Un artículo de Noa Álvarez López,
estudiante en prácticas del Grado de Psicología en el CES Cardenal Cisneros (UCM)
Supervisado por Carlota Sáenz de Urturi Gómez-Centurión (M-31299),
Directora y neuropsicóloga de Cognitiva Chamberí
El envejecimiento poblacional es uno de los principales retos de la salud pública y social actualmente. El aumento de la esperanza de vida ha generado una mayor proporción de personas mayores que necesitan atención y servicios (Alcala Silva et al., s.f.). Por ello, la innovación en los cuidados de larga duración es imprescindible para preservar la calidad de vida de este colectivo.
En este contexto, las tecnologías digitales podrían ser una herramienta clave para responder a estas necesidades, con nuevas formas de apoyo, seguimiento y estimulación.
Los cuidados de larga duración (CLD) se definen como el conjunto de apoyos proporcionados por cuidadores informales o profesionales para garantizar el bienestar, la autonomía y la dignidad de las personas que no pueden realizar actividades básicas de manera independiente (Pinazo-Hernandis, 2024).
Sin embargo, el modelo actual presenta limitaciones importantes. En España, una gran parte de estos cuidados recae en el entorno familiar, alcanzando cerca del 80% de la atención (Masana, 2017). Esto acentúa la necesidad de desarrollar nuevas estrategias que complementen los sistemas tradicionales.
En este sentido, la incorporación de tecnologías no solo supone una mejora de los aspectos técnicos, sino también un cambio en el modelo de atención hacia un enfoque más centrado en la persona, donde la personalización de los cuidados es fundamental (Pinazo-Hernandis, 2024).

El uso de tecnologías digitales en el ámbito de la salud ha crecido significativamente en los últimos años, ofreciendo soluciones que abarcan desde la telemedicina hasta la rehabilitación y estimulación cognitiva (Alcala Silva et al., s.f.).
Entre sus principales aportaciones destacan:
- Seguimiento y monitorización de la salud, permitiendo registrar actividad física, patrones de movimiento o riesgo de caídas.
- Rehabilitación virtual, que facilita la realización de ejercicios supervisados a distancia.
- Apoyo a la salud mental y cognitiva, mediante actividades digitales que estimulan la creatividad y la memoria.
Además, estas tecnologías contribuyen a mejorar la accesibilidad a los servicios sanitarios, reduciendo desplazamientos y facilitando la atención desde el hogar (Alcalá Silva et al., s.f.).
Este avance ha cobrado todavía más importancia desde la pandemia de la COVID-19, momento en el que la atención psicológica online experimentó un gran crecimiento. Durante ese periodo, muchas personas no podían acudir presencialmente a consultas o centros sanitarios debido a las restricciones y al riesgo de contagio, por lo que las videollamadas, plataformas digitales y aplicaciones de salud mental se convirtieron en herramientas fundamentales para garantizar la continuidad de la atención psicológica.
A partir de entonces, la terapia online comenzó a normalizarse y a consolidarse como una alternativa complementaria a la atención presencial. Esto ha permitido que muchas personas, especialmente aquellas con movilidad reducida, personas mayores o usuarios que viven en zonas alejadas de los servicios sanitarios, puedan acceder con mayor facilidad al apoyo psicológico y neuropsicológico.
Además, la atención online ha favorecido una mayor flexibilidad horaria y continuidad en los tratamientos, reduciendo barreras relacionadas con el transporte, el tiempo o la dependencia de otras personas para acudir a consulta.
En el caso de las personas mayores, estas herramientas han facilitado el seguimiento terapéutico, la estimulación cognitiva a distancia y el contacto continuado con los profesionales, contribuyendo a disminuir situaciones de aislamiento social y soledad que aumentaron especialmente tras la pandemia.
Aunque la atención presencial sigue siendo fundamental en muchos casos, el desarrollo de la intervención online ha supuesto un cambio importante en la forma de entender los cuidados psicológicos, avanzando hacia modelos más accesibles, flexibles y adaptados a las necesidades individuales de cada persona.
Desde una perspectiva más amplia, el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica o la domótica está transformando los cuidados, permitiendo mantener la autonomía y favorecer el envejecimiento en el propio domicilio (Pinazo-Hernandis, 2024).
También puede destacarse la importancia de la geolocalización en el cuidado de las personas mayores, especialmente en aquellas con deterioro cognitivo o riesgo de desorientación. El uso de dispositivos con GPS, relojes inteligentes o aplicaciones móviles permite localizar a la persona en tiempo real, aumentando su seguridad y ofreciendo una mayor tranquilidad tanto a familiares como a profesionales.
Además, esta tecnología favorece la autonomía personal, ya que muchas personas mayores pueden mantener actividades cotidianas fuera del domicilio con una mayor sensación de independencia y menor supervisión constante. De este modo, la geolocalización contribuye a promover un envejecimiento más activo y seguro, permitiendo equilibrar protección y autonomía dentro de un modelo de atención centrado en la persona.
Estimulación Cognitiva Digital
Dentro de estas innovaciones, la estimulación cognitiva digital se ha convertido en una herramienta especialmente importante para trabajar con personas que presentan deterioro cognitivo o demencias.
El deterioro cognitivo hace referencia a la pérdida progresiva de capacidades mentales como la memoria, la atención, el lenguaje o la capacidad para resolver problemas y realizar actividades cotidianas. Estas dificultades suelen aparecer con el envejecimiento o en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, afectando poco a poco a la autonomía y calidad de vida de la persona.
En este contexto, las tecnologías digitales permiten crear actividades y ejercicios adaptados a las necesidades y capacidades de cada usuario. Esto favorece una atención más personalizada, centrada en las características concretas de cada persona y en el nivel de dificultad que puede realizar. A través de aplicaciones, juegos interactivos o programas de estimulación cognitiva, las personas mayores pueden trabajar funciones mentales como la memoria, la concentración, la orientación o las funciones ejecutivas, que son aquellas relacionadas con la planificación, la organización y la toma de decisiones (Pinazo-Hernandis, 2024).
Además, estas herramientas digitales suelen resultar más dinámicas y motivadoras, ya que fomentan una participación activa del usuario y ofrecen una interacción inmediata. Muchas aplicaciones proporcionan correcciones y feedback al instante, lo que ayuda a mantener la atención y reforzar el aprendizaje.
Asimismo, permiten registrar automáticamente los resultados y la evolución de cada persona, facilitando a los profesionales un seguimiento más preciso de los avances o dificultades observadas (Alcala Silva et al., s.f.).
En entornos especializados, como centros de memoria o de intervención neuropsicológica, la tecnología se utiliza como complemento del trabajo terapéutico realizado por los profesionales. En lugares como Cognitiva Unidad de Memoria, los ejercicios digitales forman parte de los programas de estimulación cognitiva y permiten adaptar continuamente las actividades según la evolución del paciente.
De esta manera, la tecnología no sustituye la labor del psicólogo o neuropsicólogo, sino que actúa como una herramienta de apoyo que contribuye a ofrecer una atención más individualizada, precisa y eficaz.
La incorporación de tecnologías digitales en los cuidados de larga duración representa una oportunidad clave para mejorar la atención a las personas mayores. Estas herramientas permiten avanzar hacia modelos más personalizados, accesibles y eficientes, favoreciendo la autonomía y el envejecimiento activo.
Referencias:
- Alcala Silva, J. M., Garcia Vazquez, F. N., Arredondo Mendoza, D. F., Gomez Ramirez, K. J., Juarez Perez, M., Guerrero Castañeda, R. F., & Silva Moreno, A. A. (2024). Uso de tecnologías digitales para el cuidado de la salud de los adultos mayores. Jóvenes en la Ciencia, 28. https://doi.org/10.15174/jc.2024.4469
- Masana, L. (2017). Cuidados informales de larga duración en España: retos, miradas y soluciones. Salud Colectiva, 13(2), 337–352. https://doi.org/10.18294/sc.2017.1237
- Pinazo-Hernandis, S. (2024). Las personas mayores, las tecnologías y los cuidados. Avances y retos. SCIO: Revista de Filosofía, 26, 73–100. https://doi.org/10.46583/scio_2024.26.1152