La alimentación de las personas mayores tiene que dejar de ser entendida como un servicio básico (para cubrir únicamente necesidades nutritivas) para consolidarse como un punto clave del bienestar y de la calidad de vida de los usuarios de las residencias de personas mayores, tal y como se expuso en el VII Congreso de Restauración Colectiva (CRC 2026), celebrado en el marco de Alimentaria + Hostelco.

En este foro se analizó cuál es el presente y, sobre todo, cómo ha de ser el futuro más próximo de los servicios de alimentación en residencias y en un entorno cada vez más exigente, no solo desde el punto de vista normativo y operativo, sino también social, con un usuario que prioriza el bienestar y el disfrute.

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La alimentación es un pilar fundamental para una la atención de calidad en las residencias de personas mayores


Y es que el sector sociosanitario se enfrenta a un doble reto. Por una parte, en los próximos meses entrarán en vigor nuevas normativas destinadas a garantizar menús más saludables y equilibrados en estos centros, un cambio que obliga al sector a replantear cómo se diseñan, gestionan y sirven estas comidas. Y por otra, el sector se enfrentará a una situación de sobresaturación de la demanda, dado el aumento exponencial de la población sénior en los próximos años.

En este Congreso se puso de manifiesto que la alimentación en residencias no puede seguir abordándose únicamente desde el cumplimiento nutricional, sino que debe evolucionar hacia modelos que integren la experiencia del usuario, la personalización y la capacidad de elección, sin perder de vista las limitaciones organizativas y presupuestarias propias de estos centros.

Flexibilidad, viabilidad y sostenibilidad

En este sentido, la nutricionista Roser Montané, directora de la consultora Cesnut, destacó la importancia de la flexibilidad, señalando que “el nuevo Decreto Ley, que sigue siendo hoy día solo un borrador, debería tener en cuenta la flexibilidad, solo así podremos evitar en muchos casos la desnutrición, porque si no está bueno, si nos les gusta, no comen”.

Y esta adaptación y flexibilidad ha de tener en cuenta también la viabilidad y sostenibilidad de un sistema que puede tensionarse, tal y como recordó Josep de Martí, fundador de Inforesidencias. “Todos pensamos en el futuro con un modelo de países nórdicos, pero el futuro de las residencias puede ser también el modelo de los países menos desarrollados si no tenemos en cuenta que el modelo debe ser factible y realista”, subrayó.

Según subrayaron los expertos que se dieron cita en este encuentro, las residencias de personas mayores tiene que dirigirse hacia un modelo de alimentación que cubra las necesidades nutricionales, que cumpla con las normativas de seguridad alimentaria, pero que sea, sobre todo, experiencial. “El usuario de las residencias debe reconocer lo que come, que disfruten con lo que comen”, recalcó Ginés Sabater, de Vitalia.

“El gran reto hoy es dejar atrás la idea de que comer en una residencia es solo cubrir una necesidad. Comer también es placer, es la autonomía de elegir y es también un derecho cotidiano. Y no, no es sencillo: normativas cada vez más exigentes, alergias, texturas, seguridad alimentaria, y una gestión de costes que se ha vuelto milimétrica”, señaló de Josep de Martí.

En este sentido, el gran reto del sector pasa por equilibrar tres variables críticas:

  • calidad asistencial
  • sostenibilidad económica
  • cumplimiento normativo

Un desafío especialmente relevante ante la entrada en vigor de nuevas regulaciones que impactarán directamente en la planificación y gestión de los menús en centros sociosanitarios.

En definitiva, en el VII Congreso de Restauración Colectiva se reafirmó el papel de la alimentación como uno de los pilares fundamentales en la atención a las personas mayores, situando el debate no solo en el “qué” se sirve, sino en el “cómo” se gestiona, “se comunica” y “se vive” dentro de las residencias.