Patricia Galarza Alento,
Treballadora social y coordinadora de Projectes de Vida
La soledad no deseada en la vejez constituye un fenómeno multidimensional que afecta de manera significativa a las personas mayores que viven en su domicilio y reciben servicios de apoyo profesional. La combinación de limitaciones funcionales, reducción de la red social y disminución de la participación comunitaria puede intensificar la percepción de aislamiento.
En este contexto, las tecnologías digitales emergen como un recurso potencial para mitigar la soledad, favorecer la comunicación interpersonal y ampliar las oportunidades de vinculación social desde el entorno doméstico. La literatura científica ha evidenciado que el uso de tecnologías sociales puede reducir la sensación de soledad y mejorar el bienestar emocional en la vejez, siempre que el proceso de adopción tecnológica esté adecuadamente acompañado (Chopik, 2016; Beneito-Montagut, Cassián & Begueria, 2018).

Sin embargo, el acceso efectivo a las TIC no es universal. Las personas mayores que viven en casa suelen experimentar una brecha digital marcada por la falta de competencias tecnológicas, la percepción de inseguridad ante los dispositivos y la sensación de que el mundo digital es ajeno a sus experiencias vitales. Expresiones recogidas en estudios cualitativos, como “los ordenadores son poco intuitivos porque si no sabes no los entiendes” o “me acobardo… las máquinas me atabalan”, ilustran el miedo al error y la percepción de vulnerabilidad tecnológica.
Estas barreras son especialmente relevantes en la atención domiciliaria, donde la persona puede no disponer de un apoyo inmediato para resolver dudas o incidencias. Casado, Lezcano y Rodríguez-Conde (2015) ya advertían que el diseño poco intuitivo y la terminología técnica constituyen obstáculos estructurales para la inclusión digital de las personas mayores.
A pesar de estas dificultades, cuando las personas mayores reciben acompañamiento profesional especializado, las tecnologías digitales pueden convertirse en una herramienta relacional de gran valor. Dispositivos accesibles como los teléfonos inteligentes o las tabletas facilitan la comunicación con familiares y amistades, especialmente mediante videollamadas, que permiten mantener la proximidad emocional en situaciones de distancia física o movilidad reducida. La comunicación mediada por la tecnología, tal como señalan Baecker et al. (2014), contribuye a reforzar el sentimiento de pertenencia y a disminuir la percepción de aislamiento.
Además, las tecnologías pueden integrarse en la vida cotidiana del domicilio mediante intervenciones estructuradas, como programas de reminiscencia digital, talleres de alfabetización tecnológica en el hogar, actividades de socialización en línea o iniciativas comunitarias que conecten a las personas mayores con su entorno social.
Cuando estas acciones se desarrollan con un enfoque pedagógico adaptado —explicaciones claras, ritmo adecuado, demostraciones prácticas y apoyo continuado—, las personas mayores muestran una elevada predisposición al aprendizaje. Rivero, Conde y Juárez (2020) destacan que la inclusión digital efectiva requiere un planteamiento sociocultural que tenga en cuenta los significados, las expectativas y las trayectorias vitales de las personas mayores.
En este proceso, el papel de los profesionales de cuidados a domicilio es determinante. Su labor incluye el acompañamiento emocional, la detección de necesidades tecnológicas, la facilitación del acceso a los dispositivos y la supervisión del proceso de aprendizaje, además de cubrir las necesidades básicas de la persona.
Este rol es esencial para garantizar que la digitalización no se convierta en una nueva forma de exclusión, sino en una oportunidad para reforzar la autonomía, la dignidad y la conexión social de las personas mayores que viven en su domicilio.
En síntesis, la incorporación de tecnologías digitales en los cuidados a domicilio puede contribuir de manera significativa a la prevención de la soledad no deseada, siempre que se integre en un modelo de atención centrado en la persona, sensible a los ritmos de aprendizaje y respetuoso con las preferencias individuales.
La investigación coincide en señalar que la tecnología, por sí sola, no elimina la soledad; sin embargo, puede convertirse en una herramienta poderosa cuando se articula en un marco de atención humanizada e inclusiva.
Bibliografía
Chopik, W. J. (2016). The benefits of social technology use among older adults are mediated by reduced loneliness. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 19(9), 551-556.
Casado, R., Lezcano, F., & Rodríguez, M. J. (2015). Envejecimiento activo y acceso a las tecnologías: Un estudio empírico evolutivo. Comunicar, 22(45), 37-46.
Baecker, R., Sellen, K., Crosskey, S., Boscart, V., & Barbosa Neves, B. (2014). Technology to reduce social isolation and loneliness. In Proceedings of the 16th International ACM SIGACCESS Conference on Computers & Accessibility, 27–34.
Rivero, A., Conde, M., & Juárez, M. (2020). Inclusión digital y envejecimiento. Revista de Estudios Sociales.