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Un artículo de Alicia Sánchez Gil,
audioprotesista, logopeda y responsable de Formación en Audika España

La adaptación a un audífono no termina el día en que la persona sale del centro auditivo con él puesto. Ese momento, que muchas familias viven como el final del proceso, es en realidad el principio. Las semanas siguientes, las que transcurren en el domicilio y en la vida cotidiana, son las que determinan si el audífono se incorpora al día a día o acaba guardado en un cajón.

La pérdida de audición asociada a la edad es una de las condiciones crónicas más frecuentes en la población mayor. Según la Organización Mundial de la Salud, más del 25% de las personas mayores de 60 años presenta una pérdida de audición de grado moderado o superior, que requiere atención auditiva. Cuando no se aborda, sus consecuencias van desde las dificultades de comunicación hasta el aislamiento social, la soledad y un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Hay, sin embargo, una parte del proceso que sigue quedando en la sombra: lo que ocurre después de la adaptación. En el centro auditivo se realiza la adaptación técnica y se programa el dispositivo, pero la habituación continúa en casa, ante los sonidos propios del entorno de cada persona: la nevera, el reloj de la cocina, la calle, las voces de la familia. Y en ese escenario, quienes acompañan a la persona mayor en su domicilio tienen un papel mucho más relevante de lo que suele reconocerse.

Un audífono bien adaptado y utilizado de forma habitual contribuye a mantener la comunicación, participación social y conexión con el entorno


Volver a oír no es un proceso inmediato

Cuando una persona comienza a utilizar audífonos, el cerebro necesita un tiempo para volver a acostumbrarse a sonidos y matices que habían dejado de percibirse. Durante las primeras semanas es normal que algunos sonidos parezcan más intensos o diferentes a lo esperado.

Ese periodo de reajuste explica buena parte de las sensaciones que describen las personas durante los primeros días. Los sonidos pueden parecer excesivamente intensos, metálicos o poco naturales. La propia voz suele resultar extraña. El ruido de fondo, que hasta entonces pasaba desapercibido, se vuelve muy presente.

Nada de esto significa que el audífono esté mal adaptado. Son manifestaciones que pueden aparecer durante un proceso de habituación que necesita tiempo. Pero si nadie lo ha explicado con antelación, es fácil interpretarlas como una señal de que el dispositivo no funciona correctamente.

Los sonidos que sorprenden en casa

Una parte importante de la adaptación consiste en reencontrarse con el contexto sonoro del propio domicilio. Es frecuente que las personas comenten que vuelven a oír el zumbido del frigorífico, el goteo de un grifo, el crujido del suelo o el sonido del papel al doblarse.

Estos sonidos siempre estuvieron ahí, pero habían dejado de percibirse. Al recuperarlos, la persona necesita tiempo para volver a identificar cuáles son relevantes y cuáles puede dejar en segundo plano, especialmente durante los primeros momentos de uso.

La exposición habitual a los sonidos cotidianos forma parte de ese proceso de habituación. Por eso, incorporar el audífono a la rutina diaria y utilizarlo de forma regular, siguiendo las pautas proporcionadas por el profesional de la audición, puede favorecer la adaptación.

Por qué algunos audífonos acaban en el cajón

El abandono temprano del audífono suele deberse a una combinación de factores: incomodidad inicial, dificultades de manejo, expectativas poco realistas o un uso irregular que dificulta la habituación. A ello se suma, en ocasiones, la dificultad emocional para aceptar la pérdida auditiva.

También es habitual que la persona lo utilice únicamente en ocasiones concretas, como una visita o una comida familiar, y lo mantenga guardado el resto del tiempo. Ese uso poco regular puede dificultar precisamente la habituación, porque reduce las oportunidades de acostumbrarse a las nuevas sensaciones auditivas.

El papel de la familia y de los profesionales de la atención domiciliaria

Quienes acompañan a la persona en su domicilio, ya sean familiares o profesionales del servicio de ayuda a domicilio, se encuentran en una posición privilegiada para favorecer la adaptación. Su contacto habitual con la persona permite, además, observar cómo se desenvuelve con el audífono en situaciones reales y detectar dificultades que quizá no aparecen durante una visita puntual al centro auditivo.

Pueden ayudar a identificar situaciones concretas en las que la persona tiene más dificultades, como las conversaciones mientras realiza otras tareas, la televisión, las llamadas telefónicas o la interacción con varias personas al mismo tiempo.

Estas son algunas pautas que pueden ayudar durante las primeras semanas:

  1. Empezar por entornos tranquilos. Es preferible comenzar el uso en casa, en situaciones de conversación sencilla, antes de afrontar espacios ruidosos como una cafetería o una reunión familiar numerosa. Siempre siguiendo las recomendaciones de un experto en salud auditiva.
  2. Favorecer un uso regular. Incorporar progresivamente el audífono a las actividades cotidianas facilita que la persona tenga más oportunidades de habituarse a las nuevas sensaciones, siguiendo las pautas indicadas por el profesional.
  3. Cuidar la forma de hablar. Situarse de frente, a una distancia cercana, con buena iluminación en la cara y hablando con claridad y a un ritmo natural. No es necesario elevar la voz ni exagerar la articulación.
  4. Reducir el ruido de fondo. Bajar el volumen de la televisión o de la radio mientras se conversa mejora la comprensión de forma inmediata.
  5. Normalizar las sensaciones extrañas. Hay que explicar que la propia voz suene distinta o que los sonidos parezcan intensos forma parte del proceso puede ayudar a que no se interpreten como un fallo del dispositivo.
  6. Establecer una rutina diaria. Colocar el audífono siempre a la misma hora, integrado en la rutina de la mañana, reduce el riesgo de que se olvide o se abandone.
  7. Anotar las dificultades concretas. Registrar en qué situaciones aparecen los problemas resulta mucho más útil para el profesional que una valoración general, y permite disponer de información concreta sobre cómo funciona el audífono en el entorno cotidiano.

La atención domiciliaria, clave para el éxito de la adaptación

Un audífono bien adaptado y utilizado de forma habitual contribuye a mantener la comunicación, la participación social y la conexión con el entorno. Sin embargo, el éxito de la adaptación no depende únicamente del dispositivo, sino también del acompañamiento que recibe la persona durante las primeras semanas de uso.

Familiares, cuidadores y profesionales de atención domiciliaria desempeñan un papel fundamental en este proceso. Su apoyo puede favorecer la incorporación del audífono a la rutina diaria, detectar dificultades en situaciones reales y trasladar información útil al profesional de la audición para realizar los ajustes necesarios.

Además, la audición puede cambiar con el paso del tiempo, por lo que las revisiones periódicas permiten comprobar que la adaptación continúa siendo adecuada y mantener los audífonos en las mejores condiciones de funcionamiento. Actualmente, este seguimiento puede complementarse con herramientas remotas que facilitan la atención desde el domicilio.

Cuidar la audición de una persona mayor no consiste únicamente en detectar una pérdida auditiva y adaptar un dispositivo. También implica acompañar su adaptación en el día a día. Porque cuando una persona vuelve a participar en las conversaciones, mantiene su relación con los demás y sigue conectada con su entorno, no solo mejora su capacidad para oír: también se refuerzan su autonomía, bienestar y calidad de vida.

Desde Audika, este acompañamiento continúa después de la adaptación. La compañía ofrece un servicio de seguimiento y posventa sin coste para acompañar al usuario durante todo el proceso, resolver dudas y valorar si es necesario realizar ajustes o nuevas revisiones auditivas periódicas.

Este seguimiento puede incluir consultas online relacionadas con la pérdida auditiva o el uso de los audífonos, ajustes remotos mediante la aplicación móvil, solicitud de pilas y accesorios, asesoramiento sobre mantenimiento, limpieza o posibles incidencias y seguimiento personalizado para valorar si es necesaria una consulta de adaptación o una nueva revisión auditiva.