Distinguida con el Premio del Público en el Festival de Locarno, llega a los cines ‘Nuestro último baile’, una comedia vitalista que cuestiona el trato infantilizado que se da a los mayores en forma de alegato a la vida. Así mismo, esta película pone en valor el poder terapéutico de la danza contemporánea como un arte accesible a todo el mundo.

La directora suiza Delphine Lehericey regresa con su tercer largometraje, Nuestro último baile, que ha recibido el Premio del Público en el Festival de cine de Locarno. Este film da un toque de atención, en un registro cómico, a todos esos adultos que tratan a sus mayores, independientes, autónomo y útiles como adolescentes. También destaca el poder terapéutico de la danza contemporánea como un arte accesible a todo el mundo.

Geriatricarea Nuestro último baile

Un personaje joven de espíritu: Germain, interpretado por el ganador del premio César François Berléand, es el protagonista de este largometraje. Germain «se rebela» ante sus hijos buscando refugio en algo que nunca antes había experimentado, la danza contemporánea.

Esta disciplina resulta extraña para el personaje pero no para la cineasta, ya que, antes de dedicarse al mundo audiovisual, Delphine Lehericey había trabajado sobre las tablas en proyectos con una intensa vinculación con la danza.

Por eso no dudó en fichar para esta película a La Ribot, artista multidisciplinar madrileña, una mujer referente con reconocimientos tales como el Premio Nacional de Danza o la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, entre otros. En este film no solo se ha encargado de la coreografía de la película, sino que se ha estrenado como actriz, interpretando un curioso personaje de sí misma.

‘Nuestro último baile’, que se estrenará en salas españolas el 15 de marzo. también supone el debut en la distribución de Lazona, (productora de éxitos como la saga ‘Ocho apellidos’ o ‘No habrá paz para los malvados’).

Geriatricarea Nuestro último baile

Sinopsis

Germain, un jubilado de 75 años, intenta reconstruir su vida tras la pérdida repentina de su esposa. Su familia no se lo pone fácil y trata de sobreprotegerle con visitas inesperadas, llamadas incesantes y pilas de tuppers en la nevera… Aunque él tiene claro su objetivo: sin que ellos lo sepan, hará todo lo posible por cumplir una promesa que se hicieron hace tiempo y que le introducirá de lleno en un mundo que le es completamente ajeno, el de la danza. 


Germain nunca ha bailado, no tiene ritmo, pero en esa promesa, en cada una de sus gestos, en sus quejas, en su dolor… hay poesía. Y como hace La Ribot en su día a día, en este personaje va a encontrar el verso perfecto. Desde el primer ensayo hasta el último, todas las emociones que German tiene dentro van a servir de catalizador, la danza contemporánea será su forma de expresión, de transición terapéutica. Y su colofón será la demostración de esta máxima: todos los cuerpos son válidos para crear arte.