Un análisis realizado por MimoCare pone cifras al desgaste físico, emocional y económico que sufren más de 1,2 millones de cuidadores no profesionales en España, advirtiendo de que el modelo actual descansa sobre un pilar de cuidados «invisible e insostenible». Y es que un 86% de los cuidadores informales en España padece ansiedad y el 65% sufre síntomas depresivos debido al estrés crónico y a la alta demanda emocional.
En España, más de 1,6 millones de personas reciben cuidados informales de familiares no profesionales, según los últimos datos del Centro de Investigaciones de la Economía y la Sociedad del Envejecimiento (CENIE). Quienes asumen este rol dedican una media de 78 horas semanales —lo que equivale prácticamente a dos jornadas laborales completas de forma simultánea— a atender a sus seres queridos, acumulando la cifra de 124 millones de horas de trabajo no remunerado cada semana.

De acuerdo con las estimaciones de Funcas, centro dedicado a la investigación económica y social, si esta ingente labor fuera remunerada, su valor económico oscilaría entre los 23.065 y los 50.160 millones de euros anuales, lo que representa entre el 2,1 % y el 4,6 % del Producto Interior Bruto (PIB) español.
A pesar de esta enorme magnitud, la contribución de los cuidadores informales permanece completamente invisible en las cuentas públicas, sin una partida presupuestaria específica ni un registro sistemático. Ante esta situación, MimoCare, empresa autorizada de atención a domicilio, ha publicado este informe para visibilizar el coste real que asumen las familias y exigir la profesionalización del sector.
Mujer, 52 años y sin empleo remunerado: el perfil de la cuidadora «invisible»
El perfil del cuidador informal en España tiene un marcado sesgo de género. En el 85% de los casos, quien asume la responsabilidad principal es una mujer con una edad media de 52 años y, mayoritariamente, sin una ocupación remunerada. Por parentesco, en el 43% de las ocasiones se trata de hijas que atienden a sus progenitores, seguidas por esposas (22%) y nueras (7,5%).
El impacto sobre la vida personal y laboral resulta demoledor. El 63,7% de los cuidadores afirma haber reducido severamente su tiempo de ocio, mientras que el 54,4% sufre consecuencias directas en su economía y vida profesional. Según la Encuesta de Población Activa, 1,2 millones de personas están inactivas o han recortado su jornada laboral para cuidar.
Entre quienes atienden la dependencia severa, el 23% de las mujeres ha abandonado definitivamente su empleo, y un 8% de las inactivas declara no poder plantearse trabajar fuera de casa mientras mantenga esta carga.
Tal y como señala Álvaro Morales, responsable de MimoCare, “muchas de las familias que nos contactan lo hacen en un momento límite. La hija que llevaba tres años cuidando sola a su madre ya no puede más, ha dejado su trabajo, su salud se ha resentido y su relación familiar se ha deteriorado. Lo que debería ser un acto de amor se convierte en una trampa cuando no hay apoyo profesional”.
“El cuidador invisible es, en la inmensa mayoría de los casos, una cuidadora. Una mujer que ha sacrificado su carrera, su salud y su vida social. Cuando profesionalizamos ese cuidado, no solo mejoramos la atención al mayor, sino que liberamos a esa mujer de una carga que no debería recaer exclusivamente sobre sus hombros”, afirma Álvaro Morales.
Ansiedad, depresión y ‘caregiver burnout’
El conocido como síndrome del cuidador quemado (caregiver burnout) es una realidad clínica extendida. Un 86% de los cuidadores informales en España padece ansiedad y el 65% sufre síntomas depresivos debido al estrés crónico y a la alta demanda emocional. En la actualidad, España cuenta con 1.644.073 personas con dependencia reconocida, y uno de cada cinco españoles mayores de 50 años ejerce como cuidador no profesional.
Según el estudio CUIDARSE de Escuela Andaluza de Salud Pública:
- dos de cada tres cuidadores refieren problemas de salud física asociados
- seis de cada diez sufren perjuicios laborales
- cuatro de cada cinco registran un deterioro en su vida sociofamiliar
Esto genera una sobrecarga que castiga con más dureza a las mujeres al sumarse a brechas de género preexistentes.
A todo ello se suma el desembolso económico directo que afronta un hogar oscila entre los 4.972,72 euros anuales en casos leves y los 21.479,15 euros en dependencias graves (Revista Española de Salud Pública). A esto se añaden costes indirectos drásticos: pérdida de salarios, menor cotización y futuras pensiones de jubilación más bajas, revela el análisis realizado por MimoCare.
En 2026, el coste de contratar asistencia profesional por horas en España se sitúa entre 9,55 y 9,90 euros la hora, mientras que el salario mínimo para cuidadores a jornada completa se ha incrementado a 1.221 euros brutos mensuales (14 pagas). Aunque suponga una inversión, resulta infinitamente más sostenible que la pérdida de empleo, carrera y salud de un familiar.
“Muchas familias nos dicen que contratar a una cuidadora profesional les ha devuelto la vida. Recuperan el sueño, vuelven a trabajar y, paradójicamente, mejoran la relación con su familiar porque vuelven a ser simplemente su hijo o su hija”, concluye el responsable de MimoCare.