El grupo de Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, ha recopilado de manera sistemática las evidencias existentes sobre la relación entre la contaminación del aire y la depresión y la ansiedad.

La contaminación del aire tiene efectos negativos claros sobre la salud física, especialmente a nivel cardiovascular y respiratorio. En los últimos años, diversos estudios han sugerido que también podría afectar a la salud mental, en particular a la depresión y la ansiedad.

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Un estudio de Biogipuzkoa confirma que la contaminación del aire aumenta el riesgo de depresión y ansiedad


Sin embargo, la evidencia estaba dispersa y presentaba resultados inconsistentes. Además, los metaanálisis previos no incluían todos los contaminantes, diferenciaban poco entre exposiciones a corto y largo plazo o no incorporaban estudios recientes, incluidos los realizados tras la pandemia de la COVID-19.

Por lo tanto, el objetivo de este nuevo trabajo del grupo de Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa fue actualizar y sintetizar de forma sistemática la evidencia disponible para aclarar la relación entre la contaminación ambiental y la depresión y la ansiedad en población adulta.

Los resultados mostraron asociaciones consistentes entre una mayor exposición a la contaminación del aire y un mayor riesgo de depresión y ansiedad, tanto a corto como a largo plazo. Las asociaciones más fuertes se observaron para exposiciones prolongadas, especialmente en el caso de PM2.5 y carbono negro, aunque también se detectaron efectos pequeños pero significativos asociados a picos de contaminación a corto plazo.

La principal conclusión de este trabajo fue que la contaminación del aire constituye un factor de riesgo ambiental relevante y potencialmente modificable para la depresión y la ansiedad. Así, los resultados sugieren que mejorar la calidad del aire podría tener beneficios no solo para la salud física, sino también para la salud mental de la población.

Tal y como indica el grupo investigador «este trabajo ayuda a entender que la depresión y la ansiedad no dependen únicamente de factores individuales o genéticos, sino que el entorno en el que vivimos también influye de forma importante. Esto puede impulsar estrategias de prevención más amplias, que incluyan políticas ambientales y acciones de salud pública».

En este trabajo han participado las y los investigadores Ainhoa Bereziartua, Alba Jimeno-Romero, Mikel Subiza-Pérez y Aitana Lertxundi.

Para los interesados, el estudio ‘Effects of environmental air pollution on anxiety and depression in adults: an updated systematic review and meta-analysis’, publicado en Environmental Research, está disponible a través de este enlace.