Salvador Macip, catedrático y director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya, trabaja en un estudio que tiene como objetivo descubrir nuevas herramientas que permitan impulsar intervenciones destinadas a retardar o modificar el envejecimiento no saludable.

La esperanza de vida aumenta en España y ello conlleva una creciente brecha entre la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable, es decir, las personas viven más años —en la actualidad diez más que en 1975—, pero no lo hacen con una mejor salud fruto de un envejecimiento no saludable.

geriatricarea envejecimiento no saludable
Un análisis de sangre puede permitir calcular con una cierta exactitud la edad de cada órgano


Con el avance de la investigación científica y tecnológica, actualmente se dispone de marcadores específicos que ayudan a calcular la edad biológica de una persona con más precisión.

Tal y como indica el investigador Salvador Macip, «tendemos a valorar el envejecimiento a partir de signos externos, como la apariencia, o de factores subjetivos relacionados con la calidad de vida. Hay señales que pueden hacer parecer que una persona está envejecida, pero que son engañosas, como tener canas o arrugas de manera prematura, una menopausia precoz y la presbicia».

«Estos factores externos no necesariamente tienen una correlación exacta con el envejecimiento biológico, dado que no todos los órganos de nuestro cuerpo envejecen a la misma velocidad«, explica Macip.

Predecir complicaciones relacionadas con la vejez

Para el director de los Estudios de Ciencias de la Salud, experto en bases moleculares y celulares del cáncer y enfermedades relacionadas con el envejecimiento, «poder diferenciar el envejecimiento saludable de un envejecimiento acelerado o más pronunciado sería útil para predecir posibles dolencias y complicaciones y, así, poder tratarlas cuanto antes mejor o, incluso, prevenirlas».

«Hoy en día se habla de edad biológica de una manera poco rigurosa. Se intenta condensar un tema muy complejo en una sola cifra que no representa de ninguna forma aquello que realmente está pasando dentro del cuerpo», explica.

Aunque todavía no es posible medir de manera precisa el grado de envejecimiento, existe un gran número de marcadores que pueden dar pistas, como la longitud de los telómeros o los llamados relojes epigenéticos, uno de los métodos más utilizados actualmente para establecer la edad biológica. Esta herramienta calcula las modificaciones químicas que nuestro ADN acumula con la edad y que permiten estimar, en cierto modo, el grado de envejecimiento.

Otros parámetros que también se usan son relojes basados en ómicas, construidos a partir de datos moleculares como la genómica, la transcriptómica, la proteómica, la metabolómica y la metagenómica. «Estos relojes serán útiles si los gestionamos de manera combinada, pero no individualmente, como se suele hacer ahora. Son potentes a la hora de establecer relaciones entre la edad de una población y su riesgo de enfermar, pero no nos permiten medir de manera exacta el riesgo de una persona de sufrir enfermedades relacionadas con la edad«, explica Macip.

En la investigación que lleva a cabo con su equipo, busca marcadores biológicos que, con un análisis de sangre, permitan calcular con una cierta exactitud la edad de cada órgano para predecir qué complicaciones relacionadas con la vejez tienen más posibilidades de aparecer.

La edad biológica «es un concepto muy complejo que no podemos reducir a una simple medida, como se suele hacer tanto desde la ciencia como desde el mundo asistencial», señala el director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya.

Y advierte que «el riesgo es interpretar una estadística como una certeza: la edad biológica estimará tu riesgo de enfermar con la edad, pero no te podrá decir con seguridad si tendrás o no una determinada enfermedad. Estos datos se podrían usar para discriminar a las personas; por ejemplo, negándoles un seguro de salud privada».