Con el objetivo de descubrir qué hace que algunas personas sean más resilientes que otras frente a afecciones cerebrales como la demencia, científicos de la Universidad Simon Fraser (SFU), en Canadá, han puesto en marcha un nuevo estudio que contribuirá a conocer mejor los factores biológicos y sociales que contribuyen a la salud cerebral.
El ‘Estudio de Resiliencia Cerebral a 10 años’, liderado por el Instituto de Neurociencia y Neurotecnología (INN) de SFU, busca construir una visión completa de los participantes a lo largo de varios años, recopilando datos sobre la estructura cerebral, el funcionamiento cognitivo, la genética, el estilo de vida y los factores ambientales.
Un grupo de 1.000 personas de la Columbia Británica participará en el estudio, cuya diversidad demográfica lo diferencia de otros que suelen centrarse en poblaciones menos diversas. Utilizando el superordenador Fir de SFU, el equipo analizará los datos para crear simulaciones virtuales del cerebro que ayuden a identificar patrones que puedan revelar qué caracteriza a un cerebro sano.

Comprender mejor los factores que hacen al cerebro resiliente
«Actualmente, es casi imposible predecir quién se mantendrá sano y quién sufrirá deterioro cognitivo», afirma Brianne Kent, directora asociada del INN y titular de la Cátedra de Investigación de Canadá en Neurociencia Traslacional y Demencia.
«Puede haber una persona con riesgo genético de demencia o con factores de estilo de vida que aumenten ese riesgo. Pero puede que nunca llegue a desarrollar demencia, así que ¿qué es lo que la hace resiliente? Si los científicos logran comprender mejor los factores que hacen al cerebro resiliente, los tratamientos para las enfermedades cerebrales podrán ser más específicos y personalizados», afirma el investigador.
En este sentido, Randy McIntosh, director del INN y titular de la Cátedra de Liderazgo de Columbia Británica en Neurociencia y Transferencia Tecnológica a lo largo de la vida, señala que «lo que hacemos en nuestro día a día —la salud cardiovascular, la dieta, el sueño, el ejercicio— todo afecta a la salud cerebral. Por eso queremos estudiar el cerebro en el contexto del resto del cuerpo, y no de forma aislada».
Al vincular datos de neuroimagen, el cerebro virtual permite a los investigadores modelar el cerebro de un individuo y generar actividad cerebral simulada para probar cómo podría responder a ciertos fármacos o tratamientos, o cómo podría evolucionar con el tiempo.
El análisis de los datos requiere modelos informáticos complejos, y es ahí donde entran en juego el superordenador de SFU y el Modelo de Cerebro Virtual a lo largo de la vida.
«El nuevo superordenador de SFU supone un cambio radical para ayudarnos a desarrollar estas simulaciones. Antes nos llevaba uno o dos meses procesar los datos; ahora podemos hacerlo en medio día o menos, lo cual es realmente impresionante», afirma McIntosh.
«Con los cerebros virtuales intentamos reunir todas las métricas y crear una simulación que combine la estructura y la función cerebral. Luego podemos analizar esa simulación y ver si nos dice algo sobre si tu cerebro va por buen camino o no, y qué podemos hacer para orientarlo hacia una mejor dirección», comenta.
Un aspecto clave del proyecto, y del INN en general, es que los datos se compartirán de forma abierta, lo que permitirá a investigadores y profesionales de la salud de todo el mundo acceder al conjunto de datos para avanzar en la investigación sobre la salud cerebral.
Estos avances podrían ayudar a los profesionales de la salud a identificar señales tempranas de alerta de la demencia y otros trastornos neurológicos, en un contexto en el que el número de personas diagnosticadas con demencia está aumentando en todo el mundo, en gran medida debido al envejecimiento de la población.