Hay una preocupación que conocen bien muchas familias: que su padre, su madre o su pareja salga a dar un paseo y no sepa cómo volver a casa. Quizás ha recorrido esas calles durante muchos años, pero un día una esquina deja de resultar familiar.
Según CEAFA, en España hay más de 1,2 millones de personas con Alzheimer u otros trastornos, y para quienes las cuidan, esa posibilidad de que se desorienten puede convertir una salida cotidiana en un motivo de preocupación.
Afortunadamente, hay soluciones digitales que complementan y ayudan al cuidado profesional sin sustituir el trato humano. Un reloj con GPS puede ofrecer un apoyo en estas situaciones.
Este tipo de dispositivos permite consultar la ubicación de quien lo lleva y, según el modelo, recibir avisos en caso de alerta o de caída, enviar mensajes de voz, y recibir llamadas. Son funcionalidades que pueden ayudar a reaccionar cuando aparece un problema y aportar tranquilidad a la familia y a los cuidadores.

¿Por qué confiar en un reloj con GPS para proteger a los seres queridos?
Cuando alguien tarda en regresar, empiezan las llamadas y las preocupaciones: ¿habrá cambiado de camino?, ¿se habrá entretenido con alguien?, ¿se habrá desorientado? Poder consultar su ubicación precisa en un mapa desde el móvil aporta una referencia para ir a buscarlo.
Estos pequeños aparatos tienen formato de reloj y van sujetos a la muñeca. Un teléfono puede quedarse sobre la mesa y un localizador guardado en una chaqueta deja de acompañarnos si salimos con otra prenda. Eso sí, conviene comprobar que el reloj resulte cómodo y que la persona acepte llevarlo.
Algunos modelos de reloj con GPS permiten delimitar una zona en el mapa y avisar al cuidador cuando el usuario sale de ella, por ejemplo, un área alrededor de casa o de la residencia. El aviso ayuda a comprobar qué ocurre y valorar si hace falta intervenir para evitar accidentes o peligros.
Relojes con mensajes de voz y llamadas: para estar cerca incluso cuando se está lejos
Cuando alguien que se encuentra en una calle que ya no reconoce, escuchar «soy yo, estoy cerca, voy a buscarte» puede ser más útil que recibir instrucciones complicadas.
Los relojes inteligentes, que permiten enviar y recibir mensajes de voz y llamadas, facilitan la comunicación rápida y, por lo general, permiten ponerse en contacto con los familiares con solo pulsar un botón. De hecho, los smartphones comunes resultan demasiado complicados y difíciles de manejar para las personas mayores.
Otro aspecto a tener en cuenta es el relacionado con la alerta de caídas. De hecho, hay relojes con GPS capaces de detectar caídas tras las que no se produce ninguna respuesta ni movimiento por parte del usuario, y de ponerse en contacto de forma totalmente autónoma e inmediata con sus allegados, enviándoles la ubicación del usuario. De este modo, una persona se cayera tras un desmayo o tropezara, se podría recibir una notificación en el smartphone del familiar o cuidador intervenir rápidamente.

Dispositivos con seguimiento de actividad y control de los parámetros vitales
Algunos modelos de relojes también registran la frecuencia cardíaca, los niveles de saturación de oxígeno en la sangre, presión arterial y los pasos diarios, lo que ayuda a seguir su nivel de actividad y aporta información útil para el cuidado de su salud, como complemento de las revisiones médicas.
Hacer un seguimiento de estos parámetros puede resultar especialmente útil para quienes practican deporte o realizan actividades agotadoras con frecuencia, a fin de evitar sobrecargar el organismo y someterlo a esfuerzos que ya no pueda soportar.

El acceso a su ubicación no debe violar la intimidad de la persona
Para que un reloj con GPS sea útil hay que incorporarlo a la rutina: comprobar que se lleva puesto, mantenerlo cargado y revisar las notificaciones. Antes de elegirlo, conviene conocer su autonomía, la cobertura disponible y si necesita suscripción. Lo normal es que la batería dure entre uno y tres días.
También hay que hablar con la persona mayor, explicarle para qué sirve y escuchar cómo se siente. Tener dificultades de memoria no borra sus preferencias ni su necesidad de intimidad. El acceso a su ubicación debe limitarse a quienes participan en su cuidado.
Cada situación requiere apoyos distintos. Un localizador con GPS puede ayudar a mantener determinadas rutinas, pero no sustituye el acompañamiento que la persona necesite. Su valor está en algo muy concreto: facilitar que una mano conocida llegue cuando hace falta, también cuando la memoria ha perdido el camino.