Geriatricarea salud bucal DENTAID



Gabriela Bacchini Jeanneret,
Directora Médica de Dentaid

La transformación del modelo de cuidados de larga duración es ya una realidad. Los programas y estrategias actuales enfatizan que la atención integrada y centrada en la persona debe ser un pilar fundamental del nuevo enfoque sociosanitario, priorizando la autonomía, las preferencias, la dignidad y la calidad de vida de cada individuo1.

En este contexto, la salud bucal continúa siendo un aspecto frecuentemente infravalorado a pesar de su enorme impacto en el bienestar físico, emocional y social de las personas mayores2. A nivel global, se estima que la prevalencia de la pérdida total de dientes (edentulismo) aún alcanza el 23% entre las personas de 60 años o más3, lo que refleja la carga de enfermedad bucodental en la vejez.

Actividades cotidianas como hablar, sonreír, comer o relacionarse con comodidad son esenciales para mantener la autonomía y la participación social2; por ello, incorporar la salud bucal dentro de la Atención Centrada en la Persona (ACP) resulta imprescindible en el nuevo paradigma de los cuidados de larga duración4.

Durante décadas, la salud bucodental ha ocupado un lugar secundario dentro de la atención sociosanitaria, especialmente en situaciones de dependencia o fragilidad5. Sin embargo, hoy sabemos que el estado de la boca influye de forma directa en múltiples dimensiones de la salud y la calidad de vida del adulto mayor.

La literatura científica ha demostrado, por ejemplo, la relación entre el estado de salud oral y la calidad de vida en personas mayores institucionalizadas, así como la asociación entre una higiene bucal inadecuada y un mayor riesgo de neumonía por aspiración, al incrementar la carga de bacterias orofaríngeas6. Las patologías orales comunes, como la caries y las enfermedades de las encías, pueden dificultar la alimentación y propiciar situaciones de malnutrición en las personas mayores7,8.

Estos problemas bucales afectan también a la comunicación (por dolor, dificultades del habla o incluso por vergüenza debida a halitosis o pérdida dental), minan la autoestima y reducen la interacción social del mayor9. Todo ello tiene un impacto especialmente significativo en aquellos individuos más vulnerables o con deterioro funcional o cognitivo, que suelen depender de terceros para su higiene diaria10.

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La salud bucal es un elemento estrechamente vinculado a la dignidad y al bienestar emocional de la persona mayor


La ACP parte de reconocer que cada individuo mantiene su identidad, sus preferencias y sus necesidades más allá de la edad o el grado de dependencia. Esa identidad personal también se expresa a través de hábitos cotidianos relacionados con la higiene personal y, en particular, con la salud bucal.

Mantener rutinas conocidas, respetar las preferencias (por ejemplo, respecto al horario o al tipo de productos de higiene bucodental) y fomentar la participación activa de la persona en sus cuidados diarios contribuye a preservar la sensación de control sobre su vida y la continuidad con sus hábitos de siempre.

En este sentido, la salud bucal no debe entenderse únicamente como un asunto clínico o higiénico, sino también como un elemento estrechamente vinculado a la dignidad y al bienestar emocional de la persona. Poder sonreír con confianza, disfrutar de la comida o comunicarse sin dolor ni molestias forma parte de la calidad de vida y determina cómo las personas mayores se ven a sí mismas y se relacionan con los demás2,10.

La innovación en los cuidados de larga duración también exige redefinir el rol de los profesionales sociosanitarios. La salud de la boca no puede depender exclusivamente de intervenciones odontológicas puntuales, sino que debe integrarse dentro de una atención interdisciplinar y preventiva continua.

Diversos expertos destacan la importancia de trabajar con equipos multiprofesionales (odontólogos, personal de enfermería, nutricionistas, geriatras, etc.) para atender en conjunto la salud bucal y general, reducir la polifarmacia y adaptar los cuidados a las necesidades individuales de cada persona10,11. La formación específica de profesionales y cuidadores resulta clave para detectar precozmente problemas bucodentales, promover hábitos saludables y ajustar las técnicas de higiene oral a las capacidades o limitaciones de cada mayor11.

Especialmente en personas con dependencia o con deterioro cognitivo, los profesionales de atención primaria y el personal cuidador desempeñan un papel fundamental. En muchos casos, son ellos quienes acompañan diariamente las rutinas de higiene bucal y pueden identificar cambios (como lesiones, molestias, prótesis mal ajustadas o signos de riesgo de aspiración) que afectan al bienestar de la persona.

Dotar a estos profesionales de herramientas, protocolos y formación adecuados contribuye no solo a mejorar la salud bucal, sino también a reforzar la calidad asistencial y la prevención de complicaciones en este colectivo vulnerable11.

Asimismo, el nuevo modelo de cuidados demanda una mayor integración entre los ámbitos sanitario y social. La salud bucodental debe formar parte de esa visión integral de la persona, incorporándose a los planes individualizados de atención y a las estrategias de prevención y promoción de la salud. No se trata únicamente de tratar enfermedades cuando ya aparecen, sino de preservar capacidades, confort y calidad de vida.

Como ejemplo de este cambio de paradigma, España ha comenzado a priorizar la atención dental preventiva en mayores de 65 años dentro de la sanidad pública, incorporándolos por primera vez como grupo prioritario en la cartera de servicios bucodentales del Sistema Nacional de Salud12. Esta medida ilustrativa refleja cómo los cuidados de larga duración comienzan a evolucionar hacia un enfoque más holístico y equitativo, reconociendo que no hay salud general sin salud bucal.

Por otra parte, la innovación tecnológica abre nuevas oportunidades para fortalecer la atención bucal en la tercera edad. Se están desarrollando dispositivos adaptados (por ejemplo, cepillos, sujetadores especiales o irrigadores) que facilitan la higiene oral en personas con movilidad reducida o problemas de destreza, así como aplicaciones y plataformas digitales para el seguimiento remoto de la salud bucal y la capacitación de cuidadores y profesionales sanitarios.

Sin embargo, la verdadera innovación reside en transformar la mirada hacia una atención centrada realmente en la persona y sus necesidades reales, asegurando que la tecnología sirva para personalizar y humanizar el cuidado y donde la boca sea considerada con la importancia que merece.

En una sociedad cada vez más longeva, promover un envejecimiento digno y saludable exige avanzar hacia modelos de atención verdaderamente integrales. En esa transformación, la salud bucal no puede seguir siendo la gran olvidada. Integrarla de manera efectiva en los cuidados de larga duración significa reconocer que el bienestar de las personas mayores depende también de aspectos cotidianos que afectan a su autonomía, su autoestima y su capacidad de relacionarse con los demás. Porque cuidar la boca es también cuidar la identidad, la dignidad y la calidad de vida de nuestros mayores.

Referencias: