Un artículo de Gabriel Hernán Santana,
Colegio Oficial de Fisioterapeutas de Canarias (COFC) 

La valoración empieza en la puerta 

Cuando un fisioterapeuta acude por primera vez al domicilio de un paciente comienza a  valorar mucho antes de pedirle que se levante de la silla, camine unos metros o realice  cualquier prueba funcional. La valoración empieza prácticamente cuando se abre la  puerta. 

Después de años trabajando como fisioterapeuta a domicilio me he dado cuenta de la enorme cantidad de información que podemos obtener durante los primeros minutos en una vivienda. Información que en muchas ocasiones no aparece en un informe médico  ni te la cuentan por teléfono al solicitarte la cita. ¿Cómo accede el paciente a su casa?  ¿Hay escaleras? ¿Ascensor? ¿Quién abre la puerta? ¿Hay mucho mobiliario? ¿Existen  alfombras? ¿Está bien iluminada la vivienda? ¿Hay espacio suficiente para caminar?  ¿Dónde pasa la mayor parte del día? ¿Vive solo? ¿Quién le ayuda? 

Y todavía no ha empezado la sesión. 

Cuando trabajamos en atención domiciliaria la casa deja de ser únicamente el lugar donde realizamos fisioterapia para convertirse en una parte fundamental de la valoración y del posterior tratamiento. 

El domicilio también forma parte de la valoración

Nada más acceder a un domicilio suelo fijarme en la distribución de la vivienda, el orden,  la limpieza y el espacio disponible. Pasillos estrechos, exceso de mobiliario, objetos  acumulados, cables o alfombras pueden convertirse en auténticos obstáculos para una  persona que camina con andador, bastón o presenta alteraciones del equilibrio.

Una  simple esquina levantada de una alfombra, por ejemplo, puede ser suficiente para  provocar un tropiezo en alguien que arrastra los pies al caminar. También una habitación pequeña puede dificultar el uso de un andador, mientras que una cama o sillón demasiado bajos pueden complicar las transferencias. Nuestro objetivo no es juzgar cómo vive esa familia, sino comprender el contexto en el que vive nuestro paciente. 

La iluminación también es fundamental, especialmente durante la noche. El recorrido entre el dormitorio y el baño merece especial atención, ya que muchas personas mayores lo realizan medio dormidas, con poca luz y, en ocasiones, sin utilizar su ayuda técnica habitual. Además, debemos localizar un espacio adecuado para trabajar y adaptarnos a lo que tengamos.

Si no podemos caminar diez metros seguidos, utilizaremos el pasillo; si no disponemos de máquinas, recurriremos a bandas elásticas, mancuernas, una silla o elementos del propio domicilio. Esa capacidad de adaptación es una de las características de la fisioterapia domiciliaria: el paciente no tiene que  adaptarse a nuestra clínica, somos nosotros quienes debemos adaptarnos a su realidad. 

Distintos estudios han identificado precisamente las alfombras, el desorden, los cables, la mala iluminación o determinadas características del mobiliario como posibles riesgos dentro del domicilio (1). Además, las intervenciones destinadas a reducir estos peligros pueden disminuir las caídas especialmente en aquellas personas con mayor riesgo (2).  Por tanto, observar el domicilio también es prevenir. 

Las primeras conversaciones también forman parte de la valoración 

Pero ese primer vistazo no se limita únicamente a lo que vemos. También incluye lo que escuchamos durante los primeros segundos. Muchas veces basta con la manera en la que nos reciben o con las primeras palabras del paciente o del familiar/cuidador para hacernos una idea de cómo puede comenzar la relación terapéutica.

No es lo mismo entrar y escuchar un “¡por fin ha venido el fisio!” que un “yo no sé para qué han llamado  a nadie”. Tampoco es igual encontrarnos con una persona que nos recibe con curiosidad y ganas de empezar que con alguien que apenas responde, que muestra rechazo desde el primer momento o que deja claro que la decisión de comenzar fisioterapia no ha sido  suya. 

No significa que debamos sacar conclusiones rápidamente. Un paciente puede estar teniendo un mal día, encontrarse cansado, dolorido o simplemente sentirse incómodo porque un desconocido acaba de entrar en su casa. Pero esa primera reacción ya nos proporciona una información muy valiosa. Nos permite intuir si tendremos que dedicar más tiempo a ganarnos su confianza, si existe motivación para comenzar o si antes de pensar en ejercicios tendremos que conseguir que la persona entienda por qué estamos  allí. 

En fisioterapia domiciliaria entramos en un espacio muy diferente al de una consulta. Entramos en su casa, en su salón, en su dormitorio y, muchas veces, en una etapa de su vida en la que necesita ayuda para actividades que hasta hace poco realizaba sin pensar. La forma en la que nos recibe también forma parte de ese contexto. 

Unos minutos que pueden marcar las siguientes semanas 

Todo este conjunto de pequeños detalles hace que los primeros minutos en un domicilio tengan una importancia enorme. Antes de realizar una valoración funcional ya hemos empezado a construir una imagen bastante completa del contexto en el que vamos a trabajar.

Sabemos si tendremos espacio suficiente, qué obstáculos existen, cómo es la iluminación, dónde suele sentarse el paciente, por dónde camina habitualmente y qué elementos de la vivienda pueden ayudarnos o dificultarnos el tratamiento.

Pero también hemos empezado a percibir el ambiente humano que rodea a esa persona: si nos  esperaba, si está ilusionada, si duda de nosotros, si tiene ganas de trabajar, si el cuidador está agotado o si la familia afronta la llegada del fisioterapeuta con esperanza, desconfianza o simplemente cansancio. 

Quizás en un domicilio podamos empezar a trabajar prácticamente desde el primer momento. En otro tendremos que dedicar más tiempo a explicar qué vamos a hacer. En otro será necesario ganarnos primero la confianza del paciente. Y habrá ocasiones en las que una parte importante de nuestro trabajo inicial consista simplemente en escuchar y comprender qué está ocurriendo dentro de esa casa. 

Después vendrán las pruebas, los ejercicios de fuerza y equilibrio, la marcha o las transferencias. Pero cuando trabajamos a domicilio existe una información previa que no deberíamos desperdiciar. 

Es la información que nos proporciona ese primer vistazo.

Referencias bibliográficas