Un informe del CGE y el IEIE alerta sobre la falta de datos oficiales y la necesidad urgente de aumentar la presencia de enfermeras especialistas para garantizar una atención digna en las residencias de personas mayores.
La falta de enfermeras en las residencias de mayores pone en riesgo la salud de las personas ancianas y las priva de la mejor calidad de vida posible en la última etapa de su vida. Así lo refleja el ‘Informe sobre la necesidad de proteger la presencia de las enfermeras en centros residenciales para mayores en situación de dependencia en España’, elaborado por el Consejo General de Enfermería (CGE) y el Instituto Español de Investigación Enfermera (IEIE), con el aval de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG).

No contar con estas profesionales en los centros de mayores tiene consecuencias negativas y directas en la atención a los residentes; una ratio enfermera inadecuada se traduce en más probabilidad de sufrir deterioro y un incremento del sufrimiento de las personas ancianas. Además, se detecta otro problema esencial: la falta de datos sobre cuántas enfermeras trabajan en residencias en España y qué condiciones laborales tienen suponen un muro que impide una mejoría en este campo.
Raquel Rodríguez Llanos, vicepresidenta primera del Consejo General de Enfermería, advierte que “cuidar a los mayores es quizá la mayor responsabilidad que tenemos como sociedad. Y la realidad es que la respuesta a esta necesidad de cuidados no es la adecuada. Hablamos de un segmento de la población que experimenta un aumento constante tanto en el número de individuos que se incluyen en este grupo como en la complejidad de su situación a nivel de pluripatología, movilidad o deterioro cognitivo”.
Este informe pone de relieve los principales problemas de la atención enfermera en residencias en la actualidad, así como la búsqueda de propuestas que permitan mejorar tanto la atención de los mayores como las condiciones laborales de estas enfermeras.
Políticas que marcan el futuro
“Este informe aporta los datos y reflexiones que podrían ayudar a diseñar las políticas que deben marcar nuestro futuro. Si no encauzamos este reto mayúsculo será indigno seguir presumiendo de que vivimos en un Estado ‘del bienestar’ ni en una sociedad avanzada”, subraya la vicepresidenta del CGE.
El informe refleja que la alta complejidad clínica y social de las personas mayores institucionalizadas en centros residenciales “requiere la presencia continua de enfermeras, tanto para garantizar la seguridad y la calidad de los cuidados como para promover el bienestar y la autonomía de los residentes”. Por esto se considera “urgente” garantizar la presencia y la mejora de las ratios enfermeras en estos centros, deficientes en la actualidad.
Guadalupe Fontán, coordinadora de del Instituto Español de Investigación Enfermera (IEIE), recuerda que las enfermeras son responsables de procedimientos técnicos esenciales en estos centros y que solo pueden realizar ellas, como puede ser:
- la administración de medicación
- las curas
- la vacunación
- la prevención de lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia,
- la detección de la disfagia
- o la planificación de dietas
Por su parte, Diego Ayuso, secretario general del CGE, señala que “no queremos medicalizar las residencias, pero si mejorar la calidad asistencial y evitar el intrusismo profesional. Los datos de los que disponemos indican que hay unas ratios enfermeras/residente muy dispares y bajas que pone en riesgo la calidad de vida y de cuidados de las personas con mayor dependencia”.
Además, Ayuso recuerda que, en la última convocatoria del examen EIR (Enfermero Interno Residente) solo se han publicado 99 plazas de Enfermería Geriátrica, que resultan “totalmente insuficientes si se observa la pirámide de población de España y sus necesidades asistenciales”.
Asimismo, reivindica la labor de las enfermeras gestoras para mejorar la asistencia en residencias. “La labor de dirección y coordinación de centros de mayores y residencias debe correr a cargo de las enfermeras especialistas en Geriatría, que son las expertas en el cuidado de las personas mayores y las que pueden aplicar este conocimiento a la gestión del personal y los cuidados”, indica.
Por su parte Guadalupe Fontán, hace hincapié en la necesidad de la figura de la enfermera en las residencias por el perfil de fragilidad, pluripatología y alta dependencia de los residentes. “Estas personas tienen un alto nivel de complejidad que exige una atención clínica continuada, valoración profesional constante, prevención de eventos adversos y mayor coordinación con el sistema sanitario y social”, indica.
“Hay evidencia de que una mayor dotación de enfermeras en estos centros favorece menos complicaciones y eventos adversos, reducción de úlceras por presión y caídas, menor uso de sujeciones físicas y antipsicóticos, menos hospitalizaciones urgentes y mejor coordinación con Atención Primaria y hospitales”, incide la coordinadora del IEIE.
En este contexto, Rosa Martínez, presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG), también sitúa el foco sobre la importancia de potenciar el rol de la enfermera especialista para mejorar la atención a las personas ancianas. Y denuncia que “desde Geriatría nos preocupan dos aspectos. Por un lado, el Ministerio reconoció la especialidad y se habla mucho de Geriatría, pero tenemos una situación de intrusismo por profesionales que no tienen las competencias que tenemos las enfermeras. Por otro lado, tenemos la batalla de saber cuántas enfermeras hay, en este momento, trabajando en residencias de mayores. Se calcula que deben ser alrededor de 20.000, pero es un cálculo aproximado, pues hay algunas que trabajan en tres centros a la vez. Y no hay voluntad, a nivel gubernamental, de tener un dato real y actualizado”.
Mejorar de la ratio enfermera en residencias
La falta de datos sobre el número de enfermeras en residencias en España, así como sus funciones, puestos o competencias es clave para mejorar la ratio enfermera, así como atraer a más profesionales a este campo de la enfermería. “La notable escasez de estudios específicos en el contexto español da cuenta del olvido y negligencia para hacer frente a esta realidad que afecta a uno de los grupos poblacionales más vulnerables”, aseguran las investigadoras en el estudio, que plantean que esos datos son esenciales para desarrollar e implantar las mejores políticas en pro de mejorar las condiciones y situación de estas enfermeras y los usuarios de residencias.
Este trabajo plantea dos problemas principales a este respecto, el primero que es necesario modificar el marco normativo de tal modo que proteja la presencia de enfermeras en los centros residenciales, y el segundo que se deben abordar los factores estructurales asociados a la escasez de enfermeras disponibles para trabajar en centros residenciales.
Responsabilidad de los poderes públicos
De esta forma, el estudio denuncia la situación actual, y pone en relieve la exigencia de que los nuevos enfoques de las políticas de salud “han de reconocer la necesidad de la existencia de los nuevos centros residenciales que ofrezcan cuidados de calidad y mantener los equipos de enfermería dentro de cada centro para sostener la actividad sanitaria que las enfermeras realizan”.
Las autoras concluyen que “el no exigir presencia enfermera en los centros residenciales por no ser atractivo indica incoherencia en el discurso y una falta de responsabilidad de los poderes públicos para implementar las medidas estructurales necesarias para paliar este problema y garantizar el derecho a recibir un cuidado y una atención digna y de calidad a los más mayores”.