrategias basadas en la ciencia del comportamiento:

  • Fragmentación de objetivos: Iniciar con metas mínimas para asegurar el cumplimiento y fomentar la fidelización del paciente al nuevo hábito.
  • Supervisión profesional: La intervención de profesionales de la salud es determinante para potenciar y mantener las modificaciones conductuales a largo plazo.
  • Apoyo digital y comunitario: El uso de soluciones tecnológicas modernas y la integración en entornos comunitarios facilitan la transición de la conciencia a la acción clínica dirigida.

En conclusión, aunque los avances farmacológicos son notables, no pueden sustituir el impacto preventivo de los hábitos de vida. La integración de la nutrición y el ejercicio físico en la rutina diaria es un imperativo para mitigar el riesgo de dependencia y mejorar la sostenibilidad de los servicios de salud mediante el mantenimiento de una población mayor funcionalmente activa.