Un artículo de Grupo Los Nogales
Cuidar a una persona mayor implica acompañar una realidad que evoluciona con el tiempo. A lo largo del envejecimiento, las necesidades se transforman, los apoyos se reajustan y la persona y su entorno de cuidado pueden requerir recursos distintos para vivir cada etapa con seguridad y bienestar.
En este contexto, hablar de cuidados domiciliarios implica también mirar al conjunto de recursos que acompañan ese proceso. La reciente publicación del Índice DEC 2025 ayuda a enmarcar esta reflexión dentro del debate sobre los cuidados de larga duración y la necesidad de reforzar los apoyos en función de las necesidades reales de cada persona.
El domicilio ocupa un lugar central en la vida de muchas personas mayores. Es el espacio donde se conservan rutinas, vínculos, recuerdos y una sensación de pertenencia con un claro valor emocional. Contar con apoyos adecuados en el hogar puede favorecer la autonomía, la seguridad y la calidad de vida, siempre que la respuesta se adapte a la situación de cada persona.

El cuidado, un proceso que evoluciona con el tiempo
Desde la experiencia de Grupo Los Nogales como grupo sociosanitario familiar con más de 45 años de experiencia en la atención de las personas mayores, el cuidado debe entenderse como un proceso que evoluciona con el tiempo. La salud, la movilidad, la organización familiar o de la persona cuidadora, una hospitalización o la propia preferencia de vivir en un entorno más acompañado pueden modificar los apoyos que una persona necesita en cada momento.
Esta evolución requiere una red de cuidados flexible, en la que el domicilio, la ayuda profesional, los recursos comunitarios, las estancias temporales y los centros residenciales puedan cumplir funciones complementarias.
En algunos momentos, la ayuda a domicilio, la teleasistencia, la adaptación de la vivienda o el apoyo familiar permiten que la persona continúe viviendo en su entorno habitual con bienestar. En otros momentos, puede ser adecuado incorporar recursos residenciales que complementen esos apoyos, aportando supervisión, rehabilitación, acompañamiento profesional, vida social y actividades adaptadas.
La familia y el entorno de cuidado tienen un papel fundamental en este proceso. Su conocimiento de la persona mayor, de sus rutinas, preferencias e historia de vida ayuda a valorar qué apoyos pueden contribuir mejor a su bienestar. Acompañar estas decisiones desde la escucha y la información permite construir un cuidado más sereno, sostenible y ajustado a cada situación.
Dentro de esa red, las estancias temporales de recuperación en entornos residenciales pueden actuar como un recurso intermedio. Permiten acompañar etapas concretas en las que la persona necesita reforzar su autonomía, ganar confianza o contar durante un tiempo con un entorno profesional antes de regresar a su domicilio o reorganizar sus apoyos habituales.
En Los Nogales, estas estancias se plantean desde una atención integral, con acompañamiento profesional disponible las 24 horas y programas de rehabilitación adaptados a las necesidades de cada persona residente. La fisioterapia personalizada, el seguimiento diario y la coordinación entre equipos multidisciplinares permiten trabajar objetivos concretos como recuperar fuerza, movilidad y seguridad en las actividades cotidianas. De este modo, facilitan una transición acompañada para que la persona pueda retomar su rutina con mayor confianza.
Esa misma continuidad asistencial permite identificar cambios en el bienestar de cada persona. La convivencia diaria con cada residente ayuda a observar variaciones en su autonomía, su estado de ánimo, su participación o sus rutinas habituales. Como señala Ana Isabel Rodríguez, terapeuta ocupacional en Los Nogales Pacífico, «detrás de una falta de ganas o de una pequeña pérdida de autonomía puede haber una situación física, emocional o cognitiva que conviene valorar».
Además de la atención profesional, el entorno residencial puede favorecer vínculos, rutinas, participación y sensación de pertenencia. Esta forma de entender el cuidado residencial se concreta en modelos como las Unidades de Convivencia, que buscan acercar la vida en residencia a una dinámica más familiar, con grupos reducidos, profesionales de referencia y espacios compartidos que favorecen la relación cotidiana. Este modelo permite preservar rutinas, favorecer vínculos y reforzar la sensación de hogar.

La adaptación a una residencia también se construye desde los detalles que ayudan a preservar la identidad, las preferencias y la historia de vida. Los objetos personales, las rutinas significativas, el acompañamiento familiar y la comunicación con el equipo ayudan a que la persona se reconozca en el nuevo entorno y mantenga continuidad con su vida previa. En palabras de Laura Moreno, psicóloga de Los Nogales Imperial, «nuestro objetivo es que cada persona pueda seguir siendo ella misma en esta nueva etapa».
Avanzar hacia un modelo de cuidados más humano implica reconocer la diversidad de situaciones que viven las personas mayores y sus familias. El domicilio seguirá siendo un espacio fundamental, dentro de una red más amplia de recursos capaces de adaptarse a cada etapa. Desde su experiencia, Grupo Los Nogales mantiene el compromiso de acompañar la vida en residencia como parte de esa continuidad de cuidados, preservando la autonomía, la seguridad, la identidad y la sensación de hogar.