Sentirse solo se asocia con un riesgo entre un 8% y un 9% mayor de desarrollar deterioro cognitivo. Así lo confirma la evidencia científica más reciente, que señala la soledad percibida -el sentimiento subjetivo de desconexión social- como un factor de riesgo temprano que aparece antes que síntomas clínicos evidentes.
El efecto de la soledad percibida es más acusado en el paso de una cognición normal a un deterioro cognitivo leve, etapa crítica donde una intervención temprana resulta determinante.
La magnitud de la desconexión social ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su Comisión sobre Conexión Social, a clasificar la soledad y el aislamiento como una amenaza de salud pública a escala global.
- Prevalencia: Casi 1 de cada 6 personas en el mundo afirma sentirse sola.
- Mortalidad: Entre 2014 y 2019, la soledad estuvo vinculada a más de 871.000 muertes anuales, lo que equivale a 100 fallecimientos cada hora.
- Comorbilidades: Además del impacto sobre el cerebro, se asocia a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, ictus, depresión y ansiedad.

Desde el prisma clínico, el Dr. Pedro Gil Gregorio, médico especialista en Geriatría, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de la farmacéutica Schwabe, destaca que «lo relevante no es tanto la frecuencia de contacto social que registra el paciente, sino su percepción subjetiva de aislamiento.
«Una persona mayor puede tener una red familiar y social activa y, aun así, experimentar un estado de soledad emocional con impacto real en su salud cognitiva. Es un recordatorio de que cuidar el cerebro también pasa por cuidar los vínculos afectivos», señala el especialista.
Estrategias sencillas y eficaces contra la soledad
Según la OMS, abordar el sentimiento de soledad no requiere de grandes inversiones económicas ni de infraestructuras complejas, sino de la puesta en marcha de medidas sencillas y continuadas:
- Conversaciones con contenido real: ir más allá de la presencia física compartida.
- Participación comunitaria y voluntariado: especialmente eficaces cuando conectan a personas con intereses o experiencias comunes.
- Uso de la tecnología: emplear videollamadas para mantener el contacto con familiares y amigos en casos de distancia geográfica.
- Apoyo profesional: acudir a especialistas cuando el sentimiento de desconexión se vuelva persistente.
En este contexto, modelos internacionales como el de Corea del Sur ya aplican la «prescripción social«, donde los facultativos recetan a las personas mayores actividades como jardinería o talleres de narración con el mismo criterio que un tratamiento farmacológico.
Abordaje integral en fases iniciales
En pacientes que presentan un deterioro cognitivo leve, las acciones contra la soledad se deben integrar dentro de un plan preventivo y terapéutico transversal.
Como señala el Dr. Gil Gregorio «hablamos de una combinación de hábitos saludables, estimulación cognitiva, vínculos sociales activos y seguimiento clínico continuado. En este abordaje integral también tienen cabida opciones terapéuticas basadas en la evidencia, como Tebofortán 240, indicado para el tratamiento del deterioro cognitivo leve, con eficacia demostrada en ensayos clínicos y un perfil de seguridad establecido».
Los especialistas apelan a cuidar la calidad emocional de las relaciones humanas e integrar la vida social activa -al mismo nivel que la nutrición, el ejercicio físico y las revisiones médicas- como un pilar fundamental para proteger la salud cerebral a lo largo del envejecimiento.