En España, más del 40% de las personas mayores de 60 años presentan algún grado de declive en la memoria, según la Revista Española de Geriatría y Gerontología. Sin embargo, el deterioro cognitivo no es inevitable. «La demencia no es una consecuencia normal del envejecimiento biológico. Cada vez contamos con más evidencia científica que demuestra que se puede reducir el riesgo o retrasar significativamente su aparición mediante cambios en el estilo de vida implementados de forma temprana y personalizada», como señala la Dra. Estela Lladó-Carbó, especialista en neurofisiología clínica, longevidad y neurociencia de Monarka Clinic.

El miedo a perder la memoria es la principal preocupación de los españoles ante el paso del tiempo, tal y como revela el primer estudio Bienvejecer, elaborado por las consultoras Alpha Research y Burson para Asisa, que concluye que siete de cada diez españoles de entre 30 y 50 años reconocen que el deterioro cognitivo es su principal temor frente al envejecimiento, mientras que solo un 15% se inquieta por los cambios estéticos.

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Se puede mejorar significativamente la salud cerebral mediante cambios en el estilo de vida. Imagen Freepik


Desde de Monarka Clinic señalan que la evidencia científica señala cinco áreas clave para mantener el cerebro sano y reducir el riesgo de deterioro cognitivo:

  • El ejercicio físico moderado durante más de 30 minutos al día mejora la circulación sanguínea al cerebro, aumenta el volumen cerebral y promueve la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que actúa como un fertilizante para las neuronas.
  • La estimulación cognitiva mediante actividades que supongan un desafío —aprender un idioma, tocar un instrumento o actividades manuales— fortalece las conexiones neuronales de forma más efectiva que la simple socialización.
  • La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, cereales integrales, pescado rico en omega-3 y grasas saludables como el aceite de oliva, mejora la salud vascular necesaria para un adecuado riego sanguíneo cerebral, mientras que el exceso de azúcares refinados tiene un efecto neurotóxico.
  • El descanso de calidad también resulta esencial: durante el sueño, el cerebro procesa y consolida los recuerdos del día, elimina toxinas acumuladas y se regenera. Los adultos necesitan dormir entre 7 y 8 horas cada noche para mantener una función cognitiva óptima.
  • Las relaciones sociales y la participación en actividades grupales proporcionan estímulos mentales que ejercitan múltiples áreas del cerebro simultáneamente: el lenguaje, la memoria, la empatía y la atención.

Control de factores de riesgo para la salud cerebral

Además de estos cinco pilares fundamentales es básico controlar las condiciones crónicas que pueden afectar la salud cerebral, como hipertensión arterial, colesterol elevado, diabetes mal controlada, depresión y deterioro de la audición o la visión, recuerdan desde Monarka Clinic. Asimismo, evitar el consumo de tabaco y alcohol es crucial, ya que estas sustancias tienen efectos neurotóxicos directos, especialmente en edades avanzadas.

Como explica la Dra. Lladó-Carbó, «lo ideal es comenzar con hábitos de protección cerebral en torno a los 50-60 años, cuando suelen notarse los primeros cambios leves de memoria. Sin embargo, nunca es tarde para estimular el cerebro y generar esa reserva cognitiva que nos protegerá en el futuro”.

Y es que “la detección precoz permite comenzar intervenciones más efectivas, diseñando un plan personalizado de salud cerebral que tenga en cuenta las características individuales de cada persona: su genética, su estilo de vida, sus factores de riesgo y sus objetivos», indica la especialista en neurofisiología clínica, longevidad y neurociencia.

«Aunque la edad es el principal factor de riesgo para el deterioro cognitivo, no es una sentencia inevitable. El cerebro tiene una capacidad extraordinaria de adaptación que podemos aprovechar durante toda la vida. En Monarka Clinic vemos cada día cómo personas que toman las riendas de su salud cerebral logran mantener su agudeza mental, su memoria y su calidad de vida. El cerebro nunca deja de aprender, nunca deja de cambiar. Y esa es nuestra mayor ventaja», concluye la Dra. Lladó-Carbó.