Una investigación de la Universidad Complutense de Madrid ha analizado por primera vez los beneficios de la vivienda colaborativa (cohousing senior) en adultos mayores y concluye que protege la salud mental y cognitiva, además de combatir la soledad, independiente al nivel socioeconómico.
Esta investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) señala que el cohousing senior, o modelo de vivienda colaborativa para adultos mayores, es un sistema de convivencia que combate de forma directa la soledad no deseada, al ofrecer un apoyo social superior al de la vivienda tradicional.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Public Health, analiza por primera vez los beneficios de este sistema del cohousing senior, una alternativa a las residencias y a la atención domiciliaria que combina espacios privados con zonas comunes para compartir actividades. Los resultados demuestran que el impacto positivo en los usuarios del modelo de vivienda colaborativa es totalmente independiente de su nivel socioeconómico.

¿Cuáles son los beneficios del cohousing senior para los mayores?
El cohousing senior es un sistema de viviendas colaborativas que combina espacios privados, el apartamento, con espacios comunes, como comedores y salas, donde compartir actividades y fomentar las relaciones sociales.
En este contexto, María Luisa Delgado Losada, directora del grupo de investigación «Envejecimiento, Discapacidad y Sociedad» de la UCM, señala que “el cohousing no es solo una alternativa habitacional, es un motor de bienestar donde la autogestión y la toma de decisiones colectiva actúan como un ‘gimnasio mental’ constante, preservando capacidades como la memoria y la fluidez verbal”.
Para llevar a cabo el estudio, se realizó una investigación comparativa exhaustiva con 171 personas adultas mayores sanas, 83 de ellas residentes en Trabensol (el primer centro de cohousing autogestionado de Madrid) y 88 personas que vivían en hogares convencionales. El proceso de reclutamiento fue de mayo de 2017 hasta noviembre de 2022. Cada participante se sometió a dos sesiones de evaluación neuropsicológica y funcional de una hora y media cada una por parte de neuropsicólogos y terapeutas ocupacionales.
“De esta forma, hemos podido comparar perfiles muy detallados y ajustar los resultados mediante modelos matemáticos para asegurar que los beneficios detectados se debían realmente al modelo de vivienda y no solo a la buena situación socioeconómica de los participantes”, describe la investigadora de la UCM.
El estudio concluye que la vida comunitaria intensifica tanto las emociones positivas como las negativas, experimentando más alegría pero también más estrés por la convivencia, considerado un «coste emocional saludable».
“Estos hallazgos son una herramienta valiosa para redefinir las políticas públicas sobre el envejecimiento. Para el ciudadano, los datos sugieren que, si buscamos mantener nuestra agilidad mental y no sentirnos aislados, participar en proyectos autogestionados es una buena inversión. Para arquitectos y gestores, las zonas comunes no son simples áreas de paso, sino motores de deterioro cognitivo de forma natural”, concluye Delgado Losada.
Pueden consultar aquí el estudio «The ‘active reciprocity’ ecosystem: senior cohousing as a determinant of social support and cognitive vitality independent of socioeconomic status», publicado en Frontiers in Public Health.