Con motivo del Día Internacional de la Enfermería, desde la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG) se recalca que el edadismo y la sobreexposición informativa son dos determinantes de salud invisibles en la atención al mayor, y incide en que es necesario afrontar este problema, sobre todo en la atención a las personas mayores en residencias, centros sanitarios y en el propio seno de la familia.
La presidenta de la SEEGG, Rosa Martínez, advierte que “el edadismo en salud —asumir que el deterioro es inevitable o que un tratamiento no vale la pena— limita la calidad de vida y la autonomía de las personas mayores. Hablar con diminutivos, dirigirse a la familia en lugar de al paciente, dar por buenas frases como ‘es normal tener dolor a su edad’: eso no es cuidar, es despojar de dignidad. Empoderar a la enfermería geriátrica es darle los recursos y el reconocimiento para liderar ese cambio cultural”.
A su juicio, es necesario abrir el debate público sobre las actitudes, el lenguaje y la información que rodean al mayor cuando entra en contacto con el sistema sanitario, “donde las enfermeras y enfermeros geriátricos y gerontológicos estamos en primera línea”.

Una de cada dos personas mantiene actitudes edadistas
El edadismo —los estereotipos, prejuicios y discriminación basados en la edad— está reconocido por la Organización Mundial de la Salud como un determinante social de la salud. Su ‘Informe Mundial sobre el Edadismo’ (2021) concluye que una de cada dos personas en el mundo mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores, y que en el 85% de los 149 estudios analizados la edad determinó el acceso a procedimientos médicos o tratamientos.
Un trabajo publicado en The Gerontologist (Levy et al., 2020) calculó que el edadismo es responsable de más de 17 millones de casos de problemas de salud al año solo en Estados Unidos, y una revisión sistemática en PLoS One (2020), con datos de 45 países y siete millones de participantes, constató peores resultados en salud asociados al edadismo en el 95,5% de los estudios analizados.
Tal y como recalca la SEEGG, en el sistema sanitario español ese sesgo se cuela por canales cotidianos y difíciles de medir:
- en el lenguaje paternalista o infantilizador (“abuelito”, “Juanillo”, “señora, vamos a portarnos bien”)
- en la decisión clínica que adopta una postura de esperar y ver porque “a su edad ya es normal”
- en la conversación dirigida al acompañante y no a la persona mayor
- en la exclusión sistemática de los mayores de los ensayos clínicos, pese a ser los principales consumidores de los fármacos resultantes
Frente a ese marco, la SEEGG defiende que la enfermería geriátrica y gerontológica es el profesional sanitario en mejor posición para liderar el cambio. Por su presencia continuada, por la relación terapéutica sostenida en el tiempo y por su mirada integral de la persona, la enfermera detecta el sesgo edadista antes que ningún otro profesional —cuando aparece en una pauta, en una decisión, en una conversación o en una historia clínica— y dispone de las herramientas para corregirlo.
Esa transformación, sostiene la SEEGG, requiere intervenir en cuatro planos simultáneos:
- El primero, abandonar la visión homogénea de la vejez: una persona de 75 años activa, una de 85 con enfermedad crónica estable y una de 90 con demencia avanzada no son el mismo paciente, y tratarlas igual ya es, en sí mismo, una forma de discriminación.
- El segundo, una transformación del lenguaje y del trato: hablar directamente con el paciente, no infantilizarlo, no dar por triviales sus quejas, no presuponer que el dolor a determinada edad es aceptable.
- El tercero, formación específica del personal sanitario en geriatría y en sesgos implícitos, junto con programas intergeneracionales que la evidencia identifica como las intervenciones más eficaces para reducir estereotipos.
- El cuarto, entornos amigables —señalética clara, accesibilidad, espacios que respeten ritmos— y políticas que garanticen la participación real del mayor en la toma de decisiones sobre su salud.

Las personas mayores, las más expuestas a la sobreexposición informativa
El cambio cultural que reclama la SEEGG llega también a un terreno hasta ahora ajeno al debate sanitario: el de la información que consumen las personas mayores. Precisamente en el XXXII Congreso Nacional de la SEEGG, que se celebrará los días 14 y 15 de mayo en Pamplona, tendrá lugar el taller “Cuidemos la dieta informativa de las personas mayores”, impartido por Alfredo Casares, director del Instituto de Periodismo Constructivo.
Este experto advierte que el 64% de las personas declara evitar las noticias porque le afectan al estado de ánimo y le generan sensación de impotencia ante los desafíos sociales. Entre todos los grupos, las personas mayores son las más expuestas a las consecuencias de ese consumo: el visionado prolongado y pasivo de informativos centrados en peligros, dramas y conflictos se traduce en ansiedad, miedo y sensación de indefensión, especialmente cuando se produce desde el sofá de una residencia y sin posibilidad real de procesar lo que ocurre fuera.
“Un exceso de información negativa a las personas mayores puede producir miedo, desasosiego, ansiedad. La enfermería geriátrica es quien primero detecta ese malestar”, señala Alfredo Casares.
En este sentido, el malestar emocional asociado al consumo de noticias negativas es un signo clínico susceptible de detección precoz, acompañamiento y abordaje desde la práctica enfermera. La relación terapéutica de confianza que la enfermera mantiene con el residente -difícil de replicar por ningún otro profesional- permite identificar ese sufrimiento, contextualizarlo y proponer alternativas que el periodismo constructivo y de soluciones empieza a documentar como eficaces: menor ansiedad, mejor estado de ánimo, mayor resiliencia y refuerzo de la cohesión social.
“Desde hace años sabemos que incluir el periodismo constructivo y el de soluciones en nuestra dieta informativa reduce la ansiedad, mejora el estado de ánimo, aumenta la resiliencia y fortalece la cohesión social. Para avanzar necesitamos una doble vertiente: medios que incorporen estos enfoques y personas que tomen el control de qué información consumen”, añade el director del Instituto de Periodismo Constructivo.