Conscientes de la necesidad de inculcar hábitos de vida saludables en las personas mayores para mejorar el envejecimiento y ayudarles a conseguir una máxima autonomía y una buena calidad de vida, la Federación Española de Industrias Lácteas (FeNIL) y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) han puesto en marcha del programa Envejecimiento activo y alimentación, según informa Europa Press
Desde FeNIL se hace hincapié en que, además de ejercicio físico y el bienestar emocional, para poder vivir de una manera saludable en necesario mantener una alimentación adecuada. Por ello, destacan «la importancia de los productos lácteos para conseguir una dieta equilibrada, gracias a la riqueza y variedad de sus componentes nutricionales».

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Los lácteos aportan una elevada densidad de nutrientes, así como vitaminas y minerales

Dentro de esta campaña, FeNIL ha puesto en marcha unos talleres, donde un educador social dará ciertos consejos que pretenden ayudar a la inserción plena de los mayores en la sociedad y a concienciar de la importancia de seguir una dieta equilibrada. Estos talleres, inpartids en colaboración con la SEGG, tienen una duración aproximada de dos horas y están dirigidos a residentes de centros de mayores de todas las comunidades autónomas españolas.
Según el director general de FeNIL, Luis Calabozo, dado que hoy en día la población «vive más y con mejor salud» es necesario «seguir las pautas adecuadas para un envejecimiento saludable y llevar una alimentación equilibrada». También considera «fundamental recordar la abundancia y elevada densidad de nutrientes de los productos lácteos, así como su contenido en vitaminas y minerales, en especial las vitaminas A, D, E, vitamina B2 y calcio».
Otros objetivos de este programa son también recoger las dudas más comunes en la sociedad respecto al consumo de los productos lácteos y desmitificar muchas de las creencias que conllevan a la falta de consumo de estos productos. Algunas de ellas son que la leche sin lactosa es igual que la leche natural o la posibilidad de consumir otros productos lácteos, como quesos o yogures, cuando existe una intolerancia a la leche.