El control de factores de riesgo como la hipertensión arterial, el colesterol, la diabetes o el exceso de peso es clave en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Pero el perfil de estos pacientes es cada vez más complejo, por lo que se requiere un abordaje integral que tenga en cuenta otros aspectos relacionados con su salud, entre ellos el estado nutricional.

En este contexto, la vitamina D adquiere especial relevancia, ya que los niveles bajos de esta vitamina son más frecuentes en personas con hipertensión arterial, diabetes tipo 2, obesidad, síndrome metabólico e insuficiencia cardiaca. Esta vitamina, además de su conocido papel en el mantenimiento la salud ósea, contribuye también a mejorar la función muscular y participa en distintos procesos fisiológicos, por lo que su valoración puede resultar de interés en pacientes con enfermedades crónicas.

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Los pescados grasos, como el salmón, son alimentos ricos en Vitamina D


En este sentido, la Dra. Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra, empresa farmacéutica especializada en medicamentos y complementos alimenticios, advierte que «la enfermedad cardiovascular rara vez aparece de forma aislada. En la práctica clínica hablamos de pacientes que presentan otras patologías, como diabetes, obesidad o insuficiencia renal, y que con frecuencia también tienen un estado nutricional comprometido. Por eso, una atención verdaderamente integral debe contemplar todos estos aspectos».

La vitamina D desempeña un papel esencial en el mantenimiento de la salud ósea y muscular y participa en diferentes procesos fisiológicos del organismo. En personas con enfermedades crónicas, mantener unos niveles adecuados contribuye a preservar la función muscular y el estado general de salud, aspectos especialmente relevantes en pacientes de edad avanzada o con movilidad reducida.

La valoración del nivel de vitamina D debe realizarse de forma individualizada, teniendo en cuenta las características clínicas y los factores de riesgo de cada paciente. Cuando se confirma una deficiencia, el profesional sanitario determinará la estrategia más adecuada para corregirla.

«Cuando existe un déficit de vitamina D es importante identificarlo y corregirlo siguiendo las indicaciones del profesional sanitario. Mantener unos niveles adecuados forma parte del cuidado global del paciente«, señala la Dra. Ortiz.

“El cuidado de las personas con enfermedades cardiovasculares va más allá del control de la tensión arterial o el colesterol. Promover hábitos de vida saludables, realizar un seguimiento de las patologías asociadas y prestar atención al estado nutricional contribuyen a un abordaje más completo y personalizado del paciente”, concluye la directora del Área Científica de Farmasierra.

Existen dos formas de obtener vitamina D de manera natural: a través de la exposición al sol y a través de una dieta que incluya alimentos ricos en esta vitamina, como pescados grasos, huevos, mantequilla y margarina. Sin embargo, en casos en los que la obtención natural es insuficiente, se recurre a la suplementación con vitamina D3 o colecalciferol, especialmente para tratar la deficiencia de vitamina D y las afecciones musculoesqueléticas asociadas, como la osteoporosis.