Un artículo de Victoria Eugenia Criado Montoya, Odontólogo-Periodoncista,
Profesora de la Cátedra de Periodoncia de la Facultad de Odontología de la Universidad Central de Venezuela
La demografía global está cambiando y se proyecta que las poblaciones envejecidas crecerán exponencialmente. Tales proyecciones de crecimiento poblacional durante la próxima década son preocupantes y generan inquietudes sobre si los recursos podrían no ser suficientes para satisfacer las demandas de salud de casi 9 mil millones de personas.
Desde una perspectiva generacional, las personas mayores contribuirán sustancialmente a las demandas de atención sanitaria, ya que este colectivo presenta un descenso del bienestar general y de la calidad de vida y, en general, es más frágil que la población más joven. La fragilidad es un trastorno biofisiológico que afecta muchas actividades de la vida diaria, caracterizado por la disminución de las reservas fisiológicas y la resistencia a los daños estresogénicos.1,2
La fragilidad conduce a una marcada susceptibilidad, a un conjunto de eventos adversos relacionados con la salud, tales como caídas, lesiones, discapacidad, hospitalización, institucionalización, demencia y muerte.1
Una salud bucal imperfecta conduce a lo que los expertos denominan “fragilidad oral”, un concepto que engloba la disminución de la función motora oral, incluyendo la fuerza de la lengua y la capacidad masticatoria.3,4 Esta condición no sólo afecta la ingesta de alimentos, sino que se ha asociado con un mayor riesgo de sarcopenia (pérdida de la masa y la fuerza muscular) y fragilidad general, creando un círculo vicioso que acelera el deterioro funcional de este grupo poblacional.5

Conexión entre la odontología y la nutrición
La conexión entre la odontología y la nutrición es bastante evidente. Una dentadura funcional o una prótesis bien adaptada son esenciales para una masticación eficaz que permita triturar los alimentos, especialmente aquellos ricos en nutrientes críticos como las proteínas (carnes, pescados, pollo, huevos), las vitaminas y los minerales.
La evidencia muestra que los adultos mayores con mejor función oral, particularmente con una mayor presión de la lengua (indicador de la fuerza muscular oral), tienden a tener una ingesta más elevada de proteínas de origen animal.6
Por otra parte, el estado nutricional impacta directamente en la salud bucal. Por ejemplo, los niveles séricos de vitamina D, un nutriente clave para la salud ósea e inmunológica, se han relacionado inversamente con la necesidad de atención odontológica. Niveles altos de 25-hidroxivitamina D se asocian con un menor riesgo de padecer enfermedades bucales como la periodontitis y la caries dental.7
Por ello, las intervenciones que combinan el tratamiento odontológico (como la rehabilitación protésica) con asesoramiento dietético son más efectivas para mejorar el estado nutricional que cualquiera de estas intervenciones por separado.
Es esencial considerar la interrelación entre una nutrición saludable y una composición corporal adecuada, particularmente para los adultos mayores. Además, la salud bucal es un componente crucial de la salud general y está asociada con el rendimiento físico.7,8 La desnutrición o el riesgo de malnutrición, por otro lado, empeoran el rendimiento físico general y, lógicamente, la capacidad del organismo para mantener los tejidos orales saludables.8
Vínculo entre el ejercicio físico y la odontología
El vínculo entre el ejercicio físico y la odontología es menos obvio, pero igual de poderoso. La actividad física regular, especialmente la del tipo recreativo y vigoroso, se asocia de forma independiente con una menor necesidad de atención odontológica en adultos mayores.7 Este efecto protector puede estar mediado por dos mecanismos:
- En primer lugar, el ejercicio contribuye a reducir la inflamación sistémica de bajo grado, un factor de riesgo común de enfermedades crónicas como la periodontitis.
- Y, en segundo lugar, como se mencionó, la actividad física se asocia con mejores niveles de vitamina D, ya sea por exposición solar o por un estilo de vida más saludable, creando un efecto sinérgico.7,9
Más allá de los efectos sistémicos, existe una conexión biomecánica directa para eliminar eficazmente la biopelícula dental mediante el cepillado; se requiere destreza y fuerza en las manos. Aquí es donde el ejercicio físico que preserva o aumenta la fuerza muscular general cobra un protagonismo esencial en odontología.
Diversos estudios han demostrado que la reducción de la fuerza de agarre (handgrip strength) y la disminución de la destreza manual son factores de riesgo independientes para la acumulación de la biopelícula dental madura y patógena en adultos mayores, lo cual puede asociarse con padecer mayor enfermedad periodontal.10,11,12,13
La investigación de Shin R y colaboradores cuantificó este efecto, encontrando que la fuerza de agarre era el factor que más fuertemente influía en la acumulación de biopelícula dental, incluso por encima del tiempo dedicado al cepillado.11
Por lo tanto, un adulto mayor que se ejercita físicamente de forma adecuada, manteniendo o aumentando su fuerza muscular y su motricidad fina, posee una ventaja crucial: conserva la herramienta fundamental para su propia higiene bucal. Esta capacidad le permite realizar un cepillado más efectivo y, en consecuencia, controlar mejor la biopelícula dental, previniendo la caries y la enfermedad periodontal.
Este hallazgo subraya la importancia de los programas de intervención diseñados para prevenir el deterioro de las funciones motoras de la mano, ya que podrían mejorar directamente la higiene bucal de las personas mayores.11,12,13
Además, la sinergia va más allá. Los programas de intervención que integran ejercicios para todo el cuerpo con ejercicios orofaciales específicos (como masajes en la cavidad oral o entrenamiento de la fuerza de la lengua) han demostrado ser particularmente efectivos.
Estos no solo mejoran la función física general, como la velocidad de la marcha y la fuerza de agarre, sino que también potencian la función masticatoria, la producción de saliva y la presión lingual, combatiendo la fragilidad oral y mejorando el estado nutricional. Incluso innovaciones como el entrenamiento de la fuerza muscular oral mediante realidad virtual han mostrado resultados prometedores en la reducción de la biopelícula dental gingival y la mejora de la salud oral en general.14,15,16
La evidencia más contundente apoya la necesidad de un enfoque integrado. Los que evalúan intervenciones aisladas (sólo ejercicio, solo consejo nutricional o sólo higiene bucal) muestran beneficios limitados. En cambio, las intervenciones “multimodales o complejas”, que combinan de manera simultánea el cuidado de la salud bucal, el asesoramiento nutricional (especialmente para asegurar un adecuado aporte proteico y de vitaminas) y programas de ejercicio físico (que incluyan tanto entrenamiento de fuerza y equilibrio como ejercicios orales), son las que arrojan los resultados más prometedores.6,14,15
Por ejemplo, se ha observado que la combinación de ejercicios de rehabilitación (físicos y deglutorios) con una gestión meticulosa de la higiene oral reduce significativamente la incidencia de neumonía en ancianos institucionalizados.15
Del mismo modo, la unión de un soporte nutricional (dietas hiperproteicas e hipercalóricas) con la terapia odontológica y los ejercicios orales no sólo frena la pérdida de peso, sino que también mejora los parámetros sanguíneos como la albúmina y mantiene la función muscular oral. Esta sinergia demuestra que atender la salud bucal no es un acto aislado, sino un componente esencial de cualquier estrategia destinada a mantener la autonomía y la calidad de vida del adulto mayor.17
Conclusión
La salud del adulto mayor no puede concebirse de manera fragmentada. La nutrición, el ejercicio físico y la odontología conforman una tríada inseparable donde cada elemento influye y es influido por los otros dos. Una boca sana permite una buena nutrición, que a su vez provee la energía y los nutrientes para la actividad física; el ejercicio, por su parte, retroalimenta el sistema reduciendo la inflamación, mejorando la función motora general y, crucialmente, preservando la fuerza y la destreza manual necesarias para un mejor control de la biopelícula dental.
Para el profesional de la salud y el odontólogo, esto implica adoptar una mirada más amplia, reconociendo que la intervención en el sillón dental es, en realidad, una intervención para la salud global y la prevención de la fragilidad y la dependencia en nuestros mayores.
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