Publicamos un nuevo artículo sobre nutrición y personas mayores extraído de la Guía de Alimentación para Personas Mayores editada por el Instituto Danone. En esta ocasión, Màrius Foz Sala analiza el establecimiento de los requerimientos nutricionales en personas de avanzada edad.

Requerimientos y recomendaciones nutricionales en la edad avanzada

M. Foz Sala, Catedrático de Medicina. Profesor emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona. Departamento de Medicina. Hospital Universitari Germans Trias i Pujol 
Del mismo modo que ocurre en otras edades de la vida, en la vejez es muy importante para la salud que la alimentación sea suficiente, completa y equilibrada. En los países desarrollados, como el nuestro, el principal problema de salud de origen nutricional en la edad avanzada es la malnutrición en todas sus formas, que se observa especialmente en los ancianos ingresados en residencias y hospitales. Por este motivo es especialmente importante que la ingesta calórica sea suficiente, aunque no excesiva, y el aporte de macro y micronutrientes sea el adecuado.
El establecimiento de los requerimientos nutricionales para los ancianos sanos no es tarea fácil. Por una parte, resulta difícil establecer la frontera entre un anciano “sano” y aquel que presenta un sutil déficit nutricional; y por otra parte, la población anciana es muy heterogénea según sea su edad, su sexo, su grado de actividad física y su composición corporal.

geriatricarea recomendaciones nutricionales
Hay que poner especial atención en el aporte de líquidos ya que el anciano es especialmente susceptible a padecer deshidratación en algunas situaciones patológicas

Los estudios realizados en población anciana para establecer los requerimientos nutricionales son menos abundantes y sólidos que los efectuados en población de menor edad. Por este motivo, en caso de fallo de suficiente evidencia científica para establecer unos requerimientos específicos para esta franja de edad se utilizan los requerimientos aceptados para la edad adulta.
Las diferencias aceptadas entre requerimientos nutricionales en la edad adulta y en la edad avanzada no son muy abundantes, pero algunas tienen cierta relevancia. En el apartado de energía y macronutrientes no existen diferencias significativas con relación a las necesidades de los distintos macronutrientes y su distribución.
En cambio, las necesidades energéticas son menores en la edad avanzada debido a la disminución de la actividad física. Es importante mantener esta disminución del aporte calórico para evitar la tendencia a la acumulación adiposa en la edad avanzada.
En el apartado de fibra, agua y electrólitos no hay diferencia en los requerimientos, aunque hay que poner especial atención en el aporte de líquidos ya que el anciano es especialmente susceptible a padecer deshidratación en algunas situaciones patológicas.
En el apartado de las vitaminas se ha demostrado que en la edad avanzada existen unos requerimientos superiores de vitamina D, tiamina, ácido fólico y vitamina B12, y contrariamente unas necesidades inferiores a las de la edad adulta en el caso de la vitamina A, vitamina K y niacina.
Finalmente, en el apartado de los minerales no se han demostrado variaciones en los requerimientos con relación a edades más juveniles, con la única excepción del calcio, caso en el que se aconseja una ingesta algo superior.
El objetivo de que el anciano se alimente de una forma suficiente, completa y equilibrada no siempre es fácil de alcanzar. Las dificultades son de muy distinto tipo (orgánicas, psíquicas, económicas, sociales, culturales…). Los ancianos de mayor riesgo de sufrir malnutrición son los que están institucionalizados, pero también aquellos que viven solos o sin el adecuado apoyo familiar.
En los casos que sea difícil conseguir una alimentación adecuada, los alimentos funcionales pueden ayudar a aportar complementos de vitaminas o minerales. La prescripción de medicamentos con vitaminas minerales debería reservarse solo a situaciones en que se haya podido objetivar un claro déficit. La administración de suplementos de vitaminas o minerales con finalidades preventivas no está, en general, indicada ya que los estudios clínicos realizados para apoyar estas estrategias preventivas han dado resultados negativos, con casi la única excepción de la administración de calcio y vitamina D con la finalidad de prevenir las fracturas osteoporóticas y de aumentar la densidad ósea.
Es de esperar que futuras y convenientes investigaciones adicionales en poblaciones de edad avanzada permitirán incrementar las evidencias científicas con relación a los requerimientos nutricionales en esta franja de edad.