El 15 de junio se celebra el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Este día tiene como objetivo sensibilizar sobre el maltrato y el abuso que sufren muchas personas mayores en el mundo, promoviendo su salud, bienestar y dignidad.
Con motivo de esta día entrevistamos a Cristina Díaz, Directora Territorial Norte y Centro de Colisée España.
¿Cuáles son las formas más habituales de maltrato hacia las personas mayores?
A menudo, cuando pensamos en maltrato, visualizamos únicamente la agresión física o verbal directa, pero en el sector del cuidado nos enfrentamos a formas de maltrato mucho más sutiles y normalizadas socialmente. Una de las más habituales es la deshumanización y la infantilización, que son fruto de estereotipos que asocian la vejez exclusivamente con la fragilidad y la vulnerabilidad.
A nivel más clínico, otra forma histórica de maltrato ha sido el uso innecesario de sujeciones físicas y químicas. Por ello, desde Colisée estamos firmemente comprometidos con la racionalización y liberación de contenciones, ya que la evidencia demuestra que eliminarlas mejora el bienestar físico y emocional de las personas.
¿Qué consecuencias puede tener en su salud física y mental?
Vemos cada día que las consecuencias son devastadoras. Cualquier forma de maltrato o negligencia atenta directamente contra la dignidad y la identidad de la persona. Un claro ejemplo lo vemos en el maltrato psicológico o derivado del aislamiento y la soledad no deseada, que tienen un impacto directo en la salud emocional, acelerando procesos de deterioro cognitivo y mental.

¿Hasta qué punto el edadismo puede derivar en maltrato?
Desde mi punto de vista, el edadismo está en la raíz de muchas situaciones de maltrato hacia las personas mayores. Cuando se discrimina a alguien por su edad, se tiende a invisibilizarle, a restar importancia a su trayectoria vital y, en muchas ocasiones, a cuestionar su capacidad para decidir sobre su propia vida.
Por eso, si realmente queremos prevenir y erradicar el maltrato, primero debemos afrontar el edadismo. En Colisée trabajamos en esa línea a través de programas intergeneracionales que acercan a las personas mayores y a los jóvenes. Estas iniciativas nos ayudan a generar empatía, derribar prejuicios y transmitir una visión del envejecimiento mucho más positiva, basada en el valor, la experiencia y las oportunidades que siguen formando parte de esta etapa de la vida.
¿Continúa siendo un problema “invisivilizado” para gran parte de la sociedad?
Totalmente. La vejez y la dependencia siguen estando marcadas por una discriminación social que, en muchas ocasiones, pasa inadvertida. Lo preocupante es que hablamos de una realidad mucho más extendida de lo que reflejan los datos. Según Naciones Unidas y la OMS, el maltrato hacia las personas mayores es un problema grave y, además, muy poco denunciado: se estima que solo sale a la luz 1 de cada 24 casos.
A esto se suma que son muy pocos los países que cuentan con estudios oficiales, y aun así esos informes ya apuntan a que la violencia o la negligencia afectan a entre el 1% y el 10% de la población mayor. Todo indica, por tanto, que la realidad es todavía más dura de lo que muestran las estadísticas.
Por eso es fundamental dar visibilidad a los derechos de las personas mayores, generar una mayor conciencia social y ayudar a cambiar la mirada que todavía existe sobre el envejecimiento. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más justa, más respetuosa y humana con esta etapa de la vida.
¿Cómo se puede mejorar la coordinación entre los ámbitos social y sanitario a la hora de detectar y abordar esta violencia?
Es fundamental superar la actual fragmentación entre el sistema social y el sanitario porque la falta de coordinación interrumpe la continuidad de los cuidados y genera una gran vulnerabilidad en las personas, dejándolas expuestas en las transiciones entre el hospital, el domicilio y los recursos residenciales.
Para mejorar la detección de cualquier tipo de abuso o negligencia, necesitamos sistemas de información compartidos y equipos multidisciplinares reales. Por ello, en Colisée queremos actuar como puente a través de nuestros Hospitales de Atención Intermedia (HAI), garantizando la continuidad asistencial, asegurándonos de que cada persona siempre cuenta con un acompañamiento profesionalizado, seguro y ético en todo su recorrido vital.
El modelo tradicional de cuidados está en plena transformación. Ante el reto demográfico que afrontamos, ¿hacia dónde debe evolucionar el sistema asistencial y qué papel juega la formación de los profesionales en este cambio?
El futuro del sector pasa por impulsar una profunda transformación en la cultura del cuidado. En Colisée tenemos claro que debemos crear verdaderas Comunidades, entornos de vida integrados en el tejido local. Nuestro papel es garantizar que cada persona mayor siga teniendo un proyecto de vida propio y capacidad de decisión.
Para construir este futuro, la formación del personal es el verdadero motor del cambio. Con esta visión, en Colisée impulsamos la capacitación más allá de lo técnico para ser humana y empática.