El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y la Red de Investigación en Cronicidad, Atención Primaria y Promoción de la Salud (RICAPPS) han presentado un nuevo estudio que analiza las características sociodemográficas y de salud de la población española mayor de 50 años. El mismo revela que la soledad y la convivencia deterioran la salud de las personas cuidadoras mayores de 50 años.

Esta investigación, que ha sido financiada por el ISCIII y liderada por las investigadoras del Centro Nacional de Epidemiología, Carmen Rodríguez-Blázquez y Maria João Forjaz, con la participación de un equipo multidisciplinar de tres grupos de la RICAPPS, aborda cómo la convivencia y los distintos tipos de cuidado informal (no cuidadores, cuidadores no residentes y cuidadores residentes) se relacionan con la calidad de vida.

geriatricarea cuidados informales
La soledad y la convivencia deterioran la salud de las personas cuidadoras mayores de 50 años


Los resultados, publicados en la revista Scientific Reports, señalan el que una de cada cinco personas mayores de 50 años en España realiza cuidados informales, lo que confirma la enorme dependencia del sistema hacia el apoyo no remunerado. Como destaca su primera autora, Amaya Bernal, este trabajo recae mayoritariamente en mujeres, tanto entre las cuidadoras no residentes (13%) como entre las residentes (6%). Además, presentan peor salud física y mental y menor calidad de vida, lo que evidencia la necesidad de apoyos específicos y urgentes.

El estudio también a detectado diferencias entre cuidadores residentes y no residentes. Así, las personas cuidadoras residentes, es decir, aquellas que conviven con la persona cuidada se ha concluido que son de mayor edad, presentan peor salud percibida con un mayor consumo de medicación y referían mayores niveles de depresión y peor calidad de vida que aquellas que se definían como cuidadores no residentes o no cuidadoras.

Además, la soledad tuvo un impacto especialmente negativo en su bienestar: entre las personas que se sienten solas, las cuidadoras residentes son las que presentan los niveles más bajos de calidad de vida.

Por el contrario, las cuidadoras no residentes eran significativamente más jóvenes y mantenían mayor autonomía para decidir cuándo cuidar, lo que facilita el acceso a actividades de ocio.

El estudio del ISCIII y RICAPPS incluyó a 2.096 personas (904 hombres y 1.192 mujeres), con una edad media de 74,5 años, de los que:

  • 81% no eran cuidadores
  • 13% eran cuidadores no residentes
  • 6% cuidadores residentes

El perfil más frecuente es el de una mujer (66% entre las no residentes y 75% entre las residentes), con pareja y un promedio de dos hijos que cuidan como no residentes, sobre todo, a sus padres (43%) y a otros familiares o amigos (46%) y, como residentes, a sus parejas (56%) o hijos (20%).

En el cuidado, las no residentes realizan tareas domésticas o personales (80%) y, tan sólo el 20% refieren las tareas burocráticas como parte de sus tareas.

Las autoras destacan que las personas cuidadoras residentes, frecuentemente cónyuges, asumen una carga más intensa y con menos libertad para elegir, lo que limita la participación social y el ocio.

Por todo ello, las investigadoras recalcan que ”es prioritario intervenir sobre las cuidadoras residentes, dado su peor estado de salud y su menor calidad de vida y abordar la soledad”.