La Fundación Casaverde ha elaborado un decálogo que recoge los principios fundamentales para la rehabilitación neurológica integral de las personas. Y es que cualquier persona puede necesitar rehabilitación en algún momento de su vida, como consecuencia de una lesión, intervención quirúrgica o enfermedad, o porque su capacidad se ha reducido con la edad.
La Organización Mundial de la Salud define la rehabilitación como “el conjunto de intervenciones encaminadas a optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en personas con afecciones de salud en la interacción con su entorno”.
Este organismo calcula que 2.400 millones de personas a nivel mundial tienen alguna afección que podría mejorar con rehabilitación, mientras que más del 50% de las personas no reciben los servicios de rehabilitación que precisan.

En el caso de las enfermedades neurológicas o lesiones cerebrales traumatológicas complejas, el enfoque rehabilitador integral está orientado a conseguir una funcionalidad adecuada, prevenir complicaciones potenciales y favorecer la integración social de esos pacientes.
Según datos del Grupo Casaverde, un 98% de los pacientes que inician el tratamiento rehabilitador en sus centros con un grado de dependencia grave, recuperan su independencia o requieren únicamente cuidados mínimos al cabo de 77 días.
La doctora Carmen Nieto, médico rehabilitadora del Hospital Casaverde Valladolid, detalla los diez puntos y principios fundamentales que deben regir un proceso de rehabilitación para lograr el máximo beneficio para el paciente:
1. El inicio precoz de la rehabilitación
Está demostrado científicamente que un inicio precoz de la rehabilitación mejora el pronóstico funcional en el caso de los procesos neurológicos como ictus, traumatismos craneoencefálicos o tumores cerebrales, entre otros.
Un tratamiento precoz se aprovecha de una ventana de oportunidad en la que la neuroplasticidad juega un papel importante. En el caso de procesos traumatológicos, se evitan complicaciones que ensombrecen el pronóstico, tales como rigideces, contracturas, atrofias y trombosis venosa.
2. Tratamiento individual y personalizado
El diseño del tratamiento para cada paciente debe tener en cuenta el estado funcional previo, la edad, la presencia de comorbilidades y los objetivos a conseguir en ese paciente concreto.
3. Enfoque multidisciplinar
Es esencial la colaboración y coordinación de los distintos profesionales como médicos generales, médicos rehabilitadores, neurólogos, fisioterapeutas, logopedas, terapeutas ocupacionales y neuropsicólogos, entre otros profesionales. Todo ello, encaminado a tratar de forma integral los déficits motores, cognitivos, funcionales y sociales.
4. Priorizar la recuperación funcional y la autonomía del paciente
El objetivo principal, más que la mejoría en ciertos parámetros biomecánicos, es conseguir que el paciente recupere la capacidad para realizar las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, para llegar a una autonomía o necesitar únicamente cuidados mínimos.
5. Prevenir complicaciones secundarias
La prevención de complicaciones asociadas a la inmovilidad o al daño neurológico es fundamental a lo largo del tratamiento. Evitar contracturas, espasticidad, atrofias o rigideces, mejoran el pronóstico.
6. Restaurar la movilidad y la función motora
Un objetivo esencial es conseguir una marcha independiente con o sin ayudas técnicas. Esto no solo implica el desplazamiento físico, sino la recuperación de la autonomía necesaria para que la persona se reintegre plenamente en su entorno social y laboral.
7. Reeducación de funciones neurológicas afectadas
Es necesario utilizar estrategias para la recuperación del control motor, el equilibrio, la coordinación, el lenguaje y las funciones cognitivas.
8. Uso de ayudas técnicas y tecnologías de rehabilitación
El empleo de ayudas técnicas, robótica de Tyromotion, o como Vitalstim para disfagias o Neuronup para neuropsicológicas ayudan significativamente a la consecución de los objetivos. También contar con simuladores de conducción, estimulación magnética transcraneal, electroterapia, mecanoterapia, hidroterapia, musicoterapia o jardín terapéutico, entre otros.
9. Implicar al paciente y familia en la rehabilitación
Una participación activa de la familia y el paciente durante el proceso es esencial para mantener una adecuada motivación y continuidad del tratamiento tras la hospitalización.
10. Orientar el tratamiento a la integración social
El objetivo final es conseguir el mayor grado de independencia posible, con reintegración del paciente en su entorno familiar, social y laboral. No solo hay que conseguir una recuperación física, sino también un adecuado bienestar psicológico y buena calidad de vida.
En conclusión, el éxito de la rehabilitación neurológica moderna no radica en un único factor, sino en la sinergia de un modelo de atención precoz, personalizado e interdisciplinar. La evidencia demuestra que, intervenir durante la ventana de neuroplasticidad inicial y bajo un enfoque interdisciplinar, es determinante para el pronóstico funcional de estas personas.