Un artículo de Verónica Plata,
coordinadora técnica de Servicios Sociales de la Dirección Regional Sur de Clece y filiales
La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo. Aunque a menudo la asociamos a la falta de compañía, sus consecuencias van mucho más allá. La tristeza persistente, la ansiedad, la pérdida de interés por las actividades cotidianas, el deterioro de la salud física y emocional o la sensación de no tener a nadie con quien compartir las preocupaciones son algunas de las manifestaciones de una realidad que afecta a miles de personas mayores.
Y si pensamos en el rostro más habitual de esta problemática, encontramos numerosas similitudes con el perfil de las personas en situación de dependencia. Con frecuencia hablamos de una mujer de edad avanzada, viuda, con limitaciones funcionales derivadas de enfermedades crónicas, que ha visto cómo su red familiar y social se ha ido reduciendo con el paso del tiempo.

Una investigación desarrollada por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y Clece, sobre personas mayores dependientes atendidas por el Servicio de Ayuda a Domicilio, confirmó esta estrecha relación. El estudio, realizado sobre 418 personas mayores con dependencia, mostró que el perfil predominante era el de mujeres viudas, con escasa participación social y una elevada presencia de emociones relacionadas con la tristeza, la ansiedad y la sensación de abandono. Además, casi la mitad de las mujeres participantes vivían solas, una circunstancia que incrementa notablemente el riesgo de aislamiento social.
Los resultados de esta investigación permitieron desarrollar la Escala AURORA, una herramienta específicamente diseñada para detectar indicadores de soledad no deseada en personas mayores dependientes. Esta escala analiza factores emocionales, comunitarios y tecnológicos que influyen en la percepción subjetiva de soledad. La investigación puso de manifiesto una realidad fundamental: la soledad no deseada puede detectarse antes de que sus consecuencias sean evidentes.
Y precisamente ahí es donde el Servicio de Ayuda a Domicilio se convierte en un recurso estratégico de enorme valor.
Tradicionalmente, las actuaciones frente a la soledad no deseada han partido de un requisito complejo: que la propia persona sea capaz de identificar lo que le sucede y solicitar ayuda. Sin embargo, la experiencia demuestra que esto no siempre ocurre.
El Servicio de Ayuda a Domicilio dispone de una ventaja que ningún otro recurso posee en la misma medida: entra cada día en los hogares. Las auxiliares observan cambios en el estado de ánimo, la pérdida progresiva de relaciones sociales, el abandono de actividades significativas o la falta de participación comunitaria. Esa cercanía convierte al SAD en un extraordinario observatorio de la realidad de las personas mayores.
Partiendo de esta premisa surge Red ASOMA (Atención a la Soledad del Mayor), una iniciativa desarrollada en Rincón de la Victoria (Málaga) que transforma el Servicio de Ayuda a Domicilio en una red activa de detección, valoración e intervención frente a la soledad no deseada.
Su principal innovación consiste precisamente en no esperar a que la persona pida ayuda. El modelo incorpora la identificación temprana de señales de riesgo desde el propio domicilio, activando posteriormente una valoración especializada y una intervención adaptada a las necesidades de cada persona.
La metodología combina varias fases. En primer lugar, las profesionales del SAD reciben formación específica para detectar indicadores de soledad. Posteriormente realizan un cribado inicial que permite identificar posibles situaciones de riesgo. Cuando se detectan señales relevantes, psicólogas especializadas elaboran un Plan de Atención Individualizado. A partir de ahí se activan intervenciones emocionales, actividades grupales, acompañamiento, tutorías digitales y acciones comunitarias orientadas a fortalecer los vínculos sociales de la persona.
Los resultados obtenidos durante los primeros meses de funcionamiento avalan este enfoque. Más de seis de cada diez cribados realizados detectaron niveles elevados de riesgo emocional y relacional. Gracias a la implicación de las auxiliares del SAD, se realizaron cientos de detecciones tempranas que permitieron activar valoraciones, seguimientos e intervenciones psicológicas antes de que las situaciones evolucionaran hacia escenarios más graves de aislamiento.
Pero quizá lo más importante es que Red ASOMA ha demostrado que la lucha contra la soledad no deseada no requiere necesariamente crear grandes estructuras paralelas. El Servicio de Ayuda a Domicilio ya cuenta con equipos multidisciplinares formados por trabajadoras sociales, psicólogos y profesionales de atención directa capaces de abordar esta realidad desde una perspectiva integral. La clave está en incorporar herramientas de detección, protocolos de actuación y una visión preventiva que permita actuar cuando aparecen las primeras señales de alerta.
La experiencia desarrollada en Andalucía demuestra que el futuro de los cuidados pasa por ampliar la mirada. Atender una necesidad física ya no es suficiente. Cuidar también significa detectar la tristeza que nadie verbaliza, la ausencia de relaciones significativas o la pérdida progresiva de la conexión con la comunidad.
La soledad no deseada puede detectarse, prevenirse y abordarse; y pocas herramientas tienen el potencial para hacerlo con tanta proximidad, continuidad y conocimiento de la realidad cotidiana como el Servicio de Ayuda a Domicilio. Porque detrás de cada domicilio hay una historia, y detrás de muchas situaciones de dependencia existe una soledad que no siempre se ve, pero que puede y debe ser detectada a tiempo.