Un artículo de Marta Sangrador Rovirosa, neuropsicóloga de NeurOn

Hace más de un año del inicio de la pandemia por Covid-19, y tras el primer confinamiento que tuvo grandes consecuencias tanto a nivel psicológico como cognitivo, éstas se vieron incrementadas por las posteriores restricciones que aún siguen presentes. Sin embargo, no nos han afectado a todos por igual siendo más notables sus efectos en las personas mayores.

Cuando hablamos de personas mayores, debemos tener en cuenta que, debido al propio envejecimiento, el rendimiento cognitivo se va viendo afectado. Sin embargo, se ha observado que este deterioro progresivo de las capacidades cognitivas no se debe solo al paso del tiempo y, por tanto, a un componente puramente biológico, sino que existen otros factores que influyen como la actividad física, la alimentación, la participación en actividades cognitivamente estimulantes, y la interacción social.

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El sentimiento de soledad aumenta la probabilidad de padecer depresión y otras disfunciones cognitivas, como problemas de memoria o enlentecimiento en la velocidad de procesamiento

Por lo tanto, el haber llevado una vida saludable y estimulante mentalmente influye mucho en el avance de estas dificultades y la probabilidad de que se padezca algún tipo de demencia. Teniendo esto en cuenta, podemos empezar a comprender cómo la situación actual sanitaria ha afectado más a los más mayores de la sociedad en comparación a otros grupos de la sociedad.

Muchas de las medidas de seguridad que han sido tomadas a lo largo de este año conllevan un distanciamiento físico y aislamiento, lo que puede desembocar en un aumento del sentimiento de soledad. Éste, a su vez, se ha visto relacionado con el aumento de la probabilidad de padecer depresión y otras disfunciones cognitivas, como problemas de memoria o enlentecimiento en la velocidad de procesamiento. De la misma forma, se ha observado que también ha aumentado la prevalencia de ciertos síntomas psicológicos y conductuales en personas mayores que ya presentaban algún tipo de deterioro cognitivo. Entre estos síntomas podemos encontrar ansiedad, apatía, inquietud, depresión, alucinaciones, conductas agresivas, trastornos del sueño… Todos estos síntomas pueden precipitarse por situaciones de soledad, como ya hemos mencionado, frustración, exposición a noticias estresantes o impotencia, entre otros.

Además, hay que tener en cuenta que, durante todos estos meses, los recursos se han enfocado principalmente en frenar y tratar a pacientes de Covid-19, ignorando en parte que muchas otras patologías crónicas, como puede ser las demencias, seguían su curso. De hecho, hoy en día muchos recursos como centros de día para mayores siguen cerrados. Bien es cierto, que muchos han puesto en marcha actividades y talleres en línea que pueden contribuir a retomar las interacciones sociales y estimulación cognitiva de la que hemos hablado anteriormente.

De la misma forma, es de esperar que según vaya avanzando el proceso de vacunación, y cada vez más personas de la llamada tercera edad estén vacunadas, se empiecen a reiniciar de manera presencial estas actividades tan importantes para el bienestar y la salud mental de las personas mayores. Sin embargo, es importante tener todo esto en cuenta para saber qué nos podemos encontrar y empezar a intervenir con ellos lo antes posible con el objetivo de mejorar su situación. 

Referencias

De Pue, S., Gillebert, C., Dierckx, E. et al. (2021). The impact of the COVID-19 pandemic on wellbeing and cognitive functioning of older adults. Sci Rep 11, 4636.

Iodice, F., Cassano, V. & Rossini, P.M (2021). Direct and indirect neurological, cognitive, and behavioral effects of COVID-19 on the healthy elderly, mild-cognitive-impairment, and Alzheimer’s disease populations. Neurol Sci 42, 455–465 .

Pinazo-Hernandis, S. (2020). Impacto psicosocial de la COVID-19 en las personas mayores: problemas y retos. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 55(5), pp.249-252.