
Un artículo de Carmen Alemany Panadero,
trabajadora social y periodista
En España, cientos de personas mayores son abandonadas al año por sus familiares, tanto en sus domicilios como en el hospital. Mayores dependientes, con patologías graves o incapacitantes, que se quedan varados en el hospital tras el alta, ya que nadie puede o quiere atenderlos en casa. Otros son abandonados en las urgencias (hace apenas dos semanas fue abandonado un señor mayor en situacion de Dependencia en las urgencias de un hospital de Madrid. Su familia le dejó allí y se marchó).
No existen aún suficientes estudios sobre el abandono de personas mayores en centros sanitarios o domicilios. Canarias lidera este triste ranking, con unos 500 mayores al año abandonados en el hospital. En Sevilla un estudio subraya que el 3,5% de las altas se demoran por motivos no médicos, siendo la mayoría personas mayores cuyo cuidado nadie puede o quiere asumir.
Sabemos también que en Andalucía, Cataluña o Madrid se han reportado decenas de casos de mayores abandonados en hospitales, aunque faltan aún estudios con cifras concretas sobre este drama.
El Defensor del Pueblo inició en 2024 una investigación sobre este problema, que no es puntual sino estructural, y al que hay que buscar soluciones. Tambien desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología han pedido un análisis serio del problema para cuantificarlo y poder abordarlo.

El abandono de una persona mayor genera un trauma difícil de superar
Abandono en domicilio y abandono en el hospital
Algunos mayores y personas dependientes son simplemente abandonados en sus domicilios, sin poder valerse por sí mismos. El familiar que asumía los cuidados deja de acudir. En estos casos se suman la falta de cuidados básicos, el aislamiento social y la soledad. No existen cifras concretas sobre este tipo de abandono domiciliario, que deja a personas mayores y en situación de dependencia totalmente desprotegidas. Cuando la información llega a los Servicios Sociales se ponen en marcha los servicios de apoyo, pero no siempre se notifica.
En los casos de abandono en hospitales o centros sanitarios, la situación de la persona mayor dependiente puede llegar a ser de total desamparo. Falta de plazas en los recursos de emergencia, dificultades en los Servicios Sociales para encontrar a contrarreloj una residencia que cuente con plazas y que se adapte al perfil de esa persona mayor (por ejemplo, cuando precisan de plaza residencial psicogeriátrica), o retrasos en la asignación de un recurso residencial de Dependencia, puede significar que la persona termine en un recurso inadecuado (un albergue de personas sin hogar o una pensión), o retornando a una vivienda que no reúne las condiciones de seguridad o salubridad.
Cuando son alojados en un recurso de emergencia, a menudo tienen que rotar de recurso en recurso: de una residencia de emergencia a una de media estancia, hasta que obtengan plaza pública en residencia de Dependencia.
Al trauma y el dolor del abandono se suman las limitaciones y la rigidez de los recursos públicos, lo que agrava el daño psicológico para el mayor abandonado, el miedo y la desorientación ante tanto cambio (algunos no entienden dónde están y han perdido a sus personas de referencia y su hogar). Todo ello conlleva un enorme sufrimiento para la persona afectada.
La familia que abandona, factores de riesgo
La familia, en la mayoría de los casos, es la principal fuente de apoyo, protección, afecto y seguridad, tanto para los mayores como para el resto de sus miembros. Pero ¿qué ocurre cuando esto no es así? En ocasiones, la relación familiar puede convertirse en fuente de dinámicas nocivas, conflictos e incluso situaciones de violencia o maltrato. En el marco de esas dinámicas familiares, los mayores pueden sufrir diversas formas de maltrato, negligencia o abuso, llegando, en algunos casos, al abandono.
Cuando una familia abandona a una persona mayor en un hospital o en su domicilio, suele haber algunas justificaciones recurrentes. Dificultades para asumir los cuidados, falta de apoyo, problemas de salud en el mayor o en el cuidador, falta de espacio en la vivienda, coste de los servicios especializados, conflictos familiares no resueltos, y situaciones de abandono o maltrato en la infancia (“mi padre me maltrataba cuando era niño, ¿por qué tengo que cuidarle?”).
Por supuesto que estas situaciones son muy delicadas, y quizá en estos casos extremos de violencia o maltrato no podemos pedir al hijo/a que conviva con el padre/madre que lo maltrató. Sin embargo, en ningún caso está justificado el abandono de una persona mayor o dependiente.
Siempre se pueden encontrar fórmulas que permitan proteger a ambas partes (servicios de ayuda a domicilio, de mayor o menor intensidad, centros de día, residencias, recursos de apoyo en el hogar y ayudas técnicas, como sillas salvaescaleras o camas articuladas). Acudir a los Servicios Sociales, solicitar los recursos públicos del Sistema de Dependencia y realizar algunas gestiones puede suponer la diferencia.
Nada justifica el abandono
Nada, nunca, justifica un abandono. Pedir ayuda en situaciones de vulnerabilidad o sobrecarga es clave. Los Servicios Sociales cuentan con recursos de atención a las personas mayores y promueven la solicitud de los servicios de la Dependencia. Además, debemos recordar que el abandono de personas mayores es un delito tipificado en el Código Penal (art 226 y arts. 229–231) cuando se trata de familiares con obligación de prestar cuidados.
Las consecuencias del abandono
El abandono de una persona mayor genera un trauma difícil de superar. El mayor tiene que asumir algo muy duro: que sus hijos/familiares le han dejado abandonado. Que quizá no volverá a verles. Asumir la traición (“yo siempre aporté mi pensión al presupuesto familiar, les cuidé a los niños, les ayudé…”). No saber qué va a ser de él/ella (en personas que no pueden valerse o situaciones de Dependencia el desamparo es máximo). Angustia ante su futuro inmediato, sentimientos de ser una carga y pérdida de autoestima. Desorientacion, síndrome confusional, depresión, aislamiento o encierro en sí mismo y otras consecuencias pueden acompañar a un abandono.
En algunos casos, tras el abandono, el familiar aún tiene acceso como autorizado a la cuenta bancaria del mayor. En caso de sospecha de sustracción de fondos, los profesionales de Servicios Sociales deben acudir a Fiscalía y solicitar una curatela y unas medidas cautelares urgentes sobre la cuenta bancaria.
Los mayores siguen aportando a la sociedad y a la familia
Vivimos en una sociedad en la que, en ocasiones, se mide nuestra valía por nuestra productividad. Las personas mayores, en situación de dependencia o con discapacidad, pueden llegar a ser tratados, en una sociedad deshumanizada, como seres “desechables”.
Las personas mayores tienen mucho que aportar a su familia y a nuestra sociedad. Experiencias, historias, conexión con el pasado, ayudarnos a conocer cómo era el mundo de antaño, aportan afecto y compañía, apoyo en el ámbito familiar, aportan económicamente al presupuesto familiar con su pensión. Muchos núcleos familiares en situación vulnerable logran llegar a fin de mes gracias a la pensión de un mayor. Muchos han ayudado a cuidar hijos y nietos. Muchos cuidan de otras personas dependientes.
Pero sobre todo, son familia. Son personas dignas y valiosas. Y todos algún día seremos mayores, quizá incluso mayores en situación de dependencia. Nadie esta exento de envejecer. Tenemos que cuidarnos mutuamente y promover los valores del apoyo mutuo y la dignidad de todas las personas.
“La prueba moral de un gobierno es cómo ese gobierno trata a quienes están en el amanecer de la vida, los niños, en el crepúsculo de la vida, los mayores, y en las sombras de la vida, los enfermos, los necesitados y las personas con discapacidad” — Hubert Humphrey
Artículo dedicado a Abdessalam K.S.