Entre los especialistas hay consenso a la hora de considerar la fragilidad como un síndrome geriátrico, diferente de la discapacidad, reversible, o por lo menos sus efectos pueden ser atenuados con una intervención. Por lo tanto resulta fundamental una detección precoz, tal y como puso de relieve el Dr. Vincenzo Malafarina, geriatra de la Clínica los Manzanos de Logroño, durante el pasado Congreso de la SEGG.

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Para el Dr. Malafarina la fragilidad podría ser considerada como un estado de prediscapacidad

La fragilidad es un problema de salud relevante, que afecta aproximadamente al 10% de los mayores de 65 años, y se caracteriza por la vulnerabilidad que hace que en un sujeto aumente el riesgo de eventos adversos (como la discapacidad, la pérdida de movilidad, la mala calidad de vida, la institucionalización o la mortalidad) cuando se encuentra expuesto a situaciones de estrés.
El ejercicio físico, una nutrición ajustada a las necesidades específicas de los mayores, la valoración geriátrica y la intervención sobre los principales síndromes geriátricos con un ajuste de la medicación a las características de esta población son intervenciones que han demostrado su eficacia para prevenir e incluso revertir el estado de fragilidad.
Mientras el deterioro físico sigue siendo el principal componente de la fragilidad, nuevos estudios sugieren que otras dimensiones como la cognitiva, psicológica y sociales pueden contribuir en el desarrollo de esta condición. Y es que la presencia de deterioro cognitivo se asocia de forma significativa a un aumento de incidencia de fragilidad a los 10 años.
“Aunque existe una amplia evidencia sobre la concurrencia de estas dos condiciones, deterioro cognitivo y la fragilidad, poco se conoce sobre los mecanismos subyacentes que justificarían dicha interrelación. Conocer los diferentes procesos causales podría conducir al desarrollo de nuevas estrategias preventivas y tratamiento de ambas condiciones, sin que exista, todavía, una evidencia experimental”, afirma el Dr. Malafarina.
Así, para este especialistas, “la fragilidad podría ser considerada como un estado de prediscapacidad y, por lo tanto, si consiguiésemos diagnosticarla precozmente y tratarla de forma eficaz conseguiríamos menores costes en sanidad y mejor calidad de vida de las personas ancianas”. En este aspecto, el Dr. Vincenzo Malafarina aboga porque todos los mayores de 70 años sean valorados para descartar la fragilidad.