Un artículo de Alejandro Fernández Menéndez, Terapeuta Ocupacional
La sarcopenia ha dejado de considerarse un fenómeno inevitable del envejecimiento fisiológico para reconocerse como síndrome geriátrico con entidad propia, codificación diagnóstica específica (CIE-10: M62.84) y consecuencias funcionales medibles. Su relevancia para la Terapia Ocupacional radica en que no es la pérdida de masa muscular en sí lo que determina la discapacidad, sino su traducción en pérdida de fuerza y de rendimiento físico durante la ejecución de tareas ocupacionales concretas.

Criterios diagnósticos EWGSOP2
El consenso europeo revisado (European Working Group on Sarcopenia in Older People, EWGSOP2, 2019) estructura el diagnóstico en tres niveles jerárquicos, un aspecto que conviene fijar con precisión de cara a examen:
- Sarcopenia probable: baja fuerza muscular, habitualmente mediante dinamometría de prensión manual. Es el criterio que dispara la sospecha diagnóstica.
- Sarcopenia confirmada: baja fuerza muscular junto con baja cantidad o calidad muscular, objetivada mediante DEXA, bioimpedancia o técnicas de imagen.
- Sarcopenia severa: los dos criterios anteriores junto con bajo rendimiento físico, medido habitualmente mediante velocidad de la marcha, Short Physical Performance Battery (SPPB) o test de levantarse y andar cronometrado (Timed Up and Go).
El cribado poblacional se realiza habitualmente mediante el cuestionario SARC-F, de cinco ítems autoadministrados, cuya puntuación positiva debe confirmarse siempre con dinamometría antes de establecer sospecha diagnóstica.
De la fuerza de prensión a la actividad instrumental
La traducción clínica de la sarcopenia en la práctica de Terapia Ocupacional exige superar la lectura puramente biomédica del dato dinamométrico. Una fuerza de prensión reducida se correlaciona empíricamente con dificultades específicas en tareas de manipulación fina —abrir envases, girar llaves, abrochar botones—, en transferencias que exigen empuje de miembros superiores, y en la marcha funcional necesaria para actividades instrumentales fuera del domicilio, como el uso del transporte público o la realización de la compra.
El modelo Persona-Entorno-Ocupación-Desempeño (PEOP) resulta especialmente pertinente en este síndrome, porque permite analizar cómo la misma limitación de fuerza muscular genera grados de discapacidad muy distintos en función de las demandas del entorno: una persona sarcopénica que vive en una vivienda accesible, de planta baja y con productos de apoyo adecuados, puede mantener una independencia funcional que sería inviable en un entorno con barreras arquitectónicas.

Intervención basada en evidencia
La evidencia actual respalda el ejercicio resistido progresivo como intervención de primera línea, con un matiz relevante para la práctica ocupacional: su eficacia funcional aumenta cuando se integra directamente en la ejecución de tareas significativas —entrenamiento de fuerza aplicado a la actividad de levantarse de la silla, de subir escaleras, de cargar objetos cotidianos— frente al ejercicio puramente analítico y descontextualizado.
El entrenamiento de doble tarea, combinando exigencia motora y cognitiva de forma simultánea, ha mostrado además beneficios adicionales sobre el riesgo de caídas en esta población, dado el frecuente solapamiento entre sarcopenia y fragilidad física.
Puntos de alto rendimiento para examen
- EWGSOP2 invierte la jerarquía diagnóstica previa: la fuerza, no la masa muscular, es el criterio que inicia la sospecha diagnóstica.
- SARC-F es cribado, no diagnóstico: siempre requiere confirmación mediante dinamometría.
- Sarcopenia y fragilidad física se solapan pero no son sinónimos: la sarcopenia es uno de los sustratos biológicos de la fragilidad, no toda persona sarcopénica cumple fenotipo de Fried.
- El ejercicio funcional orientado a tarea es más trasladable al desempeño ocupacional que el ejercicio analítico aislado.
Sobre el autor
Alejandro Fernández Menéndez es Graduado en Terapia Ocupacional , Experto en Gerontología, Rehabilitación Geriátrica y Valoración Funcional de la Discapacidad,
Con cerca de dos décadas de trayectoria ininterrumpida en los ámbitos asistencial, docente y de gestión dentro del sector sociosanitario y de salud pública., está especializado en el diseño, implementación y evaluación de programas de intervención basados en la evidencia para la preservación de la autonomía funcional en el adulto mayor, la rehabilitación geriátrica y el abordaje interdisciplinar de los síndromes geriátricos.
Actualmente desarrolla su práctica asistencial como clínico en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA – SESPA), labor que compagina de manera simultánea con su rol como Terapeuta Ocupacional Valorador de Expedientes de Discapacidad para el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA). En este último cargo destaca su dominio técnico en la valoración funcional y la baremación de expedientes de discapacidad conforme al marco normativo vigente (RD 888/2022), mediante el análisis avanzado de documentación clínica, la aplicación sistemática de escalas estandarizadas y la emisión de informes técnicos periciales.
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