En el marco del proyecto Emorobcare, investigadores del CSIC han desarrollado un robot de bajo coste que usa modelos matemáticos e inteligencia artificial para tomar decisiones y expresar emociones de forma autónoma. Este un robot se ha empezado a probar en terapias para niños con autismo, pero el puede aplicarse a otros ámbitos, como el acompañamiento a personas mayores.
Este robot coterapeuta capaz de para tomar decisiones autónomas y expresar emociones simuladas ha sido desarrollado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) pertenecientes al Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y al Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA).
El proyecto, desarrollado en el marco del programa Emorobcare, busca ofrecer una herramienta asistencial accesible. El robot “está diseñado para interactuar con personas, es de bajo coste y tiene múltiples usos potenciales”, indiva David Ríos Insua, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), quien colidera el proyecto junto a Juan Antonio Rodríguez Aguilar, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA).

Modelos adaptados de voz, visión y «objetivos vitales»
El sistema integra múltiples modelos de IA (reconocimiento del habla, lenguaje natural, síntesis de voz y visión por computador) optimizados para ofrecer interacciones ágiles sin requerir un alto coste computacional. Para comunicarse de forma natural, el robot reproduce tonos expresivos, susurros o el arrastre de letras —pistas lingüísticas habituales en terapia— tras haber clonado la voz de actores profesionales. A su vez, su visión por computador reconoce gestos característicos no verbales.
La toma de decisiones autónoma se rige por una jerarquía de «objetivos vitales», que dependen del contexto de aplicación. Las consecuencias de estas decisiones influyen directamente en el “estado emocional” del robot, lo que, a su vez, modifica sus propios objetivos y comportamientos. “Básicamente, si el resultado de una decisión es positivo, el robot se pone más contento; cuanto más inesperado es ese resultado, mayor es la intensidad de esa emoción. Si es negativo, ocurre lo contrario”, explica Ríos Insua.
Estas variaciones emocionales se reflejan en su expresión facial, en su forma de hablar y en su comportamiento: cuando está más contento, tiende a perseguir objetivos más avanzados; cuando está más triste, se centra en los más básicos.
Complemento de apoyo al trabajo de los profesionales
Los investigadores del CSIC destacan que el robot no busca sustituir a los profesionales, sino actuar como un complemento de apoyo. Dado su bajo peso y coste reducido, los investigadores vislumbran una futura disponibilidad 24/7 para reforzar la terapia presencial en hogares o entornos con escasez de terapeutas.
“Hay bastante debate ético-tecnológico sobre si simular emociones es engañar al usuario, pero para nosotros es una forma de mejorar la interacción y realizar una acción positiva sobre él”, asegura David Ríos Insua, investigador del ICMAT-CSIC.
Este trabajo se está realizando en el marco del proyecto Emorobcare, financiado por el programa IA Excelente de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.