Un artículo de Claudia Pueyo, Directora Médica de Atlàntida Residències
La noche ha sido siempre un momento especialmente sensible en los entornos residenciales geriátricos. Los residentes pueden presentar alteraciones del sueño, episodios de confusión, problemas de movilidad que pueden incrementar el riesgo de accidentes. El seguimiento nocturno ha dependido históricamente de rondas periódicas y de la observación directa del personal, herramientas válidas, pero inevitablemente limitadas.

En este contexto, la residencia Mas d’Anglí de Atlàntida Residències ha incorporado un sistema basado en sensores ópticos inteligentes instalados en las habitaciones, capaz de registrar de forma continua los patrones de actividad nocturna de cada residente. El sistema puede detectar si una persona ha descansado adecuadamente, si se ha levantado de la cama, si presenta episodios de agitación o si muestra indicios de desorientación o riesgo de caída, generando alertas que permiten al personal actuar de manera más rápida y preventiva.
Una de las ventajas más destacadas de esta tecnología es la posibilidad de personalizar la atención a partir de datos objetivos. Conocer los patrones de sueño de cada persona o identificar cambios en su comportamiento nocturno permite revisar tratamientos, anticipar complicaciones y adaptar las intervenciones a cada situación. Además, el control inteligente de los cambios de posición ayuda a evitar interrupciones innecesarias del descanso.
Más allá de la atención directa, esta herramienta también contribuye a optimizar la organización de los recursos asistenciales. La información generada permite planificar mejor las tareas nocturnas, priorizar las intervenciones y distribuir los recursos humanos de manera más eficiente. En un entorno asistencial complejo, contar con datos fiables y actualizados es una ayuda muy valiosa para la toma de decisiones, y permite dedicar más tiempo allí donde realmente es necesario.
Conviene subrayar también lo que esta tecnología no pretende ser: un sustituto de la atención humana. La inteligencia artificial aporta información valiosa, pero la interpretación clínica, la toma de decisiones y, sobre todo, el vínculo con la persona sigue siendo responsabilidad de los profesionales. En la atención a personas mayores, la dimensión humana no es complementaria; es central.
Como en cualquier tecnología aplicada a entornos de cuidado, la protección de la intimidad es un aspecto que merece atención. En el caso de Mas d’Anglí, el sistema opera garantizando la confidencialidad de los datos y el respeto a la privacidad de los residentes, condiciones que forman parte del propio diseño de la herramienta. La confianza de las personas y sus familias es, en este sentido, un valor que guía su implementación.
La experiencia de Mas d’Anglí ilustra un enfoque que gana terreno en el sector sociosanitario: el uso de la tecnología no como fin en sí mismo, sino como medio para mejorar la calidad asistencial. En un ámbito que afronta retos estructurales importantes —envejecimiento de la población, presión sobre los recursos humanos, demanda creciente de atención personalizada—, disponer de herramientas que aporten datos fiables y en tiempo real representa una ayuda real para los equipos profesionales.
La inteligencia artificial no resuelve por sí sola los desafíos del cuidado a las personas mayores, pero bien aplicada puede contribuir a que ese cuidado sea más seguro, más informado y centrado en quien lo necesita.