geriatricarea Naiara Fernandez fragilidad



Un artículo de Naiara Fernández,
directora asistencial IMQ Igurco
y coordinadora del grupo de nutrición
de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEEG)



Campbell y Buchner en 1997 definieron la fragilidad como el síndrome biológico caracterizado por una disminución de la reserva funcional y resistencia a los estresores, debido al declive acumulado de múltiples sistemas fisiológicos que originan una pérdida de la capacidad homeostática y vulnerabilidad a eventos adversos. Es, por tanto, un estado previo a la dependencia funcional, condicionado por una capacidad intrínseca reducida, que hace que nuestra respuesta a estresores (infecciones, enfermedad aguda…) sea limitada, pudiendo conducir a la instauración de discapacidad.

Geriatricarea- Intervención nutricional en fragilidad
Para revertir la fragilidad se debe coordinar un plan de atención multidimensional

El diagnóstico de “fragilidad” debe considerarse como una oportunidad para implementar un plan de intervención integral en la persona mayor que lo presenta, orientado a prorrogar sus años de vida libre de discapacidad, y, por tanto, con mejores resultados de salud en términos de morbimortalidad.

Actualmente, tenemos datos de prevalencia de fragilidad en población española gracias a varios estudios longitudinales realizados en los últimos años (Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable, PEÑAGRANDE en Madrid, FRADEA en Albacete, LEGANÉS en Madrid, FRALLE en Lleida y OCTABAIX en Barcelona), siendo entre un 2,5-6% en personas 70-75 años, 6,5-12% en la franja de edad de 75-80 años, 15-26% en aquellos con edades comprendidas entre los 80 y 85 años, y valores entre el 18-38% en las personas mayores de 85 años.

¿Cómo podemos diagnosticar “fragilidad”?

Existen múltiples escalas diagnósticas para identificar fragilidad, siendo algunas de las más utilizadas en cohortes poblacionales, el FRAIL (Fatigue, Resistance, Aerobic, Illnesses, Loss of weight. Morley et al. JAMDA 2013), el fenotipo de fragilidad de Linda Fried (J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2001) y el índice de fragilidad de Rockwood (J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2007), este último ejemplo de diagnóstico fundamentado por la acumulación de déficits, entre los que se encuentran la existencia de enfermedades crónicas, así como el deterioro funcional y la pérdida de entorno social.

¿Es posible tratarla?

Atendiendo al impacto que puede tener para el individuo (dependencia funcional, institucionalización, muerte), y para la población mayor en términos globales, relacionados con un aumento de costes para los sistemas sanitarios y sociosanitarios, debe ser obligado coordinar un plan de atención multidimensional que tenga como resultado revertir la fragilidad; tal y como recomienda la OMS en su modelo ICOPE (Integrated Care for Older People).

Este abordaje integral, e integrado, propone intervenir de forma coordinada en los dominios clave de la capacidad intrínseca, siendo elementos clave:

  • la optimización terapéutica
  • el abordaje del deterioro cognitivo y de los trastornos afectivos
  • adaptar el entorno social para facilitar el mantenimiento de la persona en la comunidad
  • adaptaciones del entorno arquitectónico orientado a minimizar la aparición de caídas
  • abordar los déficits de los órganos de los sentidos
  • implementar un programa de ejercicio físico multicomponente
  • garantizar un adecuado aporte calórico y proteico que preserve la calidad del músculo, (incluyendo, si es preciso, el tratamiento médico nutricional a partir de la suplementación nutricional oral).

En este sentido, atendiendo a la evidencia científica, y más concretamente a lo referenciado en el estudio PROT-Age (J. Bauer et al. JAMDA. 2013) es recomendable garantizar un aporte proteico adecuado (1,2-1,5 g proteínas/kg peso/día) que redunde en el mantenimiento de la masa y fuerzas musculares.

Tal y como refleja el estudio PROVIDE (JAMDA 16. 2015), la suplementación nutricional con un producto enriquecido con leucina y vitamina D, como Fortimel Advanced de Nutricia, ofrece un tratamiento médico nutricional a través de la suplementación para favorecer la recuperación nutricional de los pacientes con fragilidad. Este tiene un impacto positivo en la fuerza y función musculares y puede ser una opción para alcanzar la ingesta proteica recomendada.

Además, debe acompañarse de ejercicio físico multicomponente, donde se incluyan actividades de fuerza y potencia musculares, de flexibilidad, de equilibrio y marcha y de resistencia cardiovascular, siendo uno de los programas más avalados la estrategia Vivifrail, desarrollada por un equipo de trabajo encabezado por Mikel Izquierdo y Álvaro Casas-Herrero, donde se ofrecen recomendaciones para la prescripción de un programa de ejercicio individualizado, y adaptado al rendimiento funcional de la persona mayor, medido por SPPB (Guralnik et al. J. Gerontol 1994).