Estar rodeado de personas no siempre es garantía de sentirse acompañado. De hecho, una de cada cuatro personas mayores de 60 años afirma sentirse solo incluso estando acompañado. Además, un 54% manifiesta que le gustaría relacionarse más con otras personas y un 34% echa en falta tener más personas con las que hablar.

Son datos de la segunda edición del Informe Desoledad 2026, elaborado por la Fundación Verisure, que este año ha querido dar un paso más: avanzar del diagnóstico a la prevención de la soledad no deseada, profundizando en el papel de los vínculos sociales, la autonomía y el propósito vital en el bienestar de las personas mayores.​ Todo ello con el objetivo de transformar el conocimiento en acciones que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas mayores.​

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El Informe Desoledad 2026 trata de transformar el conocimiento en impulso y el impulso en acción


El Informe Desoledad 2026 revela que combatir la soledad no deseada requiere ir más allá de la mera compañía y centrarse en el propósito vital y el deseo de cada persona. La investigación cuantitativa (realizada sobre 386 personas mayores de 60 años en España) señala que un 42% de la población sénior se encuentra en riesgo moderado de soledad y un 8% en riesgo alto.

Además, el estudio advierte sobre la vulnerabilidad que sufren las personas tras la jubilación o cuando finalizan las responsabilidades de cuidado del hogar, un rol desempeñado mayoritariamente por mujeres.

Entre las principales conclusiones del estudio cabe destacar:

  • El valor del propósito frente a la ocupación: Tener un propósito vital (deseos, proyectos e ilusiones) influye de forma directa en el bienestar y actúa como factor protector frente a la soledad
  • Tres niveles de vulnerabilidad: Un 50% de las personas mayores de 60 años presenta riesgo bajo de soledad, un 42% riesgo moderado y un 8% riesgo alto.
  • Impacto de la brecha económica y relacional: En el grupo de riesgo alto, el 61% cuenta con pocos o ningún apoyo social y el 55% califica su situación económica como ajustada o difícil.
  • La transición de la jubilación: Entre los 60 y 64 años la preocupación alcanza al 31% de las personas, mientras que entre los 65 y 69 años se consolida una vivencia más positiva con un 70% de tranquilidad.
  • El vacío del cuidado: El 87% de las personas dedicadas principalmente al hogar y los cuidados son mujeres. Cuando estas responsabilidades desaparecen, el 42% experimenta sensación de vacío personal y un 39% dificultades para redefinir su proyecto de vida.
  • Tres modelos de acompañamiento: El informe distingue entre acompañamiento asistencial, emocional y con propósito, abogando por relaciones de reciprocidad

El propósito vital, eje vertebrador de la atención a los mayores

Ante estos datos, el Informe Desoledad 2026, propone un cambio de paradigma en las intervenciones sociosanitarias.

Así, frente a modelos tradicionales centrados únicamente en «hacer compañía» u ocupar el tiempo, el informe demuestra que el acompañamiento debe articularse en torno al propósito vital: aquello que la persona desea conservar, aprender, descubrir o compartir.

Y es que, tal y como señala Antonio Anguita, Presidente de Fundación Verisure, «la investigación que presentamos pone el foco en una idea fundamental: el propósito. Porque las personas mayores siguen teniendo sueños, inquietudes, intereses y mucho que aportar a la sociedad. Mantener proyectos, relaciones significativas y motivos para mirar hacia delante puede marcar una diferencia importante en su bienestar».

Desde esta óptica, y con el objetivo de contribuir a una conversación más amplia y servir de guía a otras entidades para diseñar oportunidades de participación, propósito y vínculo para las personas mayores, este documento propone una ‘Guía Desoledad’ para un acompañamiento con propósito basada en cinco principios:

1. Partir de los intereses de la persona mayor
El propósito no consiste en encontrar una gran misión vital, sino en conectar con los intereses y deseos de la persona mayor: aquello que realmente quiere hacer, aprender, descubrir, recuperar, esperar o compartir.

2. Diseñar experiencias con significado
La actividad es un medio, no un fin. Su valor reside en lo que genera alrededor: motivación, conversación, aprendizaje, expectativas, recuerdos compartidos y conexión.

3. Construir un vínculo recíproco
El vínculo se construye mediante la continuidad, la conversación y la confianza. La relación adquiere mayor profundidad cuando la persona mayor también puede aportar su experiencia, conocimiento e intereses, y ambas personas encuentran significado en lo compartido.

4. Adaptarse a las circunstancias de cada persona
Querer realizar una actividad no siempre significa poder desarrollarla. El acompañamiento debe ser flexible y accesible, adaptándose a la salud, la movilidad, la autonomía, los ritmos y las circunstancias de cada persona.

5. Contar con una estructura que sostenga el acompañamiento
El acompañamiento necesita una estructura que lo sostenga: preparación del voluntariado, coordinación, seguimiento profesional, capacidad logística y apoyo durante todas las fases, incluido el cierre. Esta estructura permite responder cuando cambian las circunstancias de la persona mayor, la disponibilidad del voluntariado o el contexto de la actividad.

Transiciones vitales: jubilación y fin de la etapa de cuidados

El informe de Fundación Verisure identifica dos momentos de especial vulnerabilidad relacional e identitaria en la madurez:

1. Reconfiguración tras la jubilación

La vivencia de la jubilación no es uniforme. Entre los 60 y los 64 años predomina la incertidumbre económica y adaptativa (31% de preocupación). En cambio, el tramo entre los 65 y 69 años destaca por altos niveles de autonomía e ilusión (70% de tranquilidad). A partir de los 75 años disminuyen paulatinamente la participación social y los proyectos personales debido a cambios en la salud

2. El síndrome del «nido vacío» en cuidadoras

Un dato de especial trascendencia para el sector sociosanitario es la situación de quienes han dedicado su trayectoria al cuidado familiar (un colectivo donde el 87% son mujeres). Aunque el 94% afirma que cuidar de su familia las hacía sentirse útiles, el cese de estas tareas genera consecuencias profundas:

  • Un 42% experimenta vacío personal
  • Un 39% sufre para redefinir su proyecto de vida
  • Un 29 % siente que ya no ocupa un rol relevante en su entorno familiar

Pueden descargar en este enlace el Informe Desoledad 2026 elaborado por la Fundación Verisure.