Un artículo de Alejandro Fernández Menéndez, Terapeuta Ocupacional

La fragilidad constituye, junto a la discapacidad y la comorbilidad, uno de los tres grandes constructos que la Geriatría contemporánea utiliza para caracterizar la vulnerabilidad del paciente mayor.

Con frecuencia se confunden entre sí en la práctica clínica y también en el ámbito de las oposiciones, por lo que conviene fijar la diferencia desde el inicio: la comorbilidad hace referencia a la coexistencia de dos o más enfermedades crónicas; la discapacidad, a la pérdida ya instaurada de función; y la fragilidad, a un estado fisiológico de reducción de la reserva homeostática que precede, y en gran medida predice, la aparición de discapacidad.

Los tres constructos se solapan parcialmente en la población mayor, pero no son sinónimos, y esta distinción conceptual suele ser objeto de pregunta en procesos selectivos.

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La prefragilidad representa una ventana de oportunidad en la que el desempeño ocupacional aún no se ha deteriorado de forma estructural


El fenotipo de Fried y la escala de fragilidad clínica

El modelo más citado en la literatura sigue siendo el fenotipo biológico descrito por Fried et al. (2001), que opera sobre cinco criterios objetivables:

  • Pérdida de peso involuntaria (≥ 4,5 kg o ≥ 5 % del peso corporal en el último año).
  • Agotamiento autopercibido (escala CES-D).
  • Debilidad muscular, medida mediante dinamometría de prensión ajustada por sexo e índice de masa corporal.
  • Lentitud de la marcha (velocidad ajustada por sexo y talla, habitualmente sobre 4 o 6 metros).
  • Baja actividad física, estimada mediante cuestionario de gasto energético semanal.

La presencia de tres o más criterios define fragilidad; uno o dos, prefragilidad; y la ausencia de todos, robustez. Junto a este modelo biológico coexiste el modelo acumulativo de déficits de Rockwood, operativizado clínicamente en la Clinical Frailty Scale (CFS), de uso extendido en la práctica hospitalaria por su rapidez de aplicación, aunque con menor capacidad discriminativa en fases iniciales que el fenotipo de Fried.

Por qué la prefragilidad es el objetivo terapéutico prioritario

Desde el punto de vista funcional, el interés clínico de la fragilidad no reside únicamente en su detección, sino en su reversibilidad potencial cuando se interviene en fase prefrágil.

A diferencia de la discapacidad establecida, la prefragilidad representa una ventana de oportunidad en la que el desempeño ocupacional aún no se ha deteriorado de forma estructural, y en la que la intervención interdisciplinar —con la Terapia Ocupacional como eje de la vertiente funcional— puede revertir o enlentecer significativamente la trayectoria hacia la dependencia.

Aportación específica de la Terapia Ocupacional

El terapeuta ocupacional no se limita a aplicar el cribado de fragilidad, sino que traduce sus resultados en términos de desempeño ocupacional real, algo que las escalas biomédicas no capturan por sí solas.

La valoración debe combinar instrumentos de resultado centrados en la persona —como la Canadian Occupational Performance Measure (COPM)— con pruebas de ejecución observada, como el Assessment of Motor and Process Skills (AMPS), que permite objetivar la calidad motora y de procesamiento durante la realización real de tareas cotidianas, más allá del autoinforme.

La intervención en el paciente prefrágil se estructura habitualmente en tres ejes:

  • entrenamiento graduado de actividades instrumentales de la vida diaria con exigencia física y cognitiva progresiva
  • ejercicio funcional orientado a tarea, integrando fuerza y equilibrio dentro de la ocupación significativa y no como ejercicio analítico aislado
  • modificación del entorno físico y social para reducir barreras de participación, en línea con el modelo Persona-Entorno-Ocupación-Desempeño (PEOP)

Puntos de alto rendimiento para examen

  • Fragilidad, comorbilidad y discapacidad son constructos distintos que pueden coexistir pero no se implican mutuamente.
  • El fenotipo de Fried exige ≥3 criterios de 5; la CFS es una escala ordinal de juicio clínico global, no un cribado biométrico.
  • La prefragilidad, no la fragilidad ya establecida, es la fase de máxima rentabilidad terapéutica por su reversibilidad.
  • La OMS y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología recomiendan el cribado sistemático de fragilidad en mayores de 70 años en Atención Primaria.