Aunque no se está produciendo un aumento significativo de casos en personas jóvenes, se está mejorando la detección de la osteoporosis en pacientes de menor edad con factores de riesgo. Tradicionalmente asociada a personas mayores, la osteoporosis está siendo abordada de forma cada vez más temprana gracias a los avances en la identificación de factores de riesgo y a una mayor concienciación clínica.
Tal y como señala la Dra. Montserrat Robustillo, reumatóloga del Hospital Universitario de La Plana (Castellón), “más que aparecer antes, se está detectando mejor la osteoporosis en quienes lo necesitan. Una persona que ya ha sufrido una fractura por fragilidad se considera de alto o muy alto riesgo osteoporótico”. “Factores como el uso prolongado de corticoides, enfermedades inflamatorias crónicas o la existencia de fracturas previas son determinantes en el desarrollo de esta patología”, advierte.

En los últimos años se ha producido un cambio significativo en el diagnóstico de la osteoporosis, pasando de un enfoque reactivo a uno claramente preventivo. “Es posible que antes se esperase a que apareciera una fractura, pero ahora intentamos adelantarnos poniendo atención en los factores de riesgo osteoporótico”, señala la experta.
Gracias a las guías actuales, los profesionales combinan factores clínicos con herramientas como la densitometría ósea para identificar el riesgo de forma precoz. En este contexto, se ha producido un cambio clave en el abordaje de la enfermedad: “Una fractura previa ya es, en sí misma, un criterio diagnóstico de osteoporosis, aunque la densitometría no sea muy baja, lo que nos obliga a actuar de forma más precoz”, indica la Dra. Robustillo.
La realización de densitometría está generalmente indicada cuando existen factores de riesgo relacionados con la osteoporosis, teniendo en cuenta que la edad no es el único criterio determinante. “Si hay factores de riesgo, se debe hacer antes si la situación clínica lo precisa”, precisa la doctora, que insiste en la necesidad de individualizar cada caso.
Actualmente, la estratificación del riesgo osteoporótico se basa en un enfoque integral que va más allá de una prueba. “No nos basamos en una sola herramienta. Integramos los factores clínicos del paciente, utilizamos herramientas como la calculadora FRAX y recurrimos a pruebas de imagen como la densitometría ósea. Además, se tiene en cuenta si ya se ha tenido una fractura previa”, incide la reumatóloga del Hospital Universitario de La Plana.
Este enfoque permite clasificar a los pacientes en distintos niveles de riesgo -moderado, alto o muy alto- y adaptar las estrategias terapéuticas, con el objetivo de prevenir fracturas y manejar mejor una enfermedad que continúa siendo una de las principales causas de discapacidad en la población envejecida.
Los avances en el abordaje de esta afección han permitido mejorar notablemente los resultados en los últimos años. A este respecto, la Dra. Robustillo destaca especialmente:
- la mejor identificación del riesgo más allá de la densitometría
- la mejora en la atención a pacientes con fracturas previas gracias a las unidades de coordinación de fracturas (FLS), que permiten intervenir de forma más rápida y eficaz
- la disponibilidad de tratamientos más eficaces junto con estrategias cada vez más personalizadas
“Todo esto nos está permitiendo ser más proactivos y no esperar a que ocurra la fractura”, concluye la experta.