La discriminación por edad puede producir soledad entre las personas mayores y dañar su autoestima, tal y como constata el estudio ‘Vinculación entre el edadismo y la soledad’, elaborado por la Fundación Grandes Amigos en colaboración con el equipo investigador de Matia Instituto y especialistas en sensibilización en la materia.

Una de las principales conclusiones es la constatación de que el edadismo juega un papel central en la soledad no deseada y ambas se relacionan a través de un proceso de doble vía:

  • por un lado, se observa cómo la sociedad, el sistema, el entorno más cercano, excluye y limita las oportunidades de participación social bajo prejuicios edadistas (se deja de contar con las personas mayores porque son consideradas poco interesantes, homogéneas, frágiles, vulnerables, poco fiables…)
  • y por otro, la propia persona mayor, como mecanismo de defensa ante esa exclusión social, se autoexcluye, se retira de la vida social… también porque el sistema le ha hecho creer que a su edad ya no hay proyecto vital, ni ilusiones, ni propósito de vida.

eriatricarea edadismo soledad
El estudio ‘Vinculación entre el edadismo y la soledad’ se ha presentado en la sede del Imserso. Foto: Imagen en Acción


Alfonso Casana, responsable de Investigación de Grandes Amigos y coordinador del proyecto, recalcó durante la presentación de los resultados de este estudio en la sede del Imserso que las actitudes edadistas “son un caldo de cultivo de soledades y malestares que, cuando no existe red de apoyo alrededor, agravan aún más el nivel de indefensión y vulnerabilidad de la persona mayor”.

Es decir, la soledad no solo emerge como consecuencia del edadismo, sino también como potenciador de esa discriminación por edad, al carecer la víctima de vínculos de confianza en los que apoyarse para afrontar las situaciones edadistas.

Tal y como expuso Paula García, investigadora de Matia Instituto, “el edadismo juega un papel central en la soledad no deseada, ya que limita tanto las oportunidades reales de participar como las expectativas sobre lo que las personas mayores pueden o no pueden hacer, generando dinámicas de exclusión que reducen la interacción y dificultan el mantener vínculos sociales, relaciones significativas o incluso generar nuevas”.

Como se ha observado, el sesgo de edad es interiorizado a menudo por las personas mayores y se traduce en una retirada de la vida social o autoexclusión, que a su vez favorece el aislamiento y la aparición de sentimientos de soledad no deseada.

Del estudio ‘Vinculación entre el edadismo y la soledad’ se extraen varias ideas clave:

  • El edadismo impacta desde tres niveles:
    estructural (la organización de los servicios, los sistemas de atención o las normas sociales > menos autonomía y participación)
    relacional (infantilización, invisibilización o dinámicas de exclusión implícita en los espacios cotidianos > incomodidad y retraimiento)
    subjetivo (se internaliza autolimitando expectativas, decisiones y maneras de relacionarse > autoexclusión y retirada social para no sentirse una carga > menor interacción social).
  • El género condiciona la experiencia de la vejez
    Mujeres con proyectos vitales subordinados a los cuidados > menos diversidad relacional, desventajas económicas y pérdida de socialización. Hombres pierden estatus social y relaciones tras la jubilación.

  • La presión “antiedad” reduce estatus y participación
    La aspiración aparecer joven condiciona el valor social y genera falta de autoestima y retraimiento.
  • Asociar vejez con muerte limita el propósito vital
    La finitud de la vida es un tema tabú que contradice los valores dominantes de productividad, juventud y control del cuerpo, alimentando la pérdida de expectativas y de sentido vital.
  • Los prejuicios edadistas restringen la vida social y comunitaria
    Barreras materiales,estructurales y simbólicas dificultan la participación y merman las redes relacionales.
  • Exclusión y autoexclusión se retroalimentan
    Edadismo y soledad, un proceso de doblevía: limitación de oportunidades externas y reducción de expectativas internas.
  • Estrategias de afrontamiento y resiliencia
    Las personas mayores combinan adaptación y aceptación a las condiciones para sostenerse, así como acciones más activas para reconstruir sus vínculos y sentido vital.
  • Sensibilizar y crear conciencia crítica para autoanalizar y empoderar
    Identificar la discriminación reduce la culpa individual y favorece respuestas más proactivas.
  • Reforzar lo colectivo y la pertenencia frente al individualismo
    La falta de espacios de encuentro intensifica la soledad; se requieren entornos más comunitarios.
  • Reconocimiento social de las personas mayores y su diversidad
    Avanzar hacia una sociedad que valore a quien envejece, y potenciar las relaciones intergeneracionales. Requiere cambios en los servicios o recursos, así como transformaciones más profundas en las normas culturales en torno a la vejez.
  • Educar desde la infancia para prevenir edadismo y soledad
    Sensibilizar en jóvenes ayuda a desmontar estereotipos y a fomentar una mirada positiva del envejecimiento.
  • Más recursos comunitarios y espacios seguros
    Facilitan compartir experiencias, generar apoyo mutuo y mejorar la equidad en acceso a relaciones y actividades.
  • Edadismo y soledad son problemas estructurales
    No deben abordarse como un problema individual de quien lo sufre, sino mediante cambios sociales, políticos y culturales amplios.

Pueden descargar aquí el estudio Vinculación entre el edadismo y la soledad.