El equilibrio de los microorganismos en la superficie del ojo se convierte en un factor determinante para evitar inflamaciones crónicas y mejorar la lubricación ocular.

Las últimas investigaciones evidencian que mantener en equilibrio la microbiota ocular -el conjunto de microorganismos que vive en la superficie de los ojos- es fundamental para prevenir y tratar enfermedades de la visión tan frecuentes y extendidas como el ojo seco y la conjuntivitis crónica.

En este contexto, especialistas del grupo de oftalmología Miranza explican que cuando esta comunidad microbiana se altera, el ojo pierde parte de su defensa natural, lo que puede provocar irritación, sequedad, escozor o incluso infecciones recurrentes. “Durante años hemos tratado estos problemas con antibióticos o colirios antiinflamatorios, pero ahora sabemos que alterar el equilibrio natural del microbioma puede tener consecuencias a largo plazo”, señalan.

Geriatricarea- microbioma, microbiota ocular
Mantener en equilibrio la microbiota ocular es fundamental para prevenir y tratar enfermedades de la visión


Causas que provocan la alteración del microbioma

Algunos factores pueden afectar la composición del microbioma ocular al provocar que algunas bacterias beneficiosas desaparezcan y otras menos deseables crezcan más de la cuenta. Los más habituales son:

  • la contaminación
  • el uso excesivo de colirios antibióticos
  • los cambios hormonales

Los estudios más recientes apuntan a que, en pacientes con ojo seco, el microbioma está menos equilibrado, lo que contribuye a la inflamación y a la sensación constante de sequedad o arenilla. Esta alteración está relacionada frecuentemente con la infección por Demodex, un parásito que forma parte de la microbiota ocular.

La presencia de este parásito en la zona periocular puede afectar a la superficie del ojo, en donde se encuentran las glándulas de Meibomio, responsables de lubricar la superficie ocular, dando lugar a una disfunción en la secreción de lípidos, así como a cambios en la microbiota, lo que conlleva una posible inflamación en el borde del párpado y ojo seco.

En los casos de conjuntivitis crónica, diversos estudios han evidenciado una disminución en la diversidad del microbioma ocular, es decir, una menor variedad de especies bacterianas presentes en la superficie del ojo. Esta disbiosis (un desequilibrio en la comunidad microbiana) puede comprometer la función protectora natural del microbioma y favorecer la colonización persistente por bacterias patógenas o resistentes.

La apuesta por los probióticos oculares

Durante años, los tratamientos convencionales han estado centrados en el uso de antibióticos y colirios antiinflamatorios. Sin embargo, los especialistas de Miranza advierten que este enfoque puede alterar aún más la microbiota ocular, debilitando su capacidad protectora. Hoy sabemos que no se trata de eliminar todas las bacterias, sino de modular su composición para restaurar un equilibrio saludable.

Gracias a tecnologías de secuenciación genética, hoy en día es posible analizar con precisión el microbioma ocular y detectar desequilibrios que antes pasaban desapercibidos. Este conocimiento abre la puerta a tratamientos más personalizados, incluyendo el desarrollo de probióticos oculares o estrategias que restauren el equilibrio microbiano sin dañar las bacterias beneficiosas.

A este respecto, el Dr. Álvaro Martín, especialista en Miranza Instituto Gómez-Ulla declara que “en los próximos años podríamos ver cómo los probióticos no solo se toman para el estómago, sino también para los ojos”.

En particular, se ha comenzado a investigar cómo ciertos probióticos podrían ayudar a modular el microbioma ocular, reforzar las defensas locales y reducir la inflamación crónica. El oftalmólogo explica que “aunque aún es un campo en desarrollo, no es descabellado imaginar que en un futuro cercano existan colirios probióticos o tratamientos tópicos con bacterias beneficiosas específicamente diseñadas para prevenir o tratar enfermedades oculares mediante la restauración del equilibrio microbiano”.

Y concluye declarando que “estamos asistiendo a un cambio de paradigma, ya que ahora el objetivo ahora es recuperar una microbiota ocular funcional que contribuya activamente al bienestar ocular”.