Casi un tercio (el 31%) de los contenidos sobre longevidad y envejecimiento publicados en redes sociales en español difunden promesas sin evidencia científica suficiente, exageran de forma relevante lo que esa evidencia permite concluir o son simplificaciones de cuestiones complejas. Así se refleja en un informe de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL) y el Instituto #SaludsinBulos.
Este análisis de SEMAL y el Instituto #SaludsinBulos ha revisado contenidos de alta visibilidad en YouTube, Instagram y TikTok durante el último mes. A raíz de los datos reflejados, el doctor Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la SEMAL, advierte que “en los últimos años, la longevidad se ha convertido en tendencia y eso ha atraído a cientos de supuestos expertos sin suficiente formación científica o experiencia clínica que hacen afirmaciones gratuitas sin ninguna evidencia, como que es posible revertir el envejecimiento, algo que ninguna intervención ha demostrado en humanos”.

Como ocurre con otros bulos de salud, buena parte de la desinformación sobre longevidad se basa en hechos reales, “que se exageran o distorsionan hasta convertirlos en falsos, con una motivación económica en la mayoría de ellos”, afirma Carlos Mateos, coordinador del Instituto #SaludSinBulos.
Dos estudios independientes confirman que las personas mayores son el grupo más expuesto a la desinformación sanitaria. Un análisis con datos reales de navegación (no autoinformados) de una muestra nacional en EE. UU. (n=1.059) publicado en Nature Aging muestra que la exposición a contenidos de salud de baja credibilidad aumenta con la edad y no depende únicamente del volumen de consumo.
Por su parte, un metaanálisis en Journal of Health Psychology estima una prevalencia del 47% (IC 95 %: 33-60%) de desinformación sanitaria entre mayores, superior a las estimaciones previas, aunque las intervenciones para corregirla resultan eficaces (g de Hedges = 0,76).
Aunque ninguno de los dos estudios mide específicamente la longevidad, evidencian que el público al que más llegan este tipo de mensajes —personas mayores preocupadas por su salud— es también el más vulnerable, y que corregir la desinformación funciona.
Según la revisión exploratoria de 70 publicaciones recuperadas mediante un protocolo de búsqueda predefinido y con un umbral mínimo de visibilidad (≥1.000 reproducciones o “me gusta”), 22 de ellas (≈31%) difundían promesas problemáticas. El resto (48; ≈69%) ofrecía información adecuada sobre hábitos, prevención y envejecimiento saludable.
Las piezas problemáticas se concentran en cuatro categorías principales:
- El 45% de ellas se enmarcan en la promesa de frenar o revertir el envejecimiento con afirmaciones como: “es posible vivir más de cien años”, “dejar de envejecer en 15 años” o llegar a los 80 “con la salud de los 20”.
- El 23% de los contenidos hablan de suplementos, moléculas y tratamientos y de los efectos anti-aging atribuidos a NAD+, resveratrol, NMN, péptidos o berberina y la capacidad de “desintoxicación”.
- El 27% de los contenidos utilizan titulares sensacionalistas o extrapolados
- El 5% restante utilizan el concepto de edad biológica, un test o una app como prueba de rejuvenecimiento.
Como recalca el doctor Manuel J. Castillo “la investigación sobre los mecanismos del envejecimiento es real y muy activa, pero un mecanismo plausible no es un tratamiento demostrado, un biomarcador no es un resultado clínico y un hallazgo en animales no equivale a un beneficio en personas”.
“El problema más frecuente no es inventar desde cero, sino estirar ciencia real: presentar resultados preliminares, estudios celulares o en animales, o el cambio de un marcador como si ya estuviera demostrado el rejuvenecimiento en humanos. Eso confunde al público y puede alejar a las personas de hábitos con evidencia sólida”, incide el presidente del comité científico de la SEMAL.
YouTube, la red social más que más desinformación genera
El informe también destaca que el 68% de los protagonistas de estos contenidos problemáticos se presentan como médico o científico; y en el 32% de ellos la promesa se vincula a un producto o servicio de pago (suplementos, retiros, clínicas…).
En cuanto a las plataformas, más de la mitad de las piezas (55%) se publicaron en YouTube; muchas de ellas como podcasts o entrevistas en las que la exageración está ya en el propio título. Los 14 vídeos con dato público de reproducciones suman cerca de 1,44 millones; mientras que las ocho con dato de “me gusta” acumulan más de 17.400 likes. Por otra parte, en Instagram se han publicado un 32% de estos posts y en TikTok el 9%.
Señales de alerta sobre publicaciones de longevidad en redes
Ante los datos registrados por este informe, y es creciente riesgo de desinformación en la población mayor, la SEMAL y #SaludsinBulos recomioendan tener en cuanta estas cinco señales de alerta sobre las publicaciones de longevidad en redes:
- Promete frenar, revertir o “curar” el envejecimiento, o vivir más de cien años.
- Usa una cifra de “edad biológica” de un test o una app como prueba de rejuvenecimiento.
- Cita un Nobel, una universidad o “estudios” sin aclarar si se hicieron en personas.
- El titular promete más de lo que se explica en el contenido.
- La promesa termina en un producto, un curso, un retiro o un “comenta X y te envío información”.
“Identificar este repertorio de mensajes nos permite verificar piezas, no personas, y ofrecer al público criterios sencillos para distinguir la divulgación rigurosa de la promesa sin evidencia”, concluye el Dr. Castillo.
