geriatricarea Prescripcion Centrada en la Persona

Un artículo de Anna Barraquer y Elena Pshenchenko,
Jefa de Farmacia y Responsable de Fragilidad Avanzada y Cuidados Paliativos
del Hospital Evangèlic de Barcelona, respectivamente.

Los síndromes geriátricos constituyen uno de los mayores retos en la atención a las personas mayores. La fragilidad, las caídas, el delirium, la inmovilidad, la incontinencia o el deterioro cognitivo suelen coexistir con la multimorbilidad y la polimedicación, una combinación que incrementa el riesgo de acontecimientos adversos y puede generar un círculo en el que los tratamientos alivian síntomas, pero también contribuyen a la aparición de nuevos problemas de salud. De hecho, muchos de estos síndromes no solo se agravan por la polimedicación, sino que pueden ser consecuencia directa de ella.

En este contexto, la Prescripción Centrada en la Persona (PCP) se ha consolidado como una estrategia eficaz para optimizar la farmacoterapia y adaptar las decisiones clínicas a las necesidades reales de cada paciente. Más que retirar medicamentos de forma sistemática, busca garantizar que cada tratamiento continúe aportando un beneficio clínico relevante y esté alineado con los objetivos asistenciales y las preferencias de la persona.

La PCP forma parte del modelo asistencial del Hospital Evangèlic de Barcelona, referente en atención a la fragilidad, donde los equipos de geriatría y farmacia clínica trabajamos conjuntamente en la revisión de la medicación de pacientes con elevada complejidad.

Para evaluar su impacto, en 2025 el Hospital puso en marcha un estudio piloto con 116 pacientes. De ellos, 70 recibieron atención basada en la PCP y 46 siguieron el modelo convencional de conciliación farmacológica. Ambos grupos presentaban características clínicas comparables en edad, comorbilidad y perfil de fragilidad, lo que permitió valorar el efecto específico de la intervención.

Los resultados preliminares muestran que la aplicación sistemática de la Prescripción Centrada en la Persona permitió reducir una media de 2,08 medicamentos en la prescripción al alta y de 2,76 durante la hospitalización, cifras superiores a las observadas en el grupo control.

Además, disminuyó significativamente la carga anticolinérgica —medida mediante el Drug Burden Index (DBI)—, un indicador estrechamente relacionado con el riesgo de efectos adversos asociados a fármacos sedantes y anticolinérgicos.

La intervención también logró simplificar el tratamiento farmacológico: la complejidad de la medicación, evaluada mediante el índice MRCI-E, descendió un 18% al alta en el grupo de intervención, mientras que en el grupo control aumentó un 8,5%.

Asimismo, la PCP mostró una tendencia a reducir el coste farmacológico durante la hospitalización y al alta, aunque las diferencias respecto al grupo control no fueron estadísticamente significativas.

geriatricarea Prescripcion Centrada en la Persona
En la imagen, la Dra. Pshenchenko, Responsable de Fragilidad Avanzada y Cuidados Paliativos, con Flora, paciente del Hospital Evangèlic de Barcelona.


Mejorar la adecuación de los tratamientos

Estos resultados reflejan el valor de un modelo basado en la valoración geriátrica integral. La PCP considera la situación funcional, el estado cognitivo, el grado de fragilidad, el pronóstico y las prioridades de cada paciente para adaptar la farmacoterapia a sus necesidades reales.

Esta revisión individualizada permite identificar fármacos que pueden aumentar el riesgo de caídas o delirium, favorecer el estreñimiento o contribuir al deterioro funcional. Al mismo tiempo, la simplificación de pautas terapéuticas complejas mejora la adherencia y facilita el manejo de la medicación, un aspecto especialmente relevante en personas con deterioro cognitivo o dependencia.

Más allá del posible impacto económico, el principal valor de la PCP radica en mejorar la adecuación de los tratamientos y reducir la exposición a medicamentos potencialmente inapropiados. Pese a que el análisis definitivo del estudio continúa en marcha, los datos disponibles respaldan el papel de este modelo como una herramienta clave para afrontar la complejidad clínica de los pacientes geriátricos.

El creciente envejecimiento de la población y el aumento de la fragilidad plantean nuevos retos asistenciales que requieren integrar la valoración geriátrica, el trabajo interdisciplinar y la individualización del tratamiento. Solo así será posible avanzar hacia una atención más segura, eficiente y verdaderamente centrada en la persona.

Porque, en geriatría, el éxito terapéutico no se mide por el número de medicamentos prescritos, sino por la capacidad de preservar la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida de las personas.