Un artículo de Accent Social

Las caídas constituyen uno de los síndromes geriátricos más frecuentes y con mayor impacto en la calidad de vida de las personas mayores. En muchos casos, no solo generan lesiones físicas, sino que también provocan pérdida de autonomía, miedo a volver a moverse y un deterioro progresivo de la funcionalidad.

En este contexto, el domicilio —habitualmente percibido como un entorno seguro— puede convertirse en un espacio de riesgo si no se identifican y corrigen determinados factores. Aquí es donde el Servicio de Atención Domiciliaria (SAD) adquiere un papel clave, tanto en la prevención como en la detección precoz de situaciones de riesgo.

Desde Accent Social, entidad especializada en servicios de atención domiciliaria y viviendas con servicios para personas mayores, la prevención de caídas forma parte de la atención diaria que los equipos profesionales prestan en los domicilios.

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Las caídas son uno de los síndromes geriátricos más frecuentes y con mayor impacto en la calidad de vida de las personas mayores


Detección precoz de riesgos: observar para prevenir

Uno de los principales valores del SAD es su capacidad para intervenir directamente en el entorno habitual de la persona. A través de la observación continuada, las profesionales de atención domiciliaria pueden identificar factores que incrementan el riesgo de caídas: desde obstáculos físicos hasta hábitos poco seguros.

Tal y como explica Andrea Mateos, coordinadora técnica del SAD de Castelldefels, gestionado por Accent Social, los riesgos más habituales se concentran en situaciones cotidianas: “Las caídas por resbalones al entrar o salir de la ducha son muy frecuentes. También en la cocina, cuando hay restos de comida o líquidos en el suelo. Además, las escaleras, tanto en el domicilio como en zonas comunes, representan un factor de riesgo importante”.

A estos elementos se suman otros factores aparentemente menores, pero muy presentes en el día a día, como cables en zonas de paso, alfombras mal fijadas o pavimentos en mal estado, que pueden desencadenar accidentes si no se corrigen a tiempo.

Intervención en el domicilio: de la detección a la prevención activa

La adaptación del hogar es una de las estrategias más eficaces para reducir el riesgo de caídas. En muchos casos, no se requieren grandes reformas, sino ajustes sencillos que faciliten la movilidad y minimicen situaciones de peligro.

Entre las medidas más habituales sugeridas por los profesionales de Accent Social destacan especialmente las relacionadas con la higiene personal, uno de los momentos de mayor vulnerabilidad: “Se recomienda la instalación de barras de apoyo, asideros, platos de ducha accesibles o taburetes de ducha para facilitar una higiene más cómoda y segura”, señala Mateos.

Estas intervenciones, aparentemente simples, tienen un impacto directo en la seguridad y en la autonomía de la persona, contribuyendo a que pueda desenvolverse con mayor confianza en su entorno habitual.

La prevención también forma parte del trabajo cotidiano de las trabajadoras familiares de Accent Social. Tal y como explica Victoria Ruiz, trabajadora familiar del SAD de Castelldefels, “es fundamental retirar obstáculos como alfombras, cables u objetos que puedan dificultar el paso y aumentar el riesgo de tropiezos”.

La profesional destaca además la importancia de contar con apoyos en zonas especialmente sensibles como el baño, así como utilizar ayudas técnicas cuando son necesarias. “El uso de bastones o caminadores, junto con una buena iluminación —especialmente durante la noche—, es clave para prevenir caídas”. Asimismo, recuerda que la actividad física regular, como salir a caminar, contribuye a mantener la movilidad, la fuerza muscular y el equilibrio.

Deterioro cognitivo y caídas: un riesgo añadido

El deterioro cognitivo incrementa el riesgo de caídas al afectar la atención, la orientación y la capacidad de percibir situaciones de peligro. Como señala la trabajadora familiar, las personas con deterioro cognitivo “pueden tener más dificultades para identificar obstáculos o reaccionar adecuadamente”, lo que requiere una intervención específica y adaptada. En estos casos, Ruiz, indica que la combinación de estimulación cognitiva, acompañamiento y supervisión adaptada resulta clave para reducir riesgos y mejorar la seguridad en el entorno domiciliario.

Cuando se detecta una situación de riesgo, los profesionales del SAD activan un circuito de intervención que permite una respuesta ágil y coordinada: “Cuando las auxiliares detectan cualquier tipo de riesgo, lo comunican a coordinación para su valoración. Posteriormente, se contacta con el Departamento de Prevención de Riesgos Laborales para evaluar la situación y proponer las medidas necesarias”, explica la coordinadora técnica del SAD de Castelldefels.

Este enfoque interdisciplinar permite actuar de forma preventiva y adaptada a cada caso concreto, reforzando una atención centrada en la persona.

Más allá de la prevención: autonomía y calidad de vida

Prevenir caídas también significa preservar la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores. En este sentido, todas las actuaciones del SAD comparten un objetivo común: “Mejorar la seguridad de la persona usuaria y favorecer que pueda permanecer en su domicilio en las mejores condiciones posibles, con el máximo nivel de autonomía y seguridad”, afirma Mateos.

El trabajo del SAD, basado en la proximidad y la observación continuada, contribuye a crear entornos más seguros y adaptados a las necesidades de cada persona. La experiencia de Accent Social en servicios de atención domiciliaria y viviendas con servicios para personas mayores demuestra que muchas caídas pueden prevenirse mediante una detección precoz, pequeñas adaptaciones en el hogar y un acompañamiento personalizado.